“Pensando el hombre como mero mecanismo en la
producción, ajustándonos
a los
principios de una sana economía, cuando el rendimiento cae por debajo
de los gastos de mantenimiento, se comienza a ser una
carga inasumible, ya
no vale la pena la “reparación” y es estrictamente
lógico suprimirlo”

Su trayectoria tiene como constantes teatrales el
compromiso existencial y el partir de sus raíces tradicionales para revelar una
simbología universal como recursos dramáticos, la búsqueda de una poética
trascendente sin perder la cotidianidad, el uso simbólico de los objetos, la
expresividad visual, la encarnación de textos en situaciones puramente
teatrales y la plasmación de personajes vivos, y como método de trabajo, un
riguroso proceso de creación en comunidad.
Esta indiscutible trayectoria
de más de 30 años con la incorporación de Calonge como el dramaturgo de la Compañía, desde hace
tiempo, permite a nuestro público disfrutar ese humor para nada inocente y
repensar las situaciones trágicas que tienen que ver con una maquinaria siniestra.
Los cuatro actores construyen a sus personajes desde una corporalidad, más allá
de las máscaras, que se fragmenta o se fusiona entre lo humano y lo animal. En
el dispositivo escénico los mínimos elementos - estanterías metálicas y pilas
de viejos biblioratos por doquier - son desplazados constantemente por los
personajes, líneas rectas para los distintos espacios lúgubres que la situación
dramática requiere: el hospital / la morgue, la oficina / el depósito. Un gran
espacio sombrío y claustrofóbico como el de una cárcel donde todos están
encerrados. Ningún objeto parece ser nuevo como tampoco es nueva la idea de que
si hay menos cerdos habrá menos trabajo y, por lo tanto, más despidos. Es
interesante el trabajo corporal y gestual del actor que personifica a la muerte
– un ejemplar macho, 50 kilos, castrado,…, como también la utilización de las
lámparas por parte de los personajes para lograr una iluminación extra que
recortar cada rostro otorgándole una imagen cadavérica y focalizando la
atención del espectado como si presenciara un interrogatorio. Tanto el dispositivo
lumínico como la música aportan un sentido plural a esta nueva propuesta de La Zaranda, mientras cada
espectador realiza su particular lectura de una problemática que nos abarca y
nos excede a todos sin color local. Como en el barroco, el núcleo duro de la
historia está formado por dos centros: animalización / humanización, hombre /
cerdo, simulación medioambiental / industria “porcina” en quiebra. Da lo mismo
cuando la muerte / el poder de turno son los únicos que se benefician con una “epidemia”
provocada más por los intereses mezquinos que por los factores naturales e
inevitables. El hecho teatral nos ha hecho participe de recorrido laberíntico en
esta necropsia a nuestra sociedad y la Sala María Guerrero del Teatro Cervantes es el
marco perfecto para la reflexión metatetral y metafísica.

El régimen del pienso de Eusebio Calonge
por el grupo La Zaranda
/ Teatro Inestable de Andalucía La Baja.
Elenco: Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez, Luis Enrique
Bustos, Javier Semprún. Música: Amadeo Vives, Pablo Luna, J. N. Hummel. Imagen
cartel: Andrew Polushkin. Dirección: Paco de La Zaranda. Producción
ejecutiva en Buenos Aires: Alberto López y Romina Chepe. Producción ejecutivo
TNC. David Hoyo. Diseño gráfico TNC: Verónica Duh, Ana Dulce Collados.
Producción General en Buenos Aires: Sebastián Blutrach. Teatro Nacional Cervantes.
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