viernes, febrero 03, 2012

Simplemente un hombre de teatro: Juan Carlos Gené


Yo soy yo,  porque recuerdo. Sin memoria, mi yo se disolvería en el caos.
Y un país también será tal en la medida de su memoria.
Y por supuesto, también en la medida en que, de ese ayer,
pueda desentrañar el hoy y orientarse hacia el mañana.

( Gené, 1993, Acerca de la manía de recordar)

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Juan Carlos Gené,  fue actor de teatro, de cine y televisión, dramaturgo, director, maestro de actores, director del San Martín, de Canal 7, del Celcit, declarado Ciudadano Ilustre por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2002; todos predicados de una figura que le dedicó la vida a una pasión, el teatro, y que en ese recorrido fue dejándonos toda la experiencia recorrida en libros, artículos, conferencias, textos y puestas dramáticas, con gran  generosidad. Integrante del clan Stivel, autor de los libros de uno de los programas más recordados de la época Cosa Juzgada1, allá por fines de los sesenta, junto a Martha Mercader, actor de la reconocida Tute cabrero (1968), la película que luego Roberto Cossa convertiría en obra teatral, siempre en actividad creando y recreando una realidad no siempre sencilla de narrar. Autor de piezas inolvidables como Golpes a mi puerta (1985), su trabajo sobre Bodas de sangre (2010) de Federico García Lorca, o su última dirección de Hamlet (2011). Desde El herrero y el diablo (1955), Se acabó la diversión (1967/68), El Inglés (1974), su vida de dramaturgo junto a la de actor y director se desarrollaba en la convulsionada Argentina de golpes de Estado y gobiernos democráticos que se sucedían unos a otros. Un país que amo y con el que se comprometió profundamente y al que le dedicó todo su talento, pero que tuvo que abandonar. Como él mismo afirmaba: “Mi vida está seccionada en tres períodos: antes, durante y después del exilio”. Venezuela es el país que le abrió los brazos, luego de su partida en 1976 y le permitió continuar con su labor, desde la docencia y la creación teatral. El Grupo actoral 80 que fundó en Caracas en 1983, y sus tres piezas teatrales la ya mencionada Golpes a mi puerta, Memorial de un cordero asesinado y Ritorno a Corallina dan cuenta de su experiencia latinoamericana, que va desde 1977/1993;  textos que hablan de situaciones y personajes con los cuales todos podemos identificarnos, lamentablemente, ya que nos une como países un mismo dolor. A su regreso definitivo al país, escribe Memorias bajo la mesa (1993/94) que dedicara al actor y amigo, Pepe Soriano; es el retorno a una problemática singularizada, argentina, envuelta en una tradición teatral que nos pertenece, junto al drama de todo latinoamericano, la desaparición y la muerte, la desmemoria, o la memoria selectiva para poder seguir viviendo, y el miedo, ese miedo que atenaza a los personajes, la amenaza siempre latente que no se sabe cómo y cuando puede aparecer; al igual que en Ulf (1986/88). Se hará cargo de la Presidencia de la Asociación Argentina de Actores. Los noventa también lo encuentran como director del Teatro General San Martín, (1994) y dirigiendo a Verónica Oddó, su mujer, en Un guapo del 900 (1997) de Samuel Eichelbaum, como antes a los integrantes del grupo El Clú del Claún, en El rey Arturo. El Celcit fue durante estos últimos años el centro donde llevaba adelante su tarea docente, y el espacio donde algunos de sus textos encontraban carnadura. El sueño y la vigilia (1992 /2000); tal vez la pieza más autorreferencial, y Todo  verde y un árbol lila (2007) dramaturgia basada en las cartas de una niña judía, son hitos importantes de esta última etapa, junto a su actuación en Copenhague (2003/2005) de Michael Frayn en el San Martín. Fue un maestro para todos: para los actores que tuvieron la suerte de formarse bajo su mirada atenta, para los que nos dedicamos al teatro desde el lugar de la mirada distanciada, para las nuevas generaciones que lo recordarán en sus obras que fueron su razón y su vida.  Un fuerte aplauso una vez más para un artista que lo mereció siempre.



 1 Cosa juzgada nació en 1969 en Canal 11 y sigue siendo un ejemplo de TV comprometida. Junto a Norma Aleandro, Federico Luppi, Marilina Ross, Emilio Alfaro, Carlos Carella y Bárbara Mujica, su director creó un grupo de trabajo conocido por esa época como el Clan Stivel. Escrito por Juan Carlos Gené y Martha Mercader, Cosa juzgada proponía una mirada cruda sobre la sociedad. En el verano del 72, Stivel hizo una versión teatral y poco después Canal 11 levantó el programa. Habíamos llegado a un punto en que nos expresábamos muy libremente y eso puede haber influido, sospechó David Stivel entonces. (Clarín.com, 2000/3/29, Inolvidable)


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