Una historia de amor, íntima, distinta, pero con todos los condimentos
que le son propios: los celos, la pasión, la ternura, la memoria de los cuerpos
a pesar del tiempo, la distancia y los enojos. Sin embargo, la escritura
dramática que plantea la situación, -sobre todo a través de monólogos al mejor
estilo del stand – up, con humor y una cuota de melodrama y con diálogos que
son enfrentamientos no sólo con el otro sino con el límite con uno mismo-,
crece en las actuaciones que son de excelencia en el decir y hacer de los
textos; y expanden el relato hacia la platea, involucrándonos en nuestros
propios recuerdos, los de nuestras particulares historias de amor. La composición
de los personajes es de una calidad indiscutible, Martina (Laura López Moyano)
y Andrea (Umbra Colombo) se lucen en sus criaturas, que desde el afuera
diferenciado en el vestuario hasta la manera particular de cada una de ver la
vida, se van constituyendo en esa pareja que se necesita precisamente allí
donde la mirada les devuelve un color otro. El espacio, hacia fuera por la
puerta y la escalera que son el camino a un exterior de soledad, y hacia dentro
del espacio escénico que divido también en un afuera y un adentro, establece
los lugares de la casa de Martina y de la Plaza Francia, -presente
a través de un recuadro de pasto artificial y un banco de plaza señorial- son
la bifurcación de un camino que puede ser uno compartido, o dos en un recorrido
de búsqueda que las llevará en escalas al principio. El arte dentro de los
temas que la pieza va desarrollando también tiene su entremés: en la narración
del hastío que le produce a la actriz ser consecuente con un género, la
telenovela, que no consigue despegar de sí mismo, y que sigue ofreciendo la
misma imagen de mujer en su relación con el amor; y en el silencio que la
teoría a veces produce en el arte, cuando la poeta ya no puede escribir, porque
da clases en la UBA,
y sólo puede expresarse a través de las palabras de los otros, donde vuelca
toda la pasión que la literatura le produce. Ambas se sienten estériles para la
creatividad, porque para ser esencialmente lo que son, se necesitan. Juntas son
dinamita en esa plaza, donde los versos de una y el histrionismo de la otra,
producían la vehemencia de los admiradores, y lograba que el mundo adquiriera
un profundo sentido. El tiempo de la historia es, a modo de un flashback,
un recorrido que construyen ambas jóvenes a partir del momento en que se conocieron
siendo adolescentes. Si bien el discurso verbal nos ancla en coordenadas
espaciales precisas – Filo, Platense, Recoleta,… – el tiempo parece diluirse en
una historia de amor, de idas y vueltas, entre dos personas más aunque desde el
título, como aglutinador sémico, ya está planteado el tema del lesbianismo. El ritmo
pausado del relato de cada personaje permite construir el estatuto del otro y,
a su vez, llegar a la escena del reencuentro si que ningún espectador
desprevenido pueda sentir algún tipo de sobresalto. La función dramatúrgica del
dispositivo lumínico es precisa, pues crea el clima necesario para cada
situación dramática - recortando o ampliando o en penumbras – y focaliza nuestra
mirada en el espacio lúdico otorgándole una plasticidad casi onírica. Pues al
aislar el ámbito íntimo, casi confesional, en el amplio espacio de la Sala nos permite percibir el
cambio espacio-temporal y, también, las contradicciones y las emociones de la
poeta y de la actriz. Patricio Abadi es un dramaturgo joven que no le tiene
miedo a las palabras ni a su forma de tratamiento, es director de la compañía,
Matambre, y con ella lleva ya cuatro temporadas de Ya no pienso en Matambre ni le temo al Vacío1.
Premiado en numerosas ocasiones, es también director de sus puestas donde
se luce también en la armonización de cada uno de los elementos y en el trabajo
con los actores / actrices. Una dramaturgia y una dirección que saben conducir
desde el lenguaje, el verbal y el que el cuerpo dibuja en escena, a dos
talentosas actrices a una perfomance brillante.
La poeta y su
novia actriz de Patricio Abadi. Elenco: Umbra Colombo
y Laura López Moyano. Colaboración artística:
Alfredo Stuart. Colaboración dramatúrgica: María Laura Mourenza. Diseño de
luces: Ricardo Sica. Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Asesoramiento en
vestuario: Mercedes Arturo. Asistentes de dirección: Natalia Farano- Laura
Litvinoff. Dirección: Patricio Abadi. Prensa: Duche &Zárate. Fotografía y
diseño gráfico: Pablo Scavino. Espacio Onírico / Espacio de Arte.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario