jueves, julio 25, 2013

Viaje al fin de la guerra de Gabriel Fernández Chapo



 
En mi obra pretendo develar a los nuevos marginados de la actualidad, narrar el dolor humano ante la imposibilidad de cumplir sueños y expectativas, a partir de la trascripción de las crisis sociales, políticas y económicas en las vidas de los ciudadanos de nuestros barrios. Pretendo que mi escritura esté construyendo un discurso poético sobre nuestra realidad, sobre los cambios culturales y sociales que se suscitan en nuestros barrios, en nuestras ciudades. De una manera más o menos explícita pretendo que el teatro sea un ajuste de cuentas con el presente.
(G. Fernández Chopa)

La obra de Chapo en esta oportunidad trabaja sobre una ciencia ficción histórica, en un futuro anacrónico (crisis de 2001) la Argentina habría sido dividida con las viejas banderas de unitarios y federales; porteños y bonaerenses en este caso se disputarían el poder y el territorio, pero sobre todo una identidad delimitada por una geografía caprichosa. Dos personajes, Lexo y Feuchito, son reclutados de la noche a la mañana  y llevados a una trinchera que resiste los embates porteños, campo minado mediante. Las órdenes y contraórdenes, vuelven absurda una situación ya absurda, sobre todo para uno de los personajes. El escenario de una guerra fraticida, que apela a la emoción para obnubilar los otros sentidos, y convertir a los ciudadanos en simples máquinas de matar, sin dudas éticas posibles; a pesar que tanto uno como otro son integrantes de la Universidad, es decir, la supuesta catedral del pensamiento racional. La puesta construye un espacio claustrofóbico para el espectador, donde los sentidos son atravesados, no sólo desde la mirada, sino desde el sonido, el de la palabra, la voz humana, y la de los cañones y ametralladoras, y desde el olfato, el humo da cuenta de una relación íntima desde la platea con los acontecimientos. La caída de los pétalos de rosa, son otro momento donde las líneas de demarcación se anulan por completo. La trinchera nos invade, se expande hacia un afuera que es el adentro de la sala, y nos trae la extraescena a través de la voz en off del coronel, y de las explosiones. Ambos personajes pertenecen al conurbano bonaerense1, sur u oeste, da lo mismo en principio, hasta que la línea invisible de nuestra historia de divisiones y dobleces, los envuelvan en una nueva espiral de horror. ¿Quién da las órdenes en medio del caos? ¿Quién está interesado en que el caos sea la constante sistemática de nuestras vidas? ¿A qué orden obedecer, cuándo ese orden es sólo un instante de fragilidad? Con diálogos sencillos, pero cargados de una semántica que implica nuestra forma de pensar el deber y el hacer, los personajes en el cuerpo de los actores, Juan Mako y  Giovanni Bellezzi, nos ponen dentro de sus propios límites y nos hacen testigos de una posibilidad que por ahora nos parece lejana. Llevar al límite a las situaciones aleja al espectador que se siente fuera de una narración que juega con el futuro próximo, pero que  también intenta darnos un alerta sobre las divisiones que nos cruzan desde nuestra pasado histórico común. El marco que el autor trabaja es el 2001, y el delirio de militares que formaron parte de la dictadura cívico / militar, y que en el medio de la crisis logran reavivar antiguos odios. Pero ese relato fantástico logra hacernos pensar en nuestro pasado y en la manera que desde el comienzo de nosotros como entidad estatal configurada, estuvimos siempre atravesados por una dualidad donde la vida social tuvo hijos y entenados, y por supuesto carne de cañón. El absurdo de la guerra es un problema existencial y humano, el absurdo de encontrar siempre un motivo para no ser todos iguales es un problema que heredamos y que no parece tener solución. El límite es la guerra, pero hasta allí el camino está sembrado de buenas intenciones.







Viaje al fin de la guerra de Gabriel Fernández Chapo. Elenco: Giovanni Bellizzi, Juan Mako. Voz en off: Nacho Rossetti. Diseño de iluminación: Claudio del Bianco. Escenografía y vestuario: Emilia Pérez Quinteros. Diseño gráfico: Juan Mako. Fotografía: Emiliano Politano. Asistente Martín Berra. Dirección: Gabriel Fernández Chapo. Espacio Polonia.






https://www.facebook.com/events/1403765926503037/?ref=22








1 Uno está impregnado del universo que lo rodea o que transitó. De alguna manera, todos tenemos un paisaje urbano o rural que es la escenografía de nuestra vida. Al menos en esta etapa, mi obra está orientada a dar cuenta de estos lugares propios del conurbano que me son cercanos, de los cuales necesito apropiarme y volver literatura dramática. El conurbano fue y es un espacio tan determinante en mi vida que se hace lugar en mi espacio poético de escritura para ser expuesto. Y ese espacio condiciona una poética de contrastes: lo poético y lo coloquial se disputan su derecho de estar. En ese camino me hundo en lo oscuro, en el dolor, en la tristeza local, pero desde una mirada poetizada que me acompaña no como recurso creativo, sino como necesidad para vivir –si no me agobio– y llevar adelante mis búsquedas. (blog Teatro, entrevista extraída de Página 12, 20/6/2012)






1 comentario:

  1. Gracias, María de los Angeles, por el aporte de tu mirada. Saludos. Chapo

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