
Empezamos el martes bien temprano. Antes de nuestra ceremonia de Apertura
en el Teatro Opera, nos encontramos en el mismísimo escenario con dos actores
de cada uno de los elencos que participaban de esta edición. La puesta era
ambiciosa. Este año, ellos serían nuestros maestros de ceremonia, interviniendo
durante toda la apertura, presentando con escenas de ficción cada parte de la
ceremonia y realizando un montaje final con fragmentos de sus espectáculos.
Trabajamos duro y sirviéndonos de todo lo que este enorme teatro nos ofrecía:
luces, sonido, proscenio, escaleras,
pasillos y bambalinas. Una señora puesta
en escena con un grupo de actores adolescentes que se estaban conociendo en ese
momento, muchos recién llegados a Buenos Aires después de largos viajes desde
sus lugares de origen. Actores
totalmente predispuestos, dispuestos a dejar todo en la cancha y a trabajar con
el otro llenos de alegría. La fiesta del Teatro Adolescente estaba comenzando…
Una semana de funciones. Los 22 elencos de Caba, Adrogué, Banfield, Marcos
Paz, Pilar, Berazategui, Avellaneda, Pergamino, Jujuy, Córdoba, Puerto Madryn,
Cipoletti, Mendoza, Chile, Perú, Colombia y Venezuela hicieron sus funciones en
el Auditorio Losada, Teatro Sha, Teatro Andamio 90, Teatro Empire, Teatro La
Máscara y Teatro El Popular. Todas las funciones fueron a sala llena. Así, pudimos hacer que una obra dialogue con
la otra, escuchar, observar, aprender e intercambiar. Vimos versiones de
clásicos y distintas maneras de acercarse a un texto de autor; elegir,
involucrarse y llevar a la escena los universos o denuncias que los escritores
proponen. Vimos creaciones colectivas
basadas en experiencias de los propios adolescentes: la discriminación y
violencia en la escuela, el bombardeo de información y el desafío de ser uno
mismo. Además, los grupos de Perú y Colombia nos acercaron espectáculos más
relacionados con sus raíces y su folklore.
Toda la programación fue vista por un jurado que, agrupado en parejas
pedagógicas, tuvo la oportunidad de dialogar con los elencos sobre el trabajo
realizado. Este año nos acompañaron: Julia Calvo, Horacio Roca, Ricardo
Talento, María de los Angeles Sanz, Sergio Surraco y Rodrigo Noya.
El fin de semana llegaron las reflexiones sobre los espectáculos que
estábamos viendo. En los Paneles de Intercambio, los elencos pudieron contar
cómo había sido su proceso de creación. Así, los distintos grupos se hicieron
preguntas entre ellos, analizaron sus puestas en escena y el vínculo que cada
uno tiene con el teatro:
“El
teatro para mí es enseñar. Todo tipo de arte es bonito y expresarlo es
maravilloso. El teatro es una forma de vida. El teatro está en todos lados. Te
enseña a nutriste de todas las cosas. El teatro te permite experimentar
realidades que no conocés. En el teatro tenés que trabajar con el otro. Yo me
siento un pájaro libre. Te una algo que va más allá de lo que pueda expresar la
palabra. El teatro es un mundo aparte. Lo que me divierte del teatro es que no
entiendo absolutamente nada. Cuando empiezo a entender, dejo de entender. El
teatro t da una herramienta para ver las cosas de otra forma. Con el teatro me
doy cuenta que todavía tenemos imaginación. No es que dejás el paquetito de tus
problemas en la puerta de la clase y lo volvés a agarrar cuando salís. Lo
volvés a agarrar, pero transformado, lo ves de otra manera. La fuerza que tenés
como artista la ganás cuando valorás tus raíces. El teatro es un superpoder. El
teatro, más allá de una técnica, es denuncia. El teatro es un espacio de
resistencia. Es un hecho revolucionario. El teatro es un mundo mágico. Para mí
es una familia. Es una esponja. Una forma de vida. Arriba del escenario nos
sentimos como dioses, porque sentimos que no nos va a parar nadie. Para mí el
teatro, hoy, es Vamos que Venimos.”
Cuando llegó el sábado, los jóvenes estaban
conviviendo en esta marea teatral desde hace 4 días. Sin embargo, a primera
hora estuvieron todos ahí, en el patio del Iuna. Con sus cuerpos predispuestos,
tanto los adolescentes integrantes de los elencos como otros jóvenes de Buenos
Aires dieron vida a los talleres gratuitos coordinados por María García
Guerreiro, Marcelo Savignone, Silvina Sabater, Diego Starosta, Darío Levin,
Enrique Federman, Nicolás Dominici, Martín Salazar y Fabio “Mosquito”
Sancineto.
Intercaladas entre este remolino de teatro joven,
disfrutamos de las Conferencias abiertas a todo público. Leonor Manso mantuvo
un diálogo con los actores adolescentes de nuestro país y Latinoamérica donde
se compartieron experiencias, consejos e inquietudes. Cora Farirstein y su
grupo se encargaron de compartir con los más jóvenes las herramientas del Teatro del Oprimido, causando sorpresa,
descubrimiento y revelación en mucho de ellos. Finalmente, Martín Salazar y
Claudio Da Passano, risas de por medio,
navegaron por la profunda labor de mantener vivo un grupo; conversando
con los adolescentes sobre el camino y
el oficio del actor.
Todo terminó en fiesta, claro. En el galpón de
Venezuela del Iuna Dramáticas, el jurado se encargó de destacar aspectos de
cada uno de los espectáculos. El intercambio latía y cada uno que se acercaba a
recibir un diploma era acompañado por cánticos y aplausos. Estalló la alegría
con los tambores de Cafundó . Pero
una vez que los músicos dejaron de tocar, los propios adolescentes sacaron sus
instrumentos y bailaron al ritmo de la música colombiana. Cuando ya no hubo más
música, ellos seguían bailando, cantando y encontrándose. Tal vez al ritmo del
intercambio, tal vez al ritmo del teatro, tal vez al ritmo de la felicidad.

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