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lunes, febrero 27, 2012

Motivos para festejar sobre las tablas

TEATRO › HERMINIA JENSEZIAN HABLA DE LOS QUINCE AÑOS DEL TEATRO TADRON


 
La actriz es la propietaria de este espacio palermitano en el que se respira cultura armenia, aunque se monten obras de todo tipo. La celebración comienza hoy con la reposición de Volvió una noche, la puesta con la que se inaugurara la sala.

 Por Carolina Prieto
En la esquina de Niceto Vega y Armenia funciona desde fines del ‘96 Tadrón Teatro. Entrar a esa casona de Palermo, construida en 1912, es suspender por un rato el ruido y el ritmo de la gran ciudad y sentirse en algún lugar íntimo, colorido y apacible de Oriente. La actriz y directora Herminia Jensezian es la dueña y la directora artística de la sala independiente que desde su creación combina producciones propias (muchas de dramaturgos armenios), obras gestadas por otros teatristas (algunas verdaderas gemas del circuito alternativo como Nada del amor me produce envidia, de Santiago Loza, con la actuación de María Merlino) y ciclos especiales como Teatro por la Justicia, además de talleres, seminarios, charlas y un puñado de mesas que invitan a saborear exquisiteces orientales. Antes de entrar o al salir de la sala donde caben no más de cien personas, los espectadores pueden sentarse en un living que respira texturas, colores y objetos de distintos países de Oriente. Allí, Jensezian y su hijo ofrecen la posibilidad de descubrir la cocina armenia, un elemento central de esa cultura que hace del encuentro, los manjares y la bebida una celebración de la vida.
Los festejos por los quince años comenzarán hoy a las 20 con el estreno de una nueva versión de Volvió una noche, de Eduardo Rovner, con la que se inauguró el espacio. En esa primera versión, la comedia sobre el regreso de una madre muerta para conocer a su nuera y palpar la vida de su hijo fue presentada en armenio. Esta nueva puesta dirigida por Jensezian –que encarna al personaje de la madre– es en castellano, cuenta con música en vivo a cargo de un cuarteto de tango y con varios guiños a la comunidad armenia.

–¿Por qué retomar esa obra para iniciar los festejos?
–Es una de esas grandes obras a las que siempre quiero volver. Tenía muchas ganas de hacer una comedia y Volver... es muy sólida desde su estructura dramática y también muy desopilante. El tema de la madre que vuelve de su tumba para conocer a la mujer de su hijo, ver cómo están viviendo y encontrarse con que nada es como ella soñó es algo muy común entre las madres, sean armenias, judías, argentinas o italianas. La dificultad de aceptar que los hijos no les pertenecen y que ellas son un medio para traerlos al mundo es universal, como lo es el amor de ese vínculo. En Praga la obra lleva diez años en cartel.

–¿Cómo aparece la cultura armenia en este montaje?
–Al ser madre e hijo armenios, hay rasgos de esa cultura que se cuelan, como las comidas, pero son detalles que no alteran la esencia. Hay un único personaje que modificamos. Reemplazamos a Chirino, el Sargento de Juan Moreira –que en la obra ayuda a la madre en su intento de encauzar al hijo– por un personaje de la mitología armenia. Me interesó que la historia suceda en el marco de una familia de origen oriental como nota de color.

–¿Qué motivó la creación de Teatro Tadrón?
–Hace 27 años creamos con mi marido el grupo de teatro George Sarkissian: al comienzo hacíamos obras en idioma armenio en todo tipo de espacios. Actuábamos en salas, sótanos, patios e iglesias. Llegó un momento en que queríamos tener nuestro propio espacio de trabajo. Así llegamos a esta esquina, que antes fue una panadería, y decidimos comprarla. Mantuvimos todo lo que pudimos de la construcción original –la puerta, el piso, las vigas– y modificamos el interior para poder tener una sala lo más amplia posible.

–¿Cómo caracteriza la actividad de la sala en estos años?
–Empezamos tímidamente haciendo obras en armenio con traducción en sala al español, a través de un sistema con auriculares. Así llegábamos a un público amplio. Inauguramos en noviembre del ’96 con Volvió una noche, yo actuaba y mi marido dirigía. No nos interesó encerrarnos en nuestra cultura. De hecho, en el ’99 llevamos La Nona, de Tito Cossa, a Armenia. Buscamos articular las dos culturas, para enriquecernos y abrirnos. Además el idioma armenio se fue perdiendo. Queríamos integrar el bagaje cultural que traíamos con el lugar donde uno se crió y formó. Estudié dirección con Juan Carlos Gené y escenografía con Gastón Breyer, a quienes admiro y quiero profundamente. Fueron maestros mucho más allá de lo artístico.

–¿Cómo surgió Teatro por la Justicia?
–Cuando gestamos el ciclo en el 2006 había cinco obras en cartel sobre el genocidio armenio, muchas de autores argentinos. Estaba instalada la necesidad de abordar el tema. En el ciclo queríamos reunir obras que traten distintas formas de abuso y de violación de derechos humanos. Y no es una elección casual: soy hija de sobrevivientes del genocidio cometido por los turcos y creo que hay algo de eso que todavía no está totalmente elaborado. No es casual el camino que uno elige. El ciclo propone temáticas duras, nada amables, pero la gente sale agradecida de ver las obras, de haberse enterado, de saber algo más. Y para nosotros ayudar a tomar conciencia justifica el esfuerzo de sostener esta movida, a veces con subsidio y otras sin. El año pasado, Boulogne, con Malena Solda, Martín Slipak y Noemí Morelli, fue un boom: hacíamos dos funciones seguidas.

–¿Cómo serán los festejos?
–Seguimos con nuestra programación anual que incluye obras nuestras, otras que nos proponen, el ciclo Teatro por la Justicia los jueves desde el 26 de abril. Reponemos Como arena entre las manos, con Ana María Cores; estrenamos Encuentro en Roma, de Jorge Palant; Hrant Dink, de Pablo Mascareño, y Señor Garbis, de Vahe Berberian. Habrá novedades como la creación del Archivo Gastón Breyer, que fue padrino de Tadrón. Junto a otras alumnas suyas y a su hija, decidimos reunir el legado de años de trabajo escenográfico, de puesta y también heurístico, y armar un archivo de documentación en soporte físico y virtual para que todos puedan consultarlo. También habrá una serie de homenajes a quince personalidades notables que nos acompañaron en todo este tiempo, como Roberto Cossa, Onofre Lovero y Olga Cosentino. Y una serie de entrevistas abiertas a quince teatristas, a quienes invitaremos a charlar con el público y tomar café oriental. Además se viene un ciclo de narración y cena que funcionará en el living desde abril: Cuentos y Sabores de Oriente. Será una fusión entre los relatos y los platos más tradicionales, simples y sabrosos de la cocina armenia. La idea es desempolvar esas recetas típicas para disfrutar de la comida y de los cuentos.

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sábado, noviembre 27, 2010

“Cada época desarrolla sus verdades”

Pagina 12 › ENTREVISTA AL DIRECTOR ALEJANDRO SAMEK, POR LOS VEINTE AÑOS DE ANDAMIO 90

“El viejo teatro independiente incorporó a Buenos Aires lo mejor de la dramaturgia universal”, afirma el actual rector de la escuela de actuación que funciona en el teatro que fundó junto a su madre, la recordada Alejandra Boero.


Por Hilda Cabrera


Ingresar al teatro Andamio 90 es descubrir una zona fértil de la escena de Buenos Aires. Recuerdos de artistas y directores del teatro argentino, afiches, programas y fotografías de personalidades resguardan el lugar; retratos de Tennessee Williams, Gérard Philipe, Bernard Shaw, Stanislavski, Bertrand Russell, Bertolt Brecht, Sigmund Freud, Maiacovski y de quien hizo posible, entre otros, la fundación de Andamio. El director Alejandro Samek –cofundador de la sala junto a su madre, la actriz, directora y maestra de actores Alejandra Boero– señala una fotografía del fallecido Francisco García Vázquez, prestigioso arquitecto que legó parte de su herencia a sus amigos. “Alejandra recibió cerca de 50 mil dólares, dinero que utilizó para la compra de Andamio”, cuenta hoy Samek, a cargo de este teatro-escuela que cumple 20 años. El aniversario es celebrado con actividades que se desarrollarán entre hoy y el jueves 9 de diciembre. En diálogo con Página/12, este director, psicólogo social y conocedor de las artes y técnicas del teatro recuerda que fue el 9 de diciembre de 1990 cuando entraron por primera vez al entonces local de venta de repuestos de automóviles: “No habíamos escriturado todavía, pero como era el cumpleaños de mi vieja, pedí a los vendedores que nos dejaran estar allí. Nos dieron la llave y festejamos. Por eso pusimos fecha de lanzamiento de Andamio el 9 de diciembre de ese año, pero hasta la inauguración con Final de partida pasaron unos meses: debimos concluir algunos trabajos, hacer excavaciones, cambiar pisos y derribar paredes”.

–¿Por qué eligieron Final de partida?
–Alfredo Alcón andaba buscando sala para esa obra y llamó a Alejandra. El teatro estaba en construcción. Recuerdo que vino solito un domingo y desde la puerta dijo que dejáramos todo como estaba. Imposible. Continuamos con los arreglos y cuando nos pareció que podíamos inaugurar lo hicimos con Alfredo, que interpretaba a Hamm y dirigía. En el elenco estaban Horacio Roca (Clov), Osvaldo Bonet (el padre de Hamm) y Márgara Alonso (la madre). Alfredo había hecho una puesta muy interesante. La obra fue invitada a festivales internacionales y estuvo un tiempo en el Teatre Lliure, de Barcelona.

–¿Cuál es el propósito de incluir en los festejos mesas de debate sobre temas como salud mental?
–Reflexionar sobre la salud mental, tan deteriorada. No es el único tema que nos interesa: también la relación del teatro con la política, la educación, con el público y la palabra, deteriorada como la salud y sustituida por la violencia.

–¿Mantienen durante el festejo las obras en cartel?
–Sí, incluimos Detrás de la forma, Adorables criaturas, Ofensa y dos presentaciones de teatro leído. Lydia Lamaison y Lidia Catalano leerán El cerco de Leningrado, el penúltimo trabajo de Alejandra (donde actuó primero con María Rosa Gallo y después con Lydia Lamaison), y Despierta y canta, de Clifford Odets. El brindis será el 9 de diciembre, cuando esperamos que estén todos los que ayudaron al crecimiento de Andamio, como los entonces muy jóvenes Claudio Tolcachir, Melina Petriella, Luciano Cáceres, Claudio Quinteros, Inda Lavalle y muchos otros. Ellos habían participado del proyecto intergeneracional. Una epopeya. Lamentablemente, nos quedamos sin dinero, porque producíamos nosotros. Alejandra armaba proyectos y cuando llegaba el momento de pagar no había con qué. Entonces, salía a pedir un préstamo.

–¿A qué se debe el reestreno de Despierta y canta? Odets fue un autor controvertido, sin embargo a Alejandra le interesaba esta obra. ¿Por qué?
–Ahora la presentamos como teatro leído, pero la estrenaremos el año próximo. La noche en que murió Alejandra (4 de mayo de 2006), los traductores Federico González del Pino y Fernando Masllorens –que cooperaron mucho con Andamio– estaban viendo Despierta y canta en un teatro de Nueva York, y ahora nos la ofrecieron nuevamente en homenaje a Alejandra. Creo que a ella le interesaba esta obra por su mensaje de cultura hacia el futuro, un tema que le preocupó siempre, tanto como la difusión de autores que consideraba valiosos. Un ejemplo fue la puesta (en 1997) de Angeles en América, de Tony Kushner, de quien aquí nadie se había ocupado. Trataba el tema del sida en una época en la que casi no se hablaba de este virus. Y ella se mandó con la primera y la segunda parte.

–Y para estrenar hizo derribar una pared del teatro...
–Fue idea de ella y del escenógrafo Tito Egurza. Demolieron la pared posterior del viejo escenario de Andamio porque desde allí debía aparecer el ángel que estaría sólo dos minutos en escena. Después no hubo plata para recomponer la demolición, pero se trabajaba así. Por encima de todo había criterio artístico, y ése fue también el motor de Ofensa, que ahora repusimos. Hoy es una obra dura y violenta, imaginemos cómo sería hablar de pederastia en 1995. Le dije a Alejandra que no iba a venir nadie. Su respuesta a mi comentario fue armar un círculo de treinta butacas y trabajar en ese espacio. Consideraba importante que se conociera y punto. Ese era el criterio del viejo teatro independiente que incorporó a Buenos Aires lo mejor de la dramaturgia universal.

–¿Cómo fueron sus primeras reacciones ante el teatro? ¿Le atraía? ¿Lo rechazaba?
–Tenía 2 años cuando entré de la mano de Alejandra al Teatro La Máscara, un galpón de Moreno al 1000 (dirigido por Ricardo Passano, Alvaro Yunque y Elías Castelnuovo). Estábamos de paseo, entramos y no salí más. Claro que me dediqué a otras cosas para vivir, porque la idea que animaba entonces a los independientes era buscar un trabajo para sostenerse y después de las 18 ocuparse del teatro. Lo permitía la época. Era realmente independiente, del Estado y de los empresarios.

–¿Por qué gente del sector habla en forma despectiva del teatro de esa época?
–A veces leo a algunos que le toman el pelo. Entonces había un teatro comercial que, en general, no tenía calidad, y el independiente le dio al público otra alternativa.

–¿Las diferencias son hoy tan tajantes?
–No, porque algunos empresarios se han dado cuenta de que hay público para el buen teatro. Esta es otra época y cada una desarrolla sus verdades. No existe una verdad revelada de una vez y para siempre, de manera que tenemos que acostumbrarnos a verdades transitorias que nos permitan desarrollarnos. Lo importante en esto es que el teatro independiente (o alternativo) construye esperanza, y hoy, aunque hayan cambiado las condiciones, el desafío sigue siendo construir esperanza. Los jóvenes llegan a la escuela con un nivel de frustración y desesperanza que preocupa. Nosotros no pensamos que vamos a cambiar el mundo, pero estamos seguros de que si elegimos bien las obras y las hacemos como debe ser, algo aportamos. Cuando los alumnos vienen a inscribirse (Samek conduce el Colegio Superior de Artes del Teatro y de la Comunicación, en el mismo edificio de Andamio) les advertimos que no busquen transitar la alfombra roja.

–¿Cómo es la respuesta de los alumnos?
–Compleja. Durante mucho tiempo hemos incorporado a chicos que provenían de familias que no hablaban de la dictadura, y nosotros, en el teatro, debíamos cuidarnos porque no sabíamos si teníamos un policía encubierto. Hasta que la gente se acostumbró a hablar, pasó tiempo. Los alumnos que ingresan ahora nacieron, en general, en la década del ’80, y desconocen muchas cosas, entre otras los oficios teatrales que se están perdiendo por la falta de transmisión personal, cara a cara.

–¿Cuál es, en síntesis, el aporte del teatro independiente o alternativo?
–La búsqueda de valores y el deseo de ascender culturalmente. En una época como ésta, en la que se incita al consumo de pavadas que no ayudan a construir un pensamiento crítico, el teatro permite, por ejemplo, descubrir qué hay detrás de las palabras. Cuando vemos trabajar a un actor, que es la esencia del teatro, cuando lo escuchamos y observamos sus acciones, advertimos algo más de lo que expresa con palabras. De ahí la importancia del teatro en la educación, por lo que también luchó Alejandra, porque no se trata de formar un público más inteligente sino de apreciar esa coincidencia de la palabra, la acción y el sentido que las une.



Para anotar en la agenda


- Demoliendo a Molière, versión de El burgués gentilhombre, de Molière. Por pacientes del hospital de día del Hospital Nacional Profesor Alejandro Posadas. Dirección: Ana Laiza. Duración: 60 minutos. (Hoy a las 15)
- Mesa Redonda Teatro y Salud Mental: Participan el doctor Osvaldo Delgado, la licenciada Norma Fantini y la profesora Ana M. Laisa. Coordina la licenciada Gabriela Del Río. (Hoy a la 17)
- El cerco de Leningrado, de José Sanchís Sinisterra. Función de semimontado con Lydia Lamaison y Lidia Catalano, dirigidas por Marcelo Moncarz. Relatora: Miriam Martino. (Mañana a las 19)
- Teatro, sociedad y política. Mesa con Juan Carlos Gené, Rubens Correa, Hugo Urquijo y Olga Cosentino. Coordina María de los Angeles Sanz. (Lunes 29 a las 19)
- Teatro, teatristas y teatrólogos. Encuentro y debate con Ricardo Sassone, José Cáceres, María de los Angeles Sanz y Marcelo Velázquez. Coordina Laura Mogliani. (Miércoles 1º de diciembre a la 19)
- Teatro y educación. Mesa con Elida Schinocca, Agustina Ruiz Barrea, Adriana Scheinin, Julia Furnari, Hilda Elola y Ricardo Delgado. Coordina Marcelo Bucossi. (Jueves 2 a la 19)
- Adorables criaturas, de Laura S. Cunningham, dirigida por Tatiana Santana. (Viernes 3 a las 20.30)
- Detrás de la forma, autor y director: Alfredo Martín. (Viernes 3 y sábado 4, a las 22.30)
- Ofensa, de John Hopkins y puesta de Marcelo Velázquez. (Sábado 4 a las 20.30)
- Despierta y canta, de Clifford Odets. Semimontado con elenco dirigido por Florencia Suárez Bignoli. (Domingo 5 a las 20)
- Teatro y público I. Mesa con Julio Baccaro, Onofre Lovero, Roberto Perinelli, José María Paolantonio y Raúl Brambilla. Coordina Conrado Beretta. (Martes 7 de diciembre a las 19)
- Teatro y público II. Con Daniel Dalmaroni, Alfredo Martín, Andrés Bazzalo y Eduardo Rovner. Coordina Marcelo Velázquez. (Miércoles 8 a las 19)
- Fiesta de cierre. Proyección de fotos de Carlos Vizzoto. Show. Brindis. (Jueves 9 a las 19)
En Teatro Andamio 90, Paraná 660. Reservas: 4373-5670.


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/20054-5464-2010-11-27.html 




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