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lunes, noviembre 18, 2013

Arpan el despertar de Mariano Falcón


Dos mundos: uno que se destruye a sí mismo y basa todos sus valores en el dinero y el consumo. Donde los seres no pueden detenerse a pensar dominados por un poder que los obliga a funcionar como robots, mecánicamente; y a producir sin valorar las consecuencias como destino común. Otro que muere por causa de aquél y que necesite imperiosamente quien le devuelva la posibilidad de vida, y que busca para ello un héroe común pero lleno de conciencia para lograr su objetivo, y que pone en los niños y jóvenes la esperanza de Gaia, la tierra madre. Sin embargo, a pesar de la seriedad del tema central de la obra, todo está construido con un humor, desde la palabra y la acción, que hace que el espectador, tanto el niño como el adulto, se diviertan, rían y se emocionen en el tiempo de ese no lugar donde transcurre la historia; en un tiempo que esperamos, muy lejano. Una propuesta cuyo destinatario es la familia, y que consigue que las diferentes edades que componen el público en general, encuentren en su desarrollo elementos que capten su interés. Una esperanza para un futuro que aparece signado por el egoísmo y la ceguera sobre el desarrollo de vida en el planeta. El elenco numeroso, compuesto por niños y adultos, está encabezado por el dramaturgo de la propuesta, que lleva adelante el personaje de Arpan con una ductilidad en el manejo gestual y corporal de gran calidad, y que logra con sus torpezas provocadas arrancar la risa franca del espectador, y por pequeño actor que es el destinado a traerlo a cumplir con el deber de salvarnos a todos de un final de catástrofe. Del lado de los malos, el grupo de robots, asemeja con su coreografía a las filas de The Wall, a la mecanización del sentido. Francisco Ramírez, el director, que además es titiritero, creador de otras de las piezas que se presentan en la sala Andamio 90, Adair, cruza las actuaciones con dos muñecos de gran tamaño, cada uno con un rol muy particular. Uno de ellos luego se transforma en personaje / actor. Gabriela Julis, es la vapuleada Gaia, que envejece sin remedio, cuidada por los niños y adolescentes que serán finalmente los que consigan restablecer una armonía deseada, que es la unidad entre la naturaleza y el hombre. Una puesta que cuida todos los detalles que la componen, desde la coreografía, que señala la cosificación de ese mundo donde el dinero es lo primordial, el vestuario, la iluminación, y la música; y donde la armonización de la dirección hace que sea fluida la relación de la labor grupal. Una propuesta que cuida además hasta el último detalle la relación con el espectador, brindando un trabajo serio en la temática que aborda y en la resolución efectiva en que lo expresa, y permite a su numeroso elenco destacarse en la labor cumplida. 





Arpan, el despertar de Mariano Falcón. Elenco: Mariano Falcón, Nicolás Rieznik Aguiar, Gabriela Julis, Agustina Cipolla, Malena Finamore Catz, Ioshua Fontana Gomez, Mariano Falcón, Ariel Nesterczuk, Guido Passafaro, Mariano Scovenna, y el grupo de niños de los talleres de la escuela. Sala Andamio 90. Director: Francisco Ramírez.






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martes, octubre 29, 2013

Arpan, el despertar de Mariano Falcón




La pieza plantea la duplicidad que anida en el ser humano con relación a todo lo que el mundo moderno pone a su alcance: por un lado adhiere absolutamente a  lo que brinda la tecnología, tanto en el terreno de las ciencias como en el de la comunicaciones y por otro, se espanta y discursivamente defiende la preservación del medio ambiente. Duplicidad en el hombre común, hipocresía en los sectores que detentan el poder; en quienes gobiernan el destino de los países y en quienes, en connivencia,  invaden el mercado con  ambiciosos y multimillonarios adelantos científicos y tecnológicos.
La escena comienza mostrando la playa sucia, con  deshechos cibernéticos: monitores, teclados y celulares rotos y además, latas, cartones de todo tipo. Suciedad producida por todo lo que indiscriminadamente llega hasta el mar. En el escenario aparecen niños vestidos como aldeanos que dicen estar esperando al “Guerrero del arco iris”, mientras a foro se proyectan bellísimas imágenes de paisajes de mar, montañas, llanuras y bosques. Luego y con otro tipo de proyecciones apocalípticas una voz en off narra cómo era el mundo y en qué se transformó, en ese espacio aparece, como “arrojado”, ARPAN. A partir de este momento, este joven, que no sabe dónde está ni por qué llegó hasta allí, se encontrará con Añac, “Peregrino de las mil semillas”, quien le presentará a la reina Gaia, madre de la naturaleza y a un conjunto de niños que colaboran con ella, entre esos niños está Begonia que tuvo un crecimiento desmedido y su amigo a quien le crecieron desmediamente también sus bigotes por tantas mutaciones como provocan los excesivos fertilizantes. Y en otros momentos,  tiene que enfrentar a las fuerzas del mal: a cuatro hombres que como autómatas repiten el discurso del poder con el cual pretenden automatizarlo y dominarlo también a él y al gigante, que personifica ese poder, quien a su vez está secundado por una enorme y malvada ballena.  Añac le explica a ARPAN que la ciencia a veces cierra caminos allí donde parece abrirlos, que su nombre significa “Armador de Pandemias” por los desastres causados pero que esperan que eso pueda revertirse. ARPAN se da cuenta que no es casual que al llegar a ese espacio haya encontrado los regalos del camino: una pequeña bolsita con semillas y tal como se lo dice Añac, “mientras haya semillas vivas la verdad brotará siempre”.  Hacia el final, todos los que representan el mal y la destrucción parecen lograr su objetivo: apoderarse de la voluntad de ARPAN, éste lucha desesperadamente mientras sostiene en una mano la bolsita con las semillas y en la otra, la bolsa de las monedas de oro. Triunfa la primera opción y el mundo parece encaminarse hacia una vida mejor.
            La pieza está muy bien estructurada  pero tiene cierta complejidad, las distintas escenas se suceden en forma muy rápida y el texto es semánticamente denso. El ritmo, ágil y sostenido y la historia que se va haciendo “atrapante” logra mantener la atención de los chicos, por momentos nos parece estar participando en un juego de competencia interactivo, a los que están tan acostumbrados los niños.
            Los personajes están muy bien definidos. Destacable la actuación del protagonista, sus desplazamientos, ágiles, acrobáticos y por momentos bufonescos, unidos a la gestualidad, plena de matices que muestra a un personaje temeroso, servil y desafiante según convenga, la transforman en un elemento clave del sostenido ritmo escénico del que hablamos anteriormente.   Algo interesante, que nos retrotrae a Hugo Midón (La familia Fernández, 1999 y Derechos torcidos, 2005), en el elenco participan varios niños. Esos niños son alumnos de la escuela de teatro de Andamio 90. La dirección logra un trabajo coherente que une la experiencia de los actores adultos a este semillero sumamente prometedor. En las actuaciones se acentúan los aspectos teatralistas. En la espacialización se ha buscado el equilibrio en la distribución de los personajes (muchos en algunas escena) pero armónicamente organizados entre escenario y piso. La vestimenta presenta, colores fuertes en los personajes positivos, oscura en las fuerzas del mal. La puesta tiene atmósfera de cuento maravilloso hasta el dificultoso periplo de ARPAN nos ubica en el “había una vez del periplo del héroe”, pero también presenta un lado “dinámicamente oscuro” ante el que la humanidad debe estar muy alerta. Puesta para reflexionar, puesta con “moraleja”.






Arpan, el despertar de Mariano Falcón. Elenco: Mariano Falcón, Nicolás Rieznik Aguiar, Gabriela Julis, Agustina Cipolla, Malena Finamore Catz, Ioshua Fontana Gomez, Mariano Falcón, Ariel Nesterczuk, Guido Passafaro, Mariano Scovenna, y el grupo de niños de los talleres de la escuela. Sala Andamio 90. Director: Francisco Ramírez.






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