Y yo me
iré, / Se quedaran los pájaros/cantando.
Y yo me
iré, /Me iré y me quedaré.
Me
quedaré en los pájaros, / cantando.
(Exorcismos, I. Bordelois)
(Exorcismos, I. Bordelois)

Asómate a esta
fúlgida ventana
Por tu dicha
adornada. Ya el dolor
Se marchitó como
una larga flor
Cuya sabiduría al
fin te sana
Al disolverse
porque se convierte
En polvo, en
ilusión, en otra
Suerte.
Rezan los versos de Silvina Ocampo. Luz y
sombra, en las voces de la actriz y en la de las palabras de la poetizas que
esta recorre con sensibilidad: Pizarnik, Storni, Di Giorgio, Thenón, Bordelois,
Becciú, Gastaldi, Ibarbourou. Oración
profunda, profunda letanía que llega hasta el alma del espectador que se
mantiene expectante como ante un encantamiento. Esa fusión acabada de los distintos
soportes -música, poesía y teatro- permite que el relato se vaya construyendo
de manera onírica y fluida. El encadenamiento poético de los diferentes estilos
no tiene sobresaltos – da cuenta del conocimiento de las poetisas- y permite
disfrutar de los distintos climas, de vivencias muy intimas y, sobre todo, muy
femeninas. Otro acierto de la puesta en escena es la elección del vestuario,
las opciones tanto en la textura y como en el color de cada deshabillé
plantea también ese mundo femenino donde el límite entre lo infantil y la
seducción nunca esta claro, un juego permanente quizá más inconsciente de lo
que normalmente se cree. Límite poroso que se subraya además desde el
dispositivo escénico. Todo confluye para cerrar el círculo perfecto, círculo vital
e inacabado, mientras la actriz con profesionalismo va sugiriendo – con su voz,
sus tonos y su gestualidad- en cada desplazamiento una de las tantas aristas de
las féminas. Poesía para construir un devenir particular, poesía para sonreír y
quizás para lagrimear, poesía escrita que nos llevaremos al terminar la obra a
modo de un souvenir como un programa de mano, poesía para recordar.
Dirán que fue la noche. Elenco: actriz /
cantante: Malala González. Piano: Gustavo Twardy. Música original: Gustavo
Twardy. Escenografía: Alejandro Alonso. Iluminación: Alejandro Alonso y Alfredo
Martín. Operadora de luces: Silvana Fernández. Vestuario: Ana Revello.
Asesoramiento artístico: Marcelo Bucossi. Puesta en escena y dirección: Alfredo
Martín.
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