martes, abril 23, 2013

¡Llegó la música! de Alberto Ajaka


¿Cuál es el concepto de cultura que encierra nuestra historia particular de país? ¿Cuál es el concepto que se maneja en la Ciudad de Buenos Aires, tantas veces confundida con la identidad y la idiosincrasia de toda la nación? ¿Cómo se tejen los conflictos entre la relación del arte con el Estado, en estos últimos años, dónde todo parece más heterogéneo, menos claro, atravesado por intereses, deseos y sueños incumplidos, heroicidades y bajezas? ¿Qué son los artistas, y que hace la diferencia entre un arte de élite y un arte popular? ¿Quién le pone el cascabel al gato ante tanta interrogación y duda? Una mirada sobre todas ellas es la que ofrece Alberto Ajaka en ¡Llegó la música!, y decimos mirada y no respuesta porque la puesta se ofrece como un fresco de situaciones harto conocidas, sobre situaciones y personajes sin nombrar, con una gran dosis de humor e ironía, pero dejándole al espectador la sana tarea de sacar sus propias conclusiones. Una puesta que utiliza el espacio de la escena y la extraescena con precisión, extrayendo de los dos el máximo de sus posibilidades, permitiendo a los actores desplegar la composición de sus personajes sin obstáculos, con la posibilidad de permitir al espectador el juego de lo supuesto, dejando los huecos necesarios que horaden el texto, que si bien sigue un orden cronológico, con algunas elipsis de tiempo, respira situaciones inacabadas que facilitan el juego teatral. Once actores, once personajes que nos ofrecen un momento de sus vidas, donde el sueño común de llegar a Europa a tocar con la orquesta y salir del anonimato de tocar en el teatro del país /provincia del mundo, es la zanahoria del burro que los mantiene unidos hasta el final. Entre ellos, el famoso, el que ya logró lo que ansían, y al que miran con necesidad y recelo, una trémula historia de amor, un director que está de vuelta de todo, una traición y un representante de la ley que nos muestra sus aristas más oscuras pero para nadie desconocidas. Como en el grotesco criollo, nos reímos de unas desgracias que se nos parecen pero de las que creemos estar a salvo, y  que luego nos hacen reflexionar sobre nuestra propia manera de ver las cosas, y sobre nuestro propio patetismo. Nuestro indestructible complejo de inferioridad, por estar en el culo del mundo y necesitar mirarnos el ombligo desde los ojos de los demás. Pero ser capaces de ver nuestras miserias más humanas, es un camino que nos puede acercar a la solución. Sin embargo, los procedimientos son otros: los personajes tipificados, la música en escena, la coreografía y el coro, el ingrediente político, nos enfrenta con un autor resemantizado pero que nunca deja de tener vigencia a la hora de la denuncia, Bertold Brecht. Divida en dos actos algo largos, Ajaka nos pone en acto una discusión entre arte popular y arte culto, que divide las aguas desde siempre, y que nos encuentra “en el mismo barro, todos manoseaos”. A pesar de lo reducido del espacio escénico, ¡Llegó la música! logra poner en escena con intensidad y acumulación de imágenes visuales y auditiva al hecho teatral en un todo coherente y sin fisuras. Con profesionalismo el grupo de actores va tejiendo el tramado social y artístico; estos dos niveles se superponen constantemente atrapando al espectador y provocando su risa espontánea, por esta superposición tanto del discurso verbal como el gestual el público no se siente abrumado. Por el contrario, a partir del humor incesante tenemos el tiempo necesario para empezar reflexionar sobre las múltiples aristas que proponen. Es importante, también, destacar como dispositivo lumínico y escénico crean la atmósfera necesaria en distintos momentos, especialmente, cuando los jóvenes músicos ensayan – sin instrumentos - y en cada uno de ellos vibra la música a través de su gestualidad, de su respiración, poniendo mente y cuerpo en el compromiso del acto creador (bien podría ser otro el soporte material para escena). Multiplicidad e inestabilidad de un discurso que nos involucra necesariamente, un ritmo que quizá  intenta provocar saturación para destruir la idea de cierta armonía, y un elenco comprometido desde el texto teatral con nuestra realidad política-social. Al finalizar nos retiramos con el fragmento de una partitura porque llegó la música para quedarse.












¡Llegó la música! De Alberto Ajaka. Elenco: Leonel Elizondo, Sol Fernández López, Karina Frau, Luciano Kaczer, Gabriel Kogan, Julia Martínez Rubio, Andrés Rossi, Gabriela Saldón, Mariano Sayavedra, María Villar, Gabriel Zayat. Escenografía y vestuario: Rodrigo González Garillo. Iluminación: Adrián Grimozzi. Concepto musical: Alberto Ajaka y Martín Laurnagaray. Asistencia de dirección: Georgina Hirsch. Dirección: Alberto Ajaka. Sala Escalada.





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