jueves, abril 14, 2011

LaAmérica1 Unipersonal de Giampaolo Samá

Cuando reconocernos duele tanto

“A mis oídos llegan voces distantes, resplandores pirotécnicos,
pero yo estoy aquí solo, agarrado con mi tierra de miseria con nueve pernos”
(Roberto Arlt, El juguete rabioso, 1926)


María de los Ángeles Sanz

En un espacio construido por las luces, la música, y los objetos que identificamos claramente con el viaje, se nos introduce como espectadores en varios mundos desde la cocina de un barco que navega por las aguas de la historia de quien narra, y que nos va llevando en círculos concéntricos hacia los relatos que nos constituyen. Los vaivenes del agua que posibilitan la llegada a playas conocidas o exóticas de una nave, vientre de ballena que todo lo transforma, para la vida de todos, tiene varias lecturas posibles, y una que se impone. Desde la mitológica, el viaje como concepto del tiempo del hombre sobre la tierra, viaje de iniciación, de maduración y aprendizaje hacia un término que es simplemente la llegada y la despedida. Desde la histórica, relato que nos involucra como sociedad, con una identidad construida como tantas, con la llegada de aquellos que quieren un horizonte más claro, más próspero, más feliz, es decir, con aquellos que sueñan con hacerse Lamérica. Si el relato inmigratorio dentro del teatro tuvo en el sainete y el grotesco sus más firmes expresiones hasta la década del treinta; es hoy con los nuevos arribos, que la temática toma forma ante la necesidad de explicarlo y explicarnos. Giampaolo Samá con maestría y sensibilidad va desenvolviendo un mapa que atraviesa no sólo nuestras playas sino el mundo, y nos abisma en su lectura en las glorias y miserias de los hombres. La principal, no reconocer al otro como el prójimo, como un igual, y a la tierra, ese planeta azul, como el territorio que nos pertenece a todos. Las mezquindades, el egoísmo, el engaño, y el autoengaño van cayendo en la olla de esa comida siempre a preparar, que el actor utiliza como intermezzo entre historia e historia. Los seudos diálogos, sólo momentáneamente rompen con la unidad causal, al mismo tiempo, construyen un discurso que sigue a pesar de la fragmentación su lógica temporal, y mantienen la tensión dramática ante la riqueza de su expresión.  La metáfora perfecta del sueño, en donde el soñador pasa de ser aquel que se encuentra en la disyuntiva entre él y el otro, a ser el otro; es una síntesis de la semántica de una puesta donde cada elemento cierra en su funcionalidad y que se une al relato del “Sirio”, y a la carta del minero. Lamérica es entonces, no un espacio físico sino un concepto que nos abarca y se reproduce en los otros, y el lugar, que en el imaginario colectivo, es definido como el paraíso de las posibilidades; pero al mismo tiempo es una ilusión que se quiebra en el espejo de la realidad, que enfrenta al sueño con la discriminación, el individualismo feroz, la desidia, la ineficacia, y el desamor. El desfile de personajes que se van sucediendo a través del relato, el humor, la fascinación de una voz que construye con recursos mínimos un continente y un contenido, el uso del espacio, le dan a la puesta una espesura semántica que conmueve y lleva a la reflexión. Lamérica es un sueño colectivo, y en el  inconsciente de nuestra sociedad, un pasado que nos constituye, en sus fantasías de progreso infinito y en la crueldad de señalar al diferente como el culpable de nuestro mutuo fracaso.



Lamérica, unipersonal de y con Giampaolo Samá. Voz en off: Miriam Odorico. Musicalización y vestuario: Giampaolo Samá. Asistente de dirección: Elisenda Ibars. Dirección: Lorena Barutta.  Teatro Timbre 4.




1 Hoy como ayer, otros rostros, otras ilusiones son las que alberga la ciudad, y el país todo en cuanto a la búsqueda de un horizonte pleno, de felicidad completa. La Argentina tuvo a la inmigración como un proyecto necesario ya desde las reuniones del Salón Literario allá por 1837, luego conformó la dimensión de nuestra Constitución unitaria de 1853, y fue fuente de controversia cuando la generación del ’80, aquella que consolidó el país a su imagen y semejanza, pensó que el desierto que nos albergaba sería el lugar deseado por todos los hombres de buena voluntad. De la utopía a la realidad, mediaron mil y un conflictos, y hoy como ayer no cesan, ya no son en su mayoría contingentes de europeos los que sueñan hacerse la América, sino hombres y mujeres de nuestros países vecinos, o habitantes lejanos de las costas africanas, los que emigran; sin olvidar que las diferentes crisis y dictaduras más recientes nos convirtieron a la vez en emigrantes a nosotros mismos. Nuestra historia está, entonces, teñida del dolor del desarraigo, nuestra música ciudadana, nuestro folklore, nuestro teatro y nuestro cine, dan cuenta de la nostalgia que nos envuelve como en sueño, del que aún parece ser, no hemos despertado. Hijos de inmigrantes, hijos de emigrados, nos constituye el exilio.
 



lunes, abril 11, 2011

Unas enKARMAdas

En Café concert1




Que habré hecho yo para merecer ser yo…




Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Tres actrices se proponen producir desde el ámbito del café concert la disyuntiva de género de tres mujeres que atraviesan la historia del país desde su nacimiento. Pero, la poética elegida no se resuelve sólo con el desplazamiento espacial de los espectadores;  la distribución en pequeñas mesas donde consumir es una opción más dentro del espectáculo; como tampoco con la entrada de la actriz que va a desarrollar el primer sketch, María de todos los santos, (Gabriela Bonomo), desde el lugar del espectador de rodillas, para llegar al espacio escénico y mantener un diálogo con el público, narrativo e irreverente. El café concert necesita, un dominio del espacio, un juego con luces y música, decorados que se transforman en otra cosa, y un discurso donde el desparpajo y la relación con el espectador rompan con la situación de ver y ser mirado. El segundo cuadro, apela a la palabra y si bien la actriz, Julieta Busso, que encarna a una científica o a la primera médica que tuvo el país por fin de siglo XIX y principios del XX, intenta darle fuerza a su presencia en su acting, su gestualidad no logra reafirmar la ironía, y sarcasmo que la parodia de lo dicho enuncia. El tercer momento el que desarrolla, Juliana Czudnowsky es el más logrado, segura en el escenario, consigue que palabra y acción ratifique lo lúdico mientras no deja de transmitir la historia verídica de la primera mujer que se atrevió a volar, en todo el sentido de la palabra, un artefacto inseguro en su tiempo como el aeroplano, sino “volar” en un mundo hostil para aquellos que se atrevieran a  pensar y sentir diferente al sentido común. El epílogo reúne a los tres personajes en una situación que se relaciona con el nombre del show, enkarmadas, son en definitiva tres mujeres que deben volver una y otra vez para lograr en cada ritorno un trozo nuevo de libertad posible. Las tres actrices con su gestualidad y su estrategia fónica les dan cuerpo a estos tres personajes, la comicidad de los monólogos y de los diálogos no se apoya en la actualidad, sino en esta idea de que las tres femmes están destinadas a encarnar en situaciones similares a las ya vividas. Con una trayectoria en común, Mortadela Café concert (2008), Graciela, Julieta y Juliana “hilvanan” retazos de nuestra historia con la problemática de género.








Unas enKARMAdas. Elenco: Gabriela Bonomo, Julieta Busso, Juliana Czudnowsky. Fotos y diseño gráfico: Sebastián Gringauz. Prensa: Tehagolaprensa. Dirección: Gabriela Bonomo. Teatro Gargantúa (2011)






1 El café concert tiene en la Argentina una larga historia que hunde sus raíces a fines del siglo XVIII, y si bien fue cambiando de fisonomía y de poéticas, mantuvo siempre viva la relación con el espectador y la improvisación como uno de sus elementos fundantes. La década del 60/70 tuvo sus representantes consagrados y fijó para el ojo del público una suma de procedimientos que le dieron identidad; nombres como Antonio Gasalla, Carlos Perciavalle, Edda Díaz, Nacha Guevara, y hasta una tímida Niní Marshall que se animó a pedido de las nuevas figuras a llevar adelante sus personajes en el nuevo formato. Una de las características de la época era que sus integrantes todos pertenecientes al Conservatorio, llevaron sin embargo a su actuación las formas del actor popular, a quien admiraban en los nombres de Pepe Arias, Tita Merello, José Marrone, Olinda Bozán, Luis Sandrini, Pepe Biondi entre otros; logrando entonces, una relación con el público de alta proxemia y suma irreverencia; atentos como aquellos capos cómicos del teatro nacional a la sensibilidad y los cambios de humor del espectador de cada noche.



Tennessee Williams en New Orleans




Melania Torres Williams



En el Southern Repertory Theatre de la ciudad de New Orleans (Louisiana, Estados Unidos) se presentaron dentro del marco del Festival Tennessee Williams tres obras en un acto que, según los organizadores,  nunca habían sido puestas en escena[1]. Este “world premiere” como dieron en llamar constó de: “Every twenty minutes,” una sátira de los intelectuales bohemios del sur estadounidense en la que una pareja discute en medio del jazz, el alcohol y el rechazo, “The Magic Tower,” obra escrita por Williams en la década del ‘30 que habla de la relación de un actriz retirada de vaudeville y un pintor joven que busca alguien que lo rescate de la pobreza y el anonimato,  y por último “The Pretty Trap” germen de lo que más adelante fue “El zoo de Cristal”.
En las tres obras se puede observar a un Williams joven, un escritor que está buscando su voz. Aimée Hayes, directora de las puestas dijo que para ella llevar al escenario estas historias del Williams anterior al célebre  es una manera de reforzar una idea que el Southern Rep tiene como premisa: dar lugar a los autores jóvenes, a las nuevas voces. Aunque resulte paradójico, la oportunidad de participar dentro del festival en honor del centenario del autor, fue una manera de presentar a un escritor joven, que todos conocimos después, pero que tuvo un pasado que le permitió ser quien fue.
En una misma función primero se llevó a escena “Every twenty minutes”, una obra muy breve que tiene sus mayores fortalezas en los silencios que la pueblan. Una pareja, que la directora cuenta que para ella es del Marigny (barrio pegado al famoso French Quater de New Orleans), discurre acerca de diferentes temas llegando al punto de por ejemplo ofrecerse un revolver, en lugar de una aspirina, para disipar el dolor de cabeza. Luego de este relato el escenario se oscurece y en medio de  jazz diferentes personas llegan para armar una nueva escenografía que dará lugar a la próxima obra. Esto dilata el acontecimiento, y hace preguntarse si es necesario llenar el espacio de tantos elementos. A veces en el teatro menos es más, y en esta ocasión esta premisa no parecería ser compartida por los responsables de la puesta. De esta manera y luego del puntilloso cambio comienza la siguiente obra.
“The Magic Tower”  cuenta la historia de  Linda, una actriz de vaudeville que deja todo por un joven artista plástico. Ella se crea una realidad paralela en la que quiere convencerse de que vive en una torre mágica con su príncipe, cuando lo que hace es vivir en el ático de una casa con una dueña que reclama por los  cinco meses de retraso en el pago del alquiler. En esta puesta Hayes como directora elige hacer caso literal a un pedido del autor en cuanto a la forma de actuación de los personajes “in a theatrical mode,”  cuenta la directora que el texto pide la situación, y de esta manera hace que su Linda, interpretada por Lara Grice, actúe un tanto exagerada, por momentos haciendo dudar de si ese es el tono más preciso para la obra y si eso es lo que quiso decir Williams. Más allá de esto se puede disfrutar de un texto rico en situaciones que habla del arte, el ansia de éxito y la soledad del ser humano.
La tercera obra y tal vez la más interesante a la hora del contraste es “The Pretty Trap” la historia de Laura Wingfield, su madre Amanda, su hermano Tom y un  pretendiente: Jim O’ Connor. Estos personajes que después aparecerán en la maravillosa “El zoo de cristal” son aquí seres que aún están buscando su tono dramático. “The Pretty Trap” es un texto anterior al Zoo, y esto se nota. Si bien Laura está absorta por su colección de animalitos de cristal y su madre no se detiene en su búsqueda por “ubicar” a su hija, el relato va por otros andariveles, teniendo un tono ingenuo y un final completamente feliz. En “The Pretty Trap” Laura no es renga y lejos de ser tímida al extremo, sabe defenderse y accionar de un manera un tanto más simple que la conducta que luego mostrará en el Zoo donde en la vulnerabilidad de la joven, Williams encuentra sus puntos de mayor fortaleza e inquietud. Jim en “The Pretty Trap”  desde un primer momento se cautiva con la belleza de Laura a quien luego de besar lleva a dar una vuelta por el parque. Tom se reconoce soñador y ayuda a la madre a lavar los platos. Todos quedan felices y consiguen sus cometidos.  Los treinta y cinco minutos de relato logran captar la atención del espectador, aún cuando  Amanda es una madre sureña plena de gracia y con muy poco de la profundidad que luego le conoceremos en el Zoo, y los demás personajes no se presentan tan pluridimensionales desde lo emocional y físico. Tal vez uno de los puntos más fuertes a la hora de analizar “The Pretty Trap” es su carácter anterior al Zoo y  las diferencias que uno puede encontrar  que permiten conocer mejor a un autor sobresaliente como Williams que supo con el correr del tiempo encontrar un tono mucho más complejo para su historia.
Una de las cosas que más rescato es el haber podido disfrutar del acento sureño que Rebecca Taliancich le dio a su rol de Amanda. He visto muchas puestas de Williams en Buenos Aires, pero el haber podido presenciar la casa de los Wingfield en pleno sur estadounidense, hizo que la experiencia traspasara lo meramente evidente. Una musicalidad diferente a la hora de hablar, una forma distinta de plantarse frente al texto, una cultura otra que traspasaba el escenario, ratificaba una vez más que el teatro es convivio, experiencia efímera, tan subjetiva como comunitaria.  
Los propios actores luego de la función en una charla con el público reconocieron su emoción al poder actuar obras de este autor tan ligado con New Orleans y todo el sur de su país, se sentían orgullosos, llenos de pasión. Esto al fin al cabo permitió que el público más allá de todo aplaudiera, preguntara y ratificara que el talento de Williams salió del sur, como proclamaban a los cuatro vientos ellos, y llegó para quedarse en todas partes.










[1] Investigando, he encontrado que “The Pretty Trap” fue puesta en escena en New York en el año 2005. Intentaré ponerme en contacto con la gente del Southern Repertory Theater para comentar este hecho que contradice lo que ellos proclamaron.









Rosa brillando

Una invocación a la poética de Marosa di Giorgio1


Una poeta, una emoción; una actriz y el arte de la seducción.

A veces, en el trecho de la huerta.../Anoche, volvió, otra vez.../Árbol de magnolias...
Bajó la mariposa.../De súbito, estalló la guerra/Domingo a la tarde...           
Ellos tenían siempre la cosecha más roja.../Había nacido con zapatos.../La naturaleza de los sueños
Los hongos nacen en silencio.../Los leones rondaban la casa/Me acuerdo de los repollos...
Mi alma es un vampiro.../Misa del árbol/Misal de la virgen


Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Desde el espacio físico donde se realiza la convocatoria, Querida Elena, todo se aúna para que el espectador ingrese con la suavidad de los gestos rituales al mundo construido por Marosa di Giorgio2, poeta uruguaya de fina sensibilidad no ajena al erotismo femenino y que busca en la materialidad de la naturaleza la identidad femenina jugando con todos los sentidos. Vanesa Maja la intérprete de ese mundo extracotidiano construye con acabada maestría una relación con el público donde el juego de la seducción, que yace en las palabras de la poeta, atraviesa a todos y cada uno de los que se atreven a ingresar en el juego. Contrastes de colores y sabores, la música en vivo que acompaña los diferentes momentos por los que la emoción desatada en la voz de la actriz arrastra como un oleaje los pensamientos. La razón dejada de lado, en la calidad de la metáfora surrealista de la textualidad y de la puesta en escena; que apela a perforar cualquier certeza e instaura la necesidad de romper con cualquier relato lineal, aunque bosqueje un itinerario desde la niñez hasta la adultez. Así, como la poeta enhebra palabras en un collar donde el sentido es una fiesta para la imaginación, la actriz con el fondo de la música en vivo, y la voz en off de la propia Marosa, despliega un entretejido de procedimientos que provienen de la plástica, y la dramaturgia. Relato trasgresor el de sus poemas en prosa, búsqueda incesante de una identidad que la ligue a lo ancestral y la libere finalmente del peso de esa tradición, para finalmente, pájaro suelto de ataduras le permita la inauguración de una nueva, unida al contexto de ese presente de exilio que es el cosmos de todo hijo de inmigrante. Peso doble por su condición de fémina que debe luchar contra la memoria de los suyos en paisajes ajenos y también contra un mandato social que la ubica por su género en el lugar relegado de la pasividad y la obediencia. Jugar a ser otra es mucho más que una necesidad artística es sobre todo un grado superior de supervivencia. Este “jugar” toma cuerpo no sólo en la actriz, sino también en un espacio escénico reducido, la economía de elementos no impide que el despliegue de los mismos supere con creces su fin utilitario. Con el retroproyector este espacio adquiere un sentido inusual, es como un gran caleidoscopio que va generando diferentes imágenes donde la “recitatriz” se sumerge y en el mismo movimiento nos arrastra a un tiempo “otro”, tiempo suspendido, pausado pero no lento, sino un tiempo dinámico y sumamente sensorial. Ante cada estímulo el espectador participa cada vez más en un ritual donde los poemas en prosa ser transforman en teatralidad. Toda una experiencia poética y de seducción que se va armando a modo de un rompecabezas y sus tres pilares – Marosa Di Giorgio, Vanesa Maja y Juan Parodi- confluyen en una propuesta que supera el tiempo real del espectáculo, porque después de finalizado aún se huele el aroma de las diferentes frutas exóticas o del crisantemo que hemos arrojado al personaje, o el sabor de la ciruela que a modo de souvenir nos es entregado al salir de la sala, o la letra de alguna canción que nos sigue murmurando en los oídos:  

Pintor que pintas con amor
¿Por qué desprecias su color
si sabes que en el cielo
también los quiere Dios?










Rosa brillando de Vanesa Maja y Juan Parodi.  Intérprete: Vanesa Maja. Música original en escena: Gonzalo Gamallo. Diseño Gráfico: Bárbara Delfino. Prensa: Agencia Duche & Zarate. Producción ejecutiva: Ximena Hoffmann. Textos: Marosa Di Giorgio. Dramaturgia: Vanesa Maja y Juan Parodi.
Dirección general: Juan Parodi. Querida Elena (2011).







Delbene, Lucía, Marosa Di Giorgio. Mundo, mito y lenguaje.








1 (Salto, 1932/2004) Descendiente de inmigrantes italianos y vascos que fundaron quintas en zonas rurales del Uruguay, Marosa di Giorgio Médicis comenzó a publicar en los años 50. En los dos tomos de Los papeles salvajes (1989 y 1991) recopiló sus poemas publicados hasta entonces. El extenso Diamelas a Clementina Médici (2000), estuvo inspirado en la muerte de su madre. Sus textos narrativos eróticos son: Misales (1993), Camino de las pedrerías (1997), y Reina Amelia (1999). Su obra, que recibió numerosos premios, ha sido traducida al inglés, francés, portugués e italiano. En su obra, un canto a la naturaleza y a sus mutaciones, la mitología es una constante. Es una de las voces poéticas más singulares de Latinoamérica. En sus recitales poéticos -muchos de ellos reproducidos en cassettes y otros formatos- demostraba una capacidad interpretativa sui generis, en la que se entremezclaban emociones como el miedo, la sorpresa, el desasosiego y el deseo, siempre con una voz trémula y delicada. (Wilkipendia) Transcribimos un poema más de la autora:
A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar...
A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar
a la alcoba, se me aparecían los ángeles.
Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un gallo
blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas
blancas como la nieve o color rosa.
A veces, por los senderos de la huerta, algún ángel me
seguía casi rozándome; su sonrisa y su traje, cotidianos;
se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquel
plumaje gris, siniestro, cayéndole por la espalda
hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras
pintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un día
se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo,
un número increíble.
Otros eran diminutos como moscas y violetas e iban
todo el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo,
hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar.

De "Historial de las violetas" 1965


2 Como afirma Lucía Delbene en su trabajo sobre la autora: “Habitante de las tertulias y de los cafés, su silueta fugaz y colorida, sonámbula y feérica pertenece al imaginario colectivo de los montevideanos como figura originalísima, un mariposa que hubiera transitado por la arquitectura gris de un esplendor en ruinas. De su manto de liebre continúan cayendo las flores abrillantadas de las chacras salteñas”. Tempranamente vinculada al grupo de teatro Decir dirigido por Nidia Arenas, argentina radicada en Salto, desarrolló un gusto especial por el teatro, y en su personalidad se conjugó perfectamente este aspecto lúdico, performativo, de ser en el mundo. Podemos aseverar que Marosa es una obra de arte de Marosa, una creación infinita que no cesó hasta los últimos días de su vida. Parte de su estampa eran los exuberantes vestidos de colores fuertes, con el cabello rojo y los lentes de mariposa como un antifaz que oculta y sugiere.





Entrenamiento Actoral Personalizado

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