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lunes, agosto 15, 2011

Punto muerto en un carril de sentido único de Judit Gutiérrez


En el espacio Entretelones, tres jóvenes actores bajo la dirección de Judit Gutiérrez presentan una inquietante puesta teatral, que apela a la performance, a la interpelación a un público que está desacostumbrado a abandonarse al juego y proponer direcciones diferentes al relato, sin embargo, logra mantener desde la atemporalidad (marcada ya desde el vestuario, que mezcla registros de épocas) la sensación de la repetición eterna de los acontecimientos; y provoca una tensión que no cesa, sino que permanece aún después de que todo ha concluido. La dificultad de dar curso al aplauso, a pesar de darnos cuenta que llegó el momento del agradecimiento al trabajo presenciado, habla de una percepción, de un sentir en el espectador que ha sido atravesado por la textualidad espectacular y opta por la reflexión silenciosa para canalizar las sensaciones físicas en pensamiento y no en la dicotomía habitual, bueno o malo, me gusta, no me gusta. O bien siguiendo a Eugenio Barba:
[…] esto quiere decir, para el espectador, que cuanto más difícil le resulte interpretar o valorar inmediatamente el sentido de cuanto ocurre bajo sus ojos y ante su mente, más fuerte es para él la sensación de vivir una experiencia. O bien, dicho de manera más oscura pero tal vez más próxima a la realidad: más fuerte es la experiencia de una experiencia. (1990:78)

En el inicio, los personajes se presentan a sí mismos en el hall del teatro, y desde pequeños gestos, la música y el texto que abre y cierra la obra, anticipan cuál es, en parte, su temática. Sólo que el texto pronunciado por la mujer, Gastón, Juliana Bettinelli, luego del desarrollo de la intriga, está cargado de una significación que escapa en un principio, a la decodificación sencilla. Una puesta cargada de símbolos, una alegoría de todos, de la sociedad, del país, del mundo; de las relaciones de poder, del hombre lobo del hombre, del lugar de la mujer, el último eslabón de esa cadena que ha perdido todo desde la pérdida de su identidad y de su memoria, es decir, de la posibilidad de ser libre1. La libertad y el deseo, obturados, clausurados, en la figura de Ester, el hombre, Esteban Blatt, sometido a voluntad por el deseo de ser Uno, Tomás Raskin, cuyo tiempo será cuando, Uno duerme, o cuando éste necesite que sea el brazo ejecutor que aniquile a quien se rebela. La crueldad, el trabajo con el cuerpo atravesado por el mal, como víctima o victimario, en una cinta de moebius que no descansa. Uno es el mal lúcido, sutil, que no requiere de brusquedad, que da órdenes que parecen sugerencias o pedidos, que se hace fuerte a partir del saber ignorado por los otros, y sobre todo del servilismo de los Ester, que intentan seducirlos inútilmente. Son los comedores de sobras, de las sobras del poder, que se sienten más porque descargan su furor y frustración en los otros, en los supuestamente débiles, pero que son sin saberlo lo que los sostienen. Uno2 es un personaje cruel, que goza con la humillación del diferente, y Tomás Raskin logra componer su personaje con todas las líneas de su maldad, esfumadas en una sonrisa cínica y suficiente ante la ignorancia de Gastón o la impaciencia de Ester. Así, Uno es como un personaje andrógino que interrumpe en el escenario personificando al poder en su forma más despótica. Cada performer busca la ruptura del equilibrio, de lo esperado por el espectador, mediante recursos “extracotidianos”, recursos que se basan en la alteración de ese equilibrio y logran capturar la atención del público mediante una síntesis dramática, por ejemplo, la discordancia entre el nombre del personaje y el actor/actriz que lo representa. Mientras en la pantalla se observan imágenes aparentemente inconexas como un sacacorchos que gira lentamente, en el espacio real representado se ejerce también un movimiento de fuerza y de torsión, de violencia implícita y explícita, como si no se alterara el orden consuetudinario. Incluso el título, Punto muerto, como aglutinador sémico da cuenta de la manera en que el poder y la crueldad son ejercidos solapadamente, de como se naturaliza y a su vez necesita de esos otros para ejercer un control despiadado. Punto de “equilibrio”, como cuando la suma de todas las fuerzas es igual, o sea se compensan, así las fuerzas son ejercidas en “orden”, como si fuera algo tan cotidiano como desgranar un racimo de uvas. Para algo tan perturbador es muy difícil hallar un concepto que lo defina, y este es el logro del texto espectáculo en su totalidad.








Punto muerto de Judit Gutiérrez. Elenco: Juliana Bettinelli, Esteban Blatt, Tomás Raskin. Puesta de luces: Carolina Bustamante. Música original: Esteban Blatt. Video y fotografía: Judit Gutiérrez. Asesor de vestuario: Martín Simone. Intérprete musical: Magali Ottaso Losevich. Dirección: Judit Gutiérrez. Espacio Entretelones: Viernes 22hs.







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Barba E. y Savarese N., 1990. “Dramaturgia”, en El arte secreto del actor. México, Pórtico de la Ciudad de México: 76-82.






1 El texto de Eduardo Galeano pareciera sobre volar la puesta en estos versos:
Los Nadies
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.


2 Uno es un personaje universal, anónimo en una crueldad que no se corresponde con un solo hombre, sino que cambia de nombre y escenario, pero que repite con una teatralidad recurrente el mismo designio de horror. Como en la letra de Tertuliano de Liliana Felipe, el poder cambia de rostros, se esconde tras máscaras diferentes, algunas más siniestras que las otras, pero tras el juego de carnaval lo que queda es la banalidad de su mal:
A ver Quintiliano
Qué clase de hombres eran los romanos?
A ver, Cómodo, a ver,
Qué clase de hombres siguen siendo los cristianos?
Pueden ser cuestiones tusculanas pueden ser…
Pero pregunto cómo le vamos a hacer, ceder, toser, coger,
lamer, beber, lamer, beber, coger?
Apuleyo, Diocleciano, Escipión el Africano,
todo es nulo, todo es nulo…
Rutiliano, Estrabón, Polibio, Ninfido y Trajano,
todo es nulo, todo es nulo…
De qué les ha servido su terminación?
La estoica, la peripatética y la académica…
Si a Tertuliano, se le hincha un huevo
y destruye de un huevazo todo todo lo pagano!
A ver Quintiliano
Qué clase de hombres eran los afganos?
A ver, Cómodo, a ver, Qué clase de hombres son los norteamericanos?
Pueden ser cuestiones tusculanas pueden ser…
Pero parece que matar les da placer, matar les da placer, matar les da placer.
Aquí estamos sus pendejos, menos mal que estamos lejos, aquí estamos sus pendejos.
Tiren bombas y misiles, contra todos los civiles.
Mueran cientos. Mueran miles.
De qué les ha servido su preparación?
La estoica, la peripatética y la académica…
Si a Tertuliano, se le hincha un huevo
y destruye de un huevazo todo todo lo pagano!
A ver Quintiliano, qué clase de hombres fueron los humanos?





miércoles, mayo 11, 2011

Sumergidos…y que hacemos ahora que estamos contentos…


Absurdo teatro
Por la Compañía Mixto

El Grand- Saint-Antoine al pasar ante Cagliari no depositó allí la peste, pero el virrey percibió en sueños algunos de sus efluvios y no negaremos que entre la peste y él haya habido cierto tipo de comunicación, en extremo sutil, pero mensurable, ya que es demasiado sencillo atribuir la difusión de tamañaza enfermedad al simple contagio por contacto.

(Antonin Artaud)


María de los Ángeles Sanz


Un espacio por debajo del mundo, el mundo un barco, la vida es un barco y los personajes están sumergidos por debajo de ese mundo, en la bodega, alejados de todos, como apestados, con una misión que ignoran y que se resume en la sobrevivencia. El espacio escénico, reproduce desde los objetos el locus donde los personajes viven en una atemporalidad aterradora la degradación de sus vidas, de hombres a animales, a cosas, a material de desecho. Elementos que si en un primer momento parecían sólo ilustrar el recorrido discursivo, luego el espectador comienza a comprender su verdadera carga simbólica. La luz y su ausencia, que abre y cierra las situaciones que se tejen en un presente continuado, acelera en su proceso el desenlace; con secuencias más extensas en un principio y que luego se van comprimiendo en la duración mínima de luz /apagón. El trabajo de los dos actores con el cuerpo, atravesado por la crueldad del encierro sin sentido, y el tiempo sin límite, -tiempo subjetivo, tiempo no cronológico-, va en su devenir a la nada, señalando su transcurso, como las hojas de los árboles en Esperando a Godot. La presencia en el sistema teatral de Buenos Aires de puestas que se construyen a partir de los procedimientos del absurdo de amenaza, es un punto de reflexión; ya que éste sitúa a los personajes en una situación cotidiana, en espacios claustrofóbicos, de donde aparentemente se podría salir, pero cuya fuga es evitada por una amenaza indefinida, de rostro desconocido, de nombre insospechado, que siempre proviene del afuera. Es aquello que sumerge a los personajes de la puesta, cada vez más en su propia destrucción, y que cuando uno de ellos se atreve a romper con la barrera que los separa, el retorno es inevitable, ante el horror que los espera. Siempre el mal que acecha, el espanto que los rodea, es aún más terrible, que dejarse no ser dentro del vientre de la ballena. Por otra parte, ese cuerpo que ocupa el espacio de todas las maneras, y el monólogo final, recuerda al teatro de la crueldad, donde Antonin Artaud, compara al teatro con la peste, y asimila ésta última no a la propagación de un bacilo o microbio, sino a un momento histórico que produce en las mentes de los protagonistas la situación que provocará la llegada de la mortal epidemia:

Sería conveniente que el tal doctor dijera de que manera absolutamente todas las grandes pestes, con o sin virus, se extienden por cinco meses y luego decae su virulencia, y cómo fue que aquel embajador turco que pasó por el Languedoc a fines de 1720 logró trazar una línea imaginada por él que atravesaba Avignon y Toulouse, y unía Niza y Burdeos, señalando los límites geográficos del flagelo. Y por qué los acontecimientos se dieran de tal manera. (Artaud, 2002, 18)

Si el absurdo es la poética que habla del sin sentido en el mundo, que deconstruye el lenguaje para develar una realidad que no aparece en el discurso, la permanencia necesaria de su expresión en nuestro teatro, nos dice desde esa lengua fragmentada, de la banalidad que la palabra ha adquirido, del descreimiento en su significancia y del vacío de su semántica. Si lo político suele ser, en el mejor de los casos, una puesta en escena bien instrumentada desde el discurso, al teatro le queda la opción de romper con su la literalidad y construir desde los cuerpos y las acciones, una otra verdad posible, que nos permita al menos la discusión dialéctica.1 Los seres atrapados en la bodega, llevados al paroxismo por las muy buenas actuaciones de Ezequiel Pandolfi y Claudio Loello, nos narran una peripecia mínima que puede ser leída en clave universal2. La dirección de Fabio Tiberi concreta con eficacia la armonización de todos los elementos presentes en el espacio escénico bajo la precisa mano de Ricardo Sassone, la utilización de los objetos, la excelente presencia de la luz, la inquietante música dodecafónica de Diego Dzilovski que acompaña el viaje, y los cuerpos transitados por el abandono, el hambre y el deseo.



Sumergidos de Compañía Mixto3. Elenco: Ezequiel Pandolfi, Claudio Loello. Música original: Diego Dzilovski. Diseño escenotécnico: Ricardo Sassone. Producción escenográfica: Compañía Mixto. Realización de vestuario: Compañía Mixto. Diseño Gráfico: Darío Odriozola. Dirección: Fabio Tiberi. Teatro Entretelones: E. Martínez 1427.




Artaud, Antonin, 2002. El teatro y su doble. Buenos Aires: Retórica Ediciones.

Bertol, Rody, 2009. Inversión, fracaso y sentido. En algunos modos de la puesta en escena. Rosario /Santa Fe: Centro Experimental Rosario Imagina. Instituto Nacional del Teatro.




1 “Pues de la misma manera que los cuadros de la peste, un poderoso estado de caos físico, son algo así como las postreras descargas de una fuerza espiritual en declinación, las imágenes de la poesía en el teatro tienen poder espiritual porque comienza su trayecto vital en lo sensible dejando de lado la realidad”. (Artaud, 2002, 21)

2 Como afirma Rody Bertol: “Experimentamos en el teatro que el sentido es un adolescente demandante, en tanto el sentido se apresura a dar sentido, el que reafirma o el que tienta lo novedoso. El actor afirma y se desmiente, dice y se desdice con su cuerpo, actúa la palabra en la acción, en la polifonía de la voz, con la sensualidad, la plasticidad y el tiempo de esa palabra. La puesta organiza los signos deliberadamente, en la sospecha o en la complicidad de una realidad ausente, interviniendo un modo velado, para que en definitiva provoque la fuga de un sentido, o la posibilidad de deslizarse sobre varias líneas de sentido a la vez. (Bertol, 2009, 27)

3 La compañía MIXTO se crea en el año 2007. Su primer trabajo de investigación se centró en la problemática de las mujeres golpeadas, lo que desembocó en el abordaje de “Los Perros” texto dramático de la autora mexicana Elena Garro. La obra fue estrenada en el Teatro Andamio 90 en Noviembre de 2007. En el año 2008 el grupo investigó en el género cómico a partir de textos de diversos autores teatrales y también de los integrantes de la compañía, en constante articulación con el lenguaje musical, lo que dio origen al segundo espectáculo: “Nes pas casualité” varieté de humor con música en vivo. En el año 2009 empieza a investigar en el género absurdo a partir de textos de Samuel Beckett y Eugene Ionesco. Durante los ensayos empieza a quedar configurado un texto propio, con inter-textos de Beckett y de Antonin Artaud, de nombre “Sumergidos”, en el cual la compañía trabajaría hasta la actualidad. Paralelamente en el 2010 el grupo comienza los ensayos de una nueva obra, que aun no se titula, y en la que se investiga a partir de la obra de Alejandra Pizarnik con un soporte estético de Teatro-Imagen. Los roles dentro de la compañía varían según el espectáculo a conformar. La dinámica es de constante desarrollo grupal e individual en función de las necesidades que se presentan en cada desafío. No se trabaja en modalidad de cooperativa con producción, dado que uno de los integrantes es quien aporta el capital para la ejecución de los proyectos. Integrantes de la Compañía: Romina Michelizzi; Claudio Loello; Ezequiel Pandolfi; Ayelén Díaz González; Fabio Tiberi; Diego Dzikovski; Darío Odriozola. http://www.entretelonesteatro.com.ar/




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