Los autores de Parpadeá si me
escuchás recurren a procedimientos de un género como la farsa para darle
proceder al relato de la vida y muerte de Mariano Ferreyra
sin caer en el alegato. Una vida dedicada a la militancia es contada con
ternura por el personaje de la madre, que entre el mundo de los vivos y los
muertos va construyendo fragmentadamente la subjetividad de su hijo, su amor
por la causa, su pasión por el teatro. Es por eso, que en el lugar donde se
encuentra, junto a Compinche y al resto que va llegando, vemos a un Mariano
preocupado por llevar adelante una puesta teatral, y por comunicarse con el
mundo de los vivos para dar cuenta de algunas cuestiones sin resolver. En el
medio, la realidad de la apropiación de la casa de quien siente su presencia y
la de Compinche, y revive en su cuerpo los enfrentamientos que llevaron a
Mariano a la muerte. En ese otro lugar, donde se encuentran los amigos, la
memoria de los nombres propios se pierde, porque en realidad lo que importa son
las acciones que hay que llevar adelante, así como pensaba en el mundo Ferreyra
, que lo importante era hacer lo que fuera necesario para llevar adelante las
reivindicaciones sociales, poniendo el cuerpo anónimamente. Un cuerpo que tomó
protagonismo para la prensa y para la mayoría de los argentinos cuando una bala
cortó para siempre su tiempo y su fuerza.
La idea de la interrelación entre un mundo y otro es una propuesta interesante,
pero que en la puesta queda a veces confusa por el exceso de metáfora, en la
búsqueda de vestir a la obra de teatralidad para alejarla de la declamación
discursiva. Un vestuario que marca el carácter farsesco de la misma, y que
desconcierta por momentos al espectador, alejándolo de la idea que se quiere
expresar, y un registro heterogéneo en las actuaciones, con el agregado de
personajes donde no queda clara su función dramática son puntos que deberían
ser considerados para el mejor resultado de una buena idea. La figura de
Mariano Ferreyra ha tomado protagonismo como referente de una lucha que la
izquierda y el Partido Obrero llevan adelante en oposición a la burocracia
sindical, junto a otras víctimas como José Luis Cabezas o Julio López, es una herida que la memoria mantiene abierta
para que no se repitan los mismos errores de ayer. La frase que da nombre a la
pieza forma parte de ese registro necesario que la historia, que se teje con
los acontecimientos de todos los días, debe hacer para mantener activa la memoria
colectiva. Porque la Historia
se nutre de hitos trágicos, como la muerte de Mariano, pero son los pequeños
gestos los que perduran en el recuerdo de los testigos y de aquellos que serán
los portadores de un mensaje que no se ocluye con la muerte del mensajero.
Parpadeá si me
escuchás de Luciana Morcillo e Iván Moschner. Elenco: Ariel Aguirre,
Dominica Medina, Pablo Blanco, Patricia Vitis, Carlos Balena Palacio, Irene
Echenagucía, Jon Lucas. Sergio Escalas / Fernando Conte, Claudia Puzzer,
Florencia Zothner Ciatti. Santiago Firpo. Iluminación: Félix Padrón.
Escenografía: Félix Padrón y Aimé Pansera. Vestuario: Ana Franca Ostróvsky.
Fotografía: Moira Antonello. Gráfica: Patricia Millán. Dirección: Iván
Moschner. Teatro: Paraje Artesón Morena Cantero Jrs. (Teatro Independiente)


Mariano Ferreyra (3 de
junio de 1987- 20 de octubre de 2010) fue un dirigente de la Federación Universitaria
de Buenos Aires (FUBA) y militante del Partido Obrero desde los 13 años. En una
manifestación de trabajadores tercerizados donde se exigía el pase a la planta
permanente en la Línea Roca,
Mariano Ferreyra recibió un disparo en el pecho producto de la represión de un
grupo de afiliados a la
Unión Ferroviaria , miembros de la burocracia sindical, y
garantizada en su ejecución y retirada por la policía, en un notorio ejemplo de
la represión tercerizada, utilizada por los gobiernos para "hacerla más
eficaz y con menos costo político que cuando directamente manda sus policías y
gendarmes".
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