
La acción se inicia con el
regreso de Celestino al patio del conventillo luego de cumplir con una condena.
En ese instante comienzan a desarrollarse los acontecimientos que lo llevaron a
la cárcel: Celestino, enamorado de Palmira tiene reiterados enfrentamientos con
el Oriental, hombre de mal vivir que la joven eligió para salir del barrio
pobre, en el momento final donde se preludia el enfrentamiento entre ambos
Palmira mata al Oriental y Celestino asume la culpa para salvarla. Otras
historias del patio corren en paralelo: el tano se confabula con el Gallego
para matar a su tía y a la
Gallega, logran su objetivo y tienen que someterse a la
extorsión del Sargento para no ir a la cárcel. Finalmente, cuando Celestino
termina de contar su historia, solo en el proscenio, un secuaz del oriental
aparece y lo mata a traición para vengar a su patrón.
La puesta cruza procedimientos
propios del sainete como “pura fiesta”: los cantables, que van presentando cada
escena y que en este caso tienen como complemento especial la presencia en vivo
de la orquesta. La parodia al costumbrismo: los “tipos” del sainete aparecen
intensificados, “exagerados”, en un teatralismo que amplifica los personajes de
la ciudad a través de la comicidad “rápida” e “instantánea”. El motivo que
impulsa la acción es puramente sentimental, aparece la pareja imposible.
También la “justicia poética”, el Tano muere de un ataque al corazón, al tener
sexo con una prostituta novicia y el Gallego se ahorca. La máscara con la que
se autoengañan los personajes es lo que define a la pieza como un auténtico
grotesco. Celestino sabe que es un fracasado, un ladrón de poca monta, perdió a
Palmira que cambió su amor por el del Oriental que era un Ladrón con recursos,
no obstante, cree que puede recuperarla. En el caso de Palmira, su mala
elección responde ya a un imperativo social: es necesario salir del barrio
humilde, no importa cómo pero tener dinero y lo que éste brinda, ese es el
sueño de todas las chicas del conventillo. Palmira no reconoce la verdad, ni lo
mucho que ama a Celestino ni la calaña de su marido, cuando cae la máscara, lo
mata, ese es el gesto que puede devolverle la dignidad. Las pacatas hermanitas
ocultan detrás de rezos, sus deseos de amor y sexo. El Gallego, que lejos de
lograr la felicidad se mata porque no soporta la culpa por haber asesinado a su
esposa. La Gallega,
madre de Palmira, no cae en el engaño, sin ser demasiado honesta ve en el
Oriental lo que realmente es: un delincuente. Tampoco se engaña la Piba, con claridad conoce su
lugar y su destino. Como en todo grotesco, la caída de la máscara marca la
destrucción total de estos personajes patéticos, sin posibilidades de lograr un
lugar en una sociedad que los margina y los hace víctimas de su propia
orfandad.
En la dirección, se priorizó la
comunicación de los actores con el público. En la presentación, no sólo de los
personajes sino también de los conflictos más densos, Di Felice recurre a
cantables con letras de gran comicidad y en algunos casos, de marcado humor
negro. Estas escenas “vodevillescas” logran generar la risa franca y espontáneo
del espectador. En cuanto a la espacialización, nos encontramos con una
reproducción mimética de un patio de conventillo. El vestuario, da con todos
los detalles el tono justo de época. La actuación, caricaturesca en general, se
torna realista en los momentos de encuentro personal entre Celestino y Palmira.
Actuaciones muy parejas, muy trabajadas, entre las que puede destacarse a
Eduardo Jaime en su doble rol: Genaro, el sepulturero y Toto: el travesti.
Excelente trabajo de Puro Grupo.
Cuando Pablo Di Felice y Mónica Spada ponen el cuerpo a piezas del Teatro
Universal para llevarlas al Teatro para Niños, apelan a procedimientos que
responden a distintas poéticas y la cruzan con creatividad, nos están mostrando
su profesionalismo, su capacidad para indagar con un afán renovador dentro del
género. En esta puesta, Pablo Di Felice supo explotar otras facetas del
grotesco, no centrándolo en un personaje, como en nuestro grotesco criollo
sino, dando cuenta de la soledad en un sentido universal, que más allá de toda
época es el que empáticamente nos conmueve y nos llega a todos: la dificultad
para contar lo que nos pasa en medio de la era comunicacional.
Piantados
de Pablo Di Felice. Espacio Aguirre. Aguirre 1270. Domingos 19 hs.
Elenco: Guillermo Ayliffe. Pablo Di
Felice. Andrés Araya. Norma Lichtenstein. Emanuel Duarte. Eduardo Jaime.
Valeria Blanco. Abril Di Felice. Tina Ottaviano. Daniel Mancuso. Mónica Spada.
María Marta Velez. Max Filardo. Víctor Salvatore. Jorge Cinalli. Música: Ricardo Scalice (guitarra).
Martín Scalice (bajo). Gabriel Medina (flauta). Martín Canet (violín). Dirección
musical: Ricardo Scalice. Vestuario:
María Marta Valdez. Coreografía: Mirna
Serra. Prensa: Simkin y Franco. Fotografía: Guillermo Ayliffe. Diseño gráfico: lorenaduartedesing.com.ar.
Asistencia de dirección: Mónica
Spada. Producción: Claudio Fridman y
Puro Grupo. Dramaturgia y Dirección
general: Pablo Di Felice.
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