
La compañía, como
nos tiene acostumbrados, ofreció un espectáculo enmarcado en una fecha
histórica significativa para el desarrollo de nuestra cultura. Esta vez, la
conmemoración de la muerte del arquitecto creador del Obelisco, monumento
emblemático, así afirmaba su autor que debería llamarse, si los hay para
nuestra idiosincrasia nacional, y que fue inaugurado en 1936 tras una larga
polémica, en plena década infame y bajo el gobierno de Justo1. Tras un relato en pantalla, donde un
reloj que marca años, va señalando los acontecimientos que lo involucraron a lo
largo de la vida nacional, y que también aparece en la muestra que puede
apreciarse en Proa en el primer y cuarto piso sobre el mismo objeto, el
obelisco; tres personajes que incluyen al mismo director, nos inicia en el
relato. La actriz con un vestido de rosas blancas y celestes, que es la voz que
narra, va con registro de locutora, aquello que la compañía, construye: una
historia que une los acontecimientos populares que rodearon al monumento,
contrapuesta a la de otro monumento tan emblemático como aquél y de anterior
factura como la Pirámide
de Mayo, enlazando la figura de ambos con la cultura egipcia y sus obeliscos
custodios de las tumbas de los faraones, y finalmente como símbolo masón, y el
peso que la masonería tuvo y tiene entre nuestro acerbo político, desde
Cornelio Saavedra en adelante. Pero la nominación de la puesta es Era de
Piedra, y su significación nos lleva por caminos diferentes. Piedra pues de
monumentos hablamos, construidos con ese noble material que ofrece la naturaleza
y que el hombre convierte en cultura; piedra como era que retorna destruyendo
todo lo conquistado hasta entonces y que viene desde el fondo de la historia
para conquistar un nuevo tiempo, en un nuevo espacio vacío de viejos
contenidos. En el medio de la clase magistral sobre el obelisco truena el furor
de los monumentos. Otra vez más la
Compañía de Funciones Patrióticas logra sorprendernos y, en
especial, esta obra / evento artístico / performance se hace difícil de asir e
imposible de catalogar. Si en el discurso verbal se entrecruzan los datos de
nuestra historia oficial con elementos teatrales y, hasta cierto punto, de
ciencia ficción como espectadores quedamos atrapados entre la enorme pantalla y
la cabina o estudio de edición. Sin darnos cuenta nuestra focalización es
dirigida unívocamente – imágenes de archivo, imágenes de una información en
constante proceso de digitalización, comics animados,… Por momentos, la gran
pantalla queda divida en dos, a un costado podemos ver a los personajes en la
tarea de editar un video sobre el Obelisco - Realizador 1, Realizador 2 y
Locutora. Tal vez, esta última propuesta de Seijo no solo tenga que ver con el revisionismo
histórico pues como él mismo afirma: “los monumentos también hablan del poder y
sus modos adecuados o inadecuados de ejercerlo”[2]
sino que da un paso más. Por un lado, darle vida a los monumentos para
descubrir la ideología y el clima de época y, por otro, también cuestionar el
lugar del espectador. Ya que nos dejamos llevar por las imágenes que siempre
implican, necesariamente, un punto de vista mientras los personajes estaban a
nuestras espaldas. ¿Cuál es el espacio real de la representación? Mucho para
pensar y mucho para disfrutar, desde el humor irónico hasta la música en vivo,
los pequeños obeliscos en ricas masitas y en el tradicional souvenir que cada
uno de nosotros se llevará para continuar con la colección. A partir de ahora
tendremos el Obelisco en el espacio público y otro en nuestro espacio privado.
Era
de Piedra de Martín Seijo. Con:
Julieta Gibelli, Martín Seijo, Sergio Zanardi. Merienda: Vil Manjar. Vestuario: Nora Iniesta. Música: Minoría Activa. Músico en
vivo: Martín Leiva. Fotografía:
Jorge Marino. Ilustraciones: Hernán
Ozorio. Luces:
Fernanda Balcells. Prensa:
Claudia Mac Auliffe. Dirección de
video, realización y diseño gráfico: Paolo Baseggio. Dramaturgia y dirección: Martín
Seijo. Fundación Proa.








1 En el solar donde hoy se encuentra el Obelisco estaba emplazada
anteriormente la iglesia dedicada a San Nicolás de Bari, que se decidió demoler
para la construcción de la
Avenida 9 de julio. En la torre de esa iglesia, fue izada
oficialmente por primera vez en Buenos Aires, en 1812, la bandera argentina.
Dicha circunstancia se recuerda en una de las inscripciones del lado norte del
Obelisco. Se decía que el bloque radical de las cámaras presentaría un proyecto
para que en ese lugar se erigiera el monumento a Hipólito Yrigoyen. Pero, en
1936, el intendente Mariano de Vedia y Mitre, nombrado en la presidencia de
Agustín Pedro Justo, de manera apresurada y en contra de las opiniones, encarga
al arquitecto Alberto Prebisch la construcción de un obelisco, la cual, sin
mucha planificación, se realizó en sesenta días; antes que los porteños
reaccionaran, éste ya estaba construido, la obra comenzó el 20 de marzo de 1936
y fue inaugurada el 23 de mayo de ese año. Alberto Prebisch es uno de los
principales arquitectos del modernismo argentino y autor también del vecino
Teatro Gran Rex. Con respecto al motivo de la forma del monumento Prebisch
dijo: “Se adoptó esta simple y honesta forma geométrica porque es la forma de
los obeliscos tradicionales... Se le llamó Obelisco porque había que llamarlo
de alguna manera. Yo reivindico para mi el derecho de llamarle de un modo más
general y genérico «Monumento».” (…)Inmediatamente después de su construcción,
el obelisco se tornó en centro de las burlas y protestas de los porteños. Tres
años después de su inauguración, en junio de 1939, el Concejo Deliberante
sancionó la demolición del Obelisco por Ordenanza Nº 10.251, por 23 votos
contra tres, aduciendo razones económicas, estéticas y de seguridad pública.
Pero la ordenanza fue vetada por el intendente Goyeneche, ya bajo el gobierno
de Ortiz (1938/1942) y no prosperaron otras tentativas por derribarlo.
(Wikipedia)
[2]Sobre “Era de piedra” escribe Martín Seijo, director de la Compañía: “Ricardo Rojas escribió que en las estatuas habita una pedagogía que enseña a
los ciudadanos sobre civismo, estética e historia. Pero el gran ensayista se
quedó corto. Porque los monumentos también hablan del poder y sus modos
adecuados o inadecuados de ejercerlo. Y así como un premio cuenta más del
premiador que del premiado, un homenaje, hecho de piedra, bronce u oro, y
emplazado en la medianía de una plaza, devela un clima de época, un sentir
patrio, una ideología no siempre explícita.” http://proa.org/esp/events/tag/era-de-piedra/








No hay comentarios.:
Publicar un comentario