jueves, octubre 17, 2013

El desprecio de Galo Ontivero



En  El desprecio se reúnen nuevamente algunos de los integrantes que le dieron cuerpo a Persona: Marcelo Saltal, Paulo San Martín, y el director Galo Ontivero. Como en aquella oportunidad, la puesta hoy llevada adelante en el Tadrón, establece una mirada aguda sobre las relaciones humanas, sobre el amor, la soledad, la muerte. Sin embargo, otros elementos se suman a aquellos: el arte, el teatro y sus límites para lograr la felicidad de sus gestores y para que el espectador se realice un interrogante por el borde labil entre la verdad y la ficción. Los personajes son actores de un proceso que es la concreción de un hecho teatral, desde todos los ángulos que se necesitan para lograrlo: los actores, el dramaturgo, el director y su asistente. Pero además, mantienen entre ellos relaciones íntimas que los involucran en una segunda historia que subyace a la textualidad que intentan construir. ¿Cuál de los dos relatos es el principal? ¿El qué intentan producir para sobrevivir como compañía, y que les permite continuar con su trabajo; o el relato que introduce diferentes variables: el amor y la felicidad; el amor y el hastío; la fidelidad y la traición? Con algunas actuaciones que no siempre logran encontrarle la voz a sus personajes, se destacan las perfomances de Paulo San Martín, Sofía Dunayevich Daly y Marcelo Vilaro, con intervenciones que logran participar al espectador la interioridad de sus emociones. La pareja que conforman el dramaturgo y el actor, que vive una crisis en paralelo a la que sufren el director y la actriz, mantiene un diálogo entre cínico y amoroso, muy bien logrado. El dramaturgo firme en la defensa de su condición, severo en el respeto de la palabra escrita, inmoviliza la labor de un director que abatido por su propio conflicto interno no acierta con el mejor método para llevar adelante el proyecto en común. Marcelo Saltal, y Ana Clara Schauffele, en su doble condición de actriz / director y pareja que lleva diez años de matrimonio, por momentos no consiguen que sus criaturas transmitan la intimidad que transitan desde el discurso; mientras que si logran expresarse cuando no se enfrentan en el diálogo. Así sucede con el momento en que Saltal toma el lugar de la actriz, y consigue transfigurarse en una otra que narra la muerte y nos comunica la del guión y la propia, la que sufre el director devenido actor, cuando asume que el amor que sentía, ya no existe. El ritmo en crescendo que pudiera surgir del texto dramático por el agotamiento de las relaciones personales pareciera no corporalizarse en el espacio lúdico, tal vez porque falta algo más que cuerpos en tensión y voces airadas para crear la atmósfera claustrofóbica que, por momentos, sólo queda en el nivel del discurso verbal. En el reducido espacio escénico numerosos elementos que tienen que ver con la actividad teatral – del vestuario, de la escenografía, del maquillaje,…- están dispersos por doquier creando un clima de tensión e inestabilidad, propio de una sala de ensayo. Mientras, el vino va encadenando el relato entre estos constructores del artificio teatral, como si fuera el vino el único medio para evadir la cotidiana realidad, que concluye consumiendo a cualquier instancia de la creación artística. Crisis, Ontivero pone en el presente de la acción una crisis que se confunde entre lo teatral y lo vivencial, y en una década de múltiples interpretaciones y búsquedas de sentido, como la década del ´80.



El desprecio de Galo Ontivero. Elenco: Marcelo Saltal, Ana Clara Schauffele, Paulo San Martín, Marcelo Vilaro, Sofía Dunayevich Daly. Diseño de Iluminación: Claudio del Bianco. Asistencia de Iluminación: Verónica Lanza. Vestuario y Escenografía: Pía Drugeri. Fotos y Diseño Gráfico: Sol Blanco. Producción: Grupo Faro. Asistencia Técnica de Dirección: Esteban Neira. Asistencia Artística de Dirección: María Florencia Horak. Dirección: Galo Ontivero. Tadrón Teatro.






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1 comentario:

  1. Gracias Azucena y María de los Ángeles por el lúcido comentario. Un abrazo enorme.

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