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lunes, febrero 18, 2013

La Colección de Harold Pinter




"Esto nunca ocurrió. Nunca ocurrió nada. 
No ocurrió ni siquiera mientras estaba ocurriendo." 
H. Pinter.1


Cuando Harold Pinter tituló La colección a su pieza, lo hizo siguiendo uno de los preceptos del absurdo, desconcertar al espectador desde el principio, es decir, si de algo no se habla en su obra es de colección alguna, salvo tangencialmente y como una de las características del dueño de casa donde habita Bill. Porque en realidad lo que interesaba al autor de la década del sesenta que buscaba hablar de la incomunicación del lenguaje a través del lenguaje era llevar al destinatario por una vía equivocada que lo arrastrara hacia una reflexión que no había buscado y con la cual le costaba conectarse. El estreno de la obra  se produjo en la televisión inglesa en 1961, la pregunta es de que nos habla a los espectadores de la segunda década del nuevo siglo, la obra del dramaturgo inglés. La respuesta parece obvia, en un mundo donde la incertidumbre es la única certeza posible, La colección, una vez más es una respuesta ante las acciones humanas que aparentemente triviales, nos dejan el sabor agridulce de lo oculto, de lo posible, de lo ocluido y no narrado pero que se escapa a través de los intersticios del discurso. De las mentiras preferibles a las verdades desconcertantes que nos llevarían a asumirnos. Agustín Alezzo como director que conoce los fundamentos de la poética pinteriana, buscó en la puesta reproducir el clima de época, y construir un espacio flemáticamente inglés ante la situación pasional de una posible traición. De allí el tono de las actuaciones, donde se pone el acento en el uso de la ironía, y el doble sentido. Para lograrlo, nos sitúa en un espacio doble, simultáneo, donde podemos ver pasar el tiempo de dos parejas, Harry y Bill, Stella y James, que se cruzan en un instante donde todo podría cambiar para ambas, y que sin embargo, luego de la posible revelación vuelven al principio. Es un acierto de esta puesta, en particular, como el dispositivo lumínico construye la atmósfera necesaria, especialmente al inicio, y como delimita el espacio escénico donde la incomunicación es el eje principal. Una puesta en escena que no termina de amalgamar la trayectoria del autor y de su director, quizá el tiempo real del hecho teatral no juega a favor cuando hay medio siglo entre ambos dramaturgos y la era del zapping ha modificado, inevitablemente, nuestra percepción. El teléfono como elemento funcional para el avance de las acciones, procedimiento caro a la dramaturgia de Pinter, deja a las claras la intención de mantener un tempo real a la escritura de la pieza, y anacrónico al presente de la acción, al igual que el vestuario, y la escenografía. Esta reproducción realista del espacio se contrapone a la atemporalidad de las acciones, y la búsqueda de un género como el absurdo.







La Colección de Harold Pinter. Elenco: Manuel Elizondo Hourbeigt, Sebastián Argañaraz, Lorena Sainar, Federico Tombetti y Matías Leites. Diseño escenográfico y vestuario: Agustín Alezzo. Dirección: Agustín Alezzo. El Camarín de las Musas.





http://www.elcamarindelasmusas.com/plays/view/134







1 Comentario irónico del dramaturgo a propósito del silenciamiento de las atrocidades cometidas por los Estados Unidos en el extranjero.







 

lunes, diciembre 24, 2012

¡Ay Carmela! de Sanchis Sinisterra


La puesta de la pieza del autor español que trabaja sobre la suerte de dos cómicos de la legua durante la guerra civil española, tiene en la versión de Carlos Belloso1 un punto de vista que pone el acento en el cuerpo y la voz de los actores y elimina todo artefacto que pudiera distraer al espectador de la tensión dramática que se instala cuando Paulino, solo, comienza su recitado a la vez que produce aquello que no puede evitar pero que también es un recurso desesperado de su trabajo, el elemento sonoro de la cantata de sus pedos. Carmela y Paulino se reencuentran en un no tiempo, en un espacio aislado del horror que los invade, uno tratando de sobrevivir en él, la otra trayendo en su llegada un recuerdo doloroso y eterno. El tablao que se alza en el medio del espacio escénico, es también la posibilidad de entrada y salida de los personajes que narran entre el presente de la acción, y el relato suspendido, una noche, la noche del espectáculo infame que provocará en Carmela una respuesta digna delante del enemigo, el propio Francisco Franco. Tanto Belén Santos como Adrián Venagli, construyen sus personajes con la fuerza y la ternura necesarias para lograr la empatía con el espectador y llevarlo desde allí a un pasado que tal vez para muchos sea también un trozo de la propia historia. La composición que realizan logra infundir a sus criaturas la densidad que permite penetrar en ese mundo escindido entre el valor de vivir y el valor de morir por una causa. De lo absurdo de esas vidas marcadas por el enfrentamiento fraticida, surge la fragilidad de un arte popular que de pueblo en pueblo llevaba un poco de alegría, música y humor a los fatigados habitantes mientras a sus actores les permitía malvivir entre las bombas y los escombros. Sueño, delirio, realidad se suman al relato, y la dirección vira a la oposición de los contrarios para producir los climas que se producen entre ambos. En esta su segunda temporada, la madurez del trabajo permite una relación de mayor profundidad con el texto de Sinisterra, y una presencia segura en el espacio escénico que se trasmite al espectador y lo involucra desde lo visceral. Belloso como director ya ha realizado otras puesta en escena pero en ésta, en especial, también ha efectuado el diseño de luces, un gran acierto pues le imprime un juego de luz y sombras que permite una mayor focalización de la experiencia expectatorial en un espacio lúdico despojado y amplio, una imagen visual muy plástica. Al inicio, por ejemplo, la figura femenina surge entre las penumbras, solo es recortada su silueta por la iluminación mientras su rostro nos es vedado, así el espacio virtual representado es introducido a partir del dispositivo lumínico. Si el texto dramático (1987) nos sitúa en un espacio-temporal donde los límites entre la vida y la muerte se borran, donde el humor se confunde con el miedo, el amor y una cierta inocencia infantil conviven con la destrucción, en su sentido más amplio, de la Guerra Civil Española; el texto espectáculo (2012) actualiza la cruenta dictadura de Franco (1936/39) con economía de recursos y con la conjunción de todos los sistemas significantes logrando un hecho teatral dinámico, sucinto, acorde a la vertiginosa cotidianidad a la que estamos expuesto en nuestra sociedad mediatizada. Podemos afirmar que junto con Granos de uva en el paladar logran el encuentro entre nuestra historia reciente y un pasado, que desde un tronco histórico común, nos pertenece y nos atraviesa.









¡Ay Carmela! de Sanchis Sinisterra. Elenco: Belén Santos, Adrián Venagli. Asistente de dirección: Daniela García. Diseño de luces: Carlos Belloso. Vestuario: Beatriz Di Benedetto. Coreografía: Karina Kogan. Fotografía: Russarabian. Realización de vestuario: Fátima Macera. Operadora de luces: Cristina Lahet. Dirección: Carlos Belloso. El Camarín de las musas.

















Hopkins, Cecilia, 2012. “El estímulo del Unipersonal” en Página 12, sección: Cultura y Espectáculos, 20/1.







1 Carlos Belloso es un actor reconocido desde su participación en el under de los ochenta con el dúo que formaba con Damián Dreizik , Los Melli, de allí su paso por la televisión sin abandonar el teatro; el personaje que lo hizo famoso, El Vasquito, en Campeones (1999/2000) dio lugar a numerosas  intervenciones en el género novela, Sos mi vida, junto a Natalia Oreiro sólo para mencionar uno de sus trabajos o en miniseries comprometidas con la realidad social, es el caso de Tumberos, el cine lo tuvo como actor también, entre otros filmes La niña santa, su última intervención en televisión fue El donante (2012) Sin embargo su trabajo como director teatral no es tan reconocido por el espectador en general; en una entrevista para el diario Clarín: “Soy un fanático de Nerón” el describe el lugar de la dirección:  “Me gustan los directores que me dicen que no quieren de mí nada de lo conocido. Soy de los que piensan que el actor debe ampliar su conocimiento y expresar una idea bien dicha. No me gusta quedarme al lado del celular esperando que me manden una obra. Mientras espero, escribo mis propias palabras. Es una necesidad vital. Hay actores que necesitan decir las palabras de otro, y punto. No me parece mal, pero el actor completo, para mí, es el que puede escribir sus propios textos. (…)Un buen director tiene que entender la obra más que yo. Debe llegar a un estado de comprensión absoluta de la pieza y mover a los actores como marionetas. Si lo logra, me entrego totalmente.”  Me gusta dirigir obras sin una producción pretenciosa, tal vez porque me gustó siempre lo artesanal”, cuenta el director y agrega: “Para mí, lo más importante es lograr que se luzca el actor y que el texto sea el resultado de una creación propia”. (Hopkins, 20/1, 2012)

Como actor en el teatro en el 2011, llevó adelante el personaje de un homosexual en El Cordero de ojos azules de Gonzalo DeMaría. Su anterior trabajo en dirección fue Un poco me molesta, pero un poco no con Pablo Picotto como actor de un excelente unipersonal, también  había dirigido Relajado (2010), la obra que protagonizó Martín Rocco en el Teatro del Nudo y Criticonas y su secuela, Criticonas 2, que fueron dos espectáculos que tomaron como eje el stand up, si bien el segundo se propuso enmarcarlo en una situación teatral.




lunes, octubre 29, 2012

Manipulaciones III: El banquete Una aproximación teatral a El Matadero de Esteban Echeverría de Gastón Mazières



No quedó en el matadero ni un solo ratón vivo de muchos millares que allí tenían albergue. Todos murieron o de hambre o ahogados en sus cuevas por la incesante lluvia. Multitud de negras rebusconas de achuras, como los caranchos de presa, se desbandaron por la ciudad como otras tantas arpías prontas a devorar cuanto hallaran comible. Las gaviotas y los perros, inseparables rivales suyos en el matadero, emigraron en busca de alimento animal. Porción de viejos achacosos cayeron en consunción por falta de nutritivo caldo; pero lo más notable que sucedió fue el fallecimiento casi repentino de unos cuantos gringos herejes que cometieron el desacato de darse un hartazgo de chorizos de Extremadura, jamón y bacalao y se fueron al otro mundo a pagar el pecado cometido por tan abominable promiscuación. (E. Echeverría)


Como Borges en la “La noche de los dones”1 Starosta y su grupo el Muererío  cruza dos textos fundamentales de nuestra literatura; el relato de Esteban Echeverría “El Matadero” y  el poema  “La Refalosa” de Hilario Ascasubi. Cada una a su manera da cuenta del imaginario que la mirada unitaria tenía sobre los procederes del gobierno de Juan Manuel de Rosas y sus  acólitos, la chusma y la mazorca. No es casual que Borges tome estos dos textos fundantes para la construcción de su relato ya que su punto de vista se suma al de ellos. Estos textos fundantes de una sociedad que nace a partir de una violación y una muerte, marcaron a fuego las futuras interpretaciones de nuestra identidad nacional. Esta propuesta, la tercera que cierra una trilogía, por demás interesante, propone en un espejo retrospectivo la celebración dentro de la élite, de la generación del ’80, aquella que pone en acto lo enunciado en el ’37 por los intelectuales del Salón Literario, una nueva versión de la barbarie, una nueva figura de la víctima. Starosta invierte los roles, ejerce sobre los textos una lectura que se potencia con la distancia histórica. Una mesa que reúne a los descendientes de aquella tragedia y que en su desmesura, acusa la violencia de la fuerza del vencedor que toma como un juego de representación el relato anterior, y lo transforma en arma de juzgamiento y castigo. Starosta trabaja coreográficamente las acciones y visceralmente las expresiones de ese rencor que no cesa y que se descarga sobre el vencido, con la misma crueldad que aquella que narra el relato de Echeverría. De la literatura, al teatro, de la Constitución Nacional al Matadero, las fuerzas que mueven una oposición visceral son puestas en acción a través de la manipulación de los cuerpos como marionetas de un tabladillo levantado para mostrar y mostrarse al otro. Un otro que siempre es el enemigo a quien hay que humillar, dominar y destruir. Desde el soporte de la palabra al soporte de la imagen, la inversión del ejecutor de la violencia se da en los personajes que parodian el relato de Echeverría desde su condición de clase, pero llevan en sus ropas los signos inequívocos del adversario; mixtura que pone en acto nuestra condición, la feroz naturaleza de nuestros actos. El Centenario fue por otra parte, el escenario de otras barbaries para la élite de la oligarquía liberal, la que detentaban los inmigrantes y su ideología anárquica. Con la chusma federal podían jugar y fantasear desde la broma cruel porque sentían que habían dominado una estirpe, contra la otra, a la que temían aún más, libraban las primeras batallas. Contra esa nueva presencia los personajes en la puesta descargan en la mesa del Banquete toda su artillería verbal. El personaje de la francesa, exotismo de los hijos de la riqueza hacendada, recién incorporada, como en el tango2 venida a estas playas por amor a un argentino, es junto a la servidumbre el centro de la rabia. La atemporalidad de la puesta se ve atravesada por un vestuario impecable que nos traslada a la mitad del siglo XX y por una esquela que anuncia la no llegada del “coronel”; otro hito histórico donde la mirada de la élite vuelve a construir la barbarie en el diferente, el que proviene del interior del país, aquel que parece no cejar desde nuestros inicios, de acechar a la ciudad civilizada, empujando su límite hacia el centro de su corazón.  En ese banquete donde el objeto “alimento” es también determinante de una clase desde el relato de Echeverría, la chusma come entrañas; Starosta resuelve con un gesto propio de la élite actual la diferencia, cuando en vez de asado lo que la mesa de los poderosos consume es fruta, clave de época, para una élite que además de defender sus privilegios deja su marca en el cuidado intensivo de la salud y el cuerpo. Con un cuerpo en permanente desequilibrio3, que juega en su posibilidad del encuentro con otro cuerpo para establecer un eje, la compañía el Muererío da cuenta esta vez del cierre de una trilogía que comenzó en 2009 con Bacantes. El banquete es el reverso del espacio del matadero, -del lugar de la sangre y la muerte, habitado por la chusma federal, según la mirada de Echeverría-, el locus de la lujuria de la élite que contrapone culturas, la oralidad a la literatura letrada. El banquete, por otra parte, tiene desde Platón una relación con lo metafísico y lo carnal. En esta misma línea el texto de Leopoldo Marechal El banquete de Severo Arcángelo en sintonía con la puesta de Starosta, sitúa en el espacio de lo civilizado y lo culto la barbarie más infame, allí donde todo se confunde:

Algunas veces –comenzó a decir Farías- he pensado que la concepción del Banquete monstruoso, tal como se dio en Severo Arcángelo, sólo pudo cuajar en Buenos Aires. Porque Buenos Aires, en razón de su origen y de sus todavía frescos aluviones, no es una sola ciudad sino treinta ciudades adyacentes y distintas cada una de las cuales aprieta su mazorca de hombres y destinos en interrogación. Sólo un alma bruja como la de Severo Arcángelo pudo entresacar hombres y mujeres de tan diversos mundos, para unirlos en un collar armónico y sentarlos a la mesa de un Banquete que tanto se pareció a un aquelarre. (Marechal, 2001: 18)

Un texto espectáculo profuso, de una textura especial organizada a partir de este doble discurso verbal - corporal, que necesariamente requiere de un espectador atento. Manipulaciones, explicita a través de las imágenes auditivas y visuales, que en esta tercera obra alcanza una estilización y una productividad mayor, producto de la investigación llevada a cabo por su director sobre el dispositivo actor. Si en las anteriores propuestas - Bacantes y Tu cuna fue un conventillo - los personajes / marionetas estaban manipulados por titiriteros / actores, en El Banquete los personajes adquieren cierta autonomía en sus acciones físicas a partir de un equilibrio precario y dinámico. Siguiendo a Barba, hay un abandono:

…de un equilibrio cotidiano a favor de un equilibrio precario o extra-cotidiano que exige un esfuerzo físico mayor; que implica al cuerpo entero, pero este esfuerzo hace que las tensiones del cuerpo se dilaten y el cuerpo del actor nos parezca ya vivo antes de que el actor empiece a expresarse. (1990: 106)

Esta situación constante de precaria estabilidad permite, a partir del profesionalismo del elenco, que el desplazamiento o la inmovilidad sean, a la vez, coreográficos y viscerales. Inestabilidad orgánica que es ejercida sobre los personajes con violencia física y psicológica, con un elemento que parece unirlos, el vino, y que los transforma como en los rituales bacanales. Estas distintas manifestaciones de violencia están generadas a partir de la fuerza interior de cada actor / actriz. Pues, en esta alteración de su equilibrio corporal los actores se apoyan en su propio equilibro interno generando, a partir del tono muscular y de las sensaciones kinestéticas, las diferentes tensiones y fuerzas que emergen del texto dramático y adquieren una corporalidad propia en el espacio escénico. En esta dinámica esencial se producen múltiples sentidos y se disuelve la histórica dicotomía entre civilización o barbarie, ya que son fuerzas complementarias e ineludible - civilización “y” barbarie – para que el poder diseminado y anónimo de pocos se ejerza sobre muchos, “otros” a los que se les ha invisibilizado sus particularidades.













Manipulaciones III: El banquete obra original de Gastón Maziéres con fragmentos de El Matadero de Esteban Echeverría y La Refalosa de Hilario Ascasubi. Elenco: Moyra Agrelo, Diana Cortajerena, Sebastián García, Federico Pérez Gelardi, Luciano Rosini, y Claire Salabelle. Vestuario: Luciano Rosini. Música original: Adrián Vázquez. Diseño gráfico: Mauroliver. Prensa: Carolina Alfonso. Foto: Ceci Aiscurri | Palitos Chinos. Asistencia general y producción ejecutiva: Daniela Mena Salgado. Escenografía, iluminación, puesta en escena y dirección general: Diego Starosta. Producción: Compañía El Muererío Teatro.








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Barba, Eugenio – Nicola Savarese, 1990. “Equilibrio” en El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral. México: Escenología: 106-126.

Marechal, Leopoldo, 2001. El Banquete de Severo Arcángelo. Buenos Aires: Biblioteca Argentina La Nación.










 


1 Jorge Luis Borges en “La noche de los dones” cruza el poema de Echeverría “La Cautiva” con la novela “Juan Moreira” de Eduardo Gutiérrez, o tal vez con el relato policial que da cuenta de la muerte del verdadero Moreira en el prostíbulo La Estrella a manos del sargento Chirino en 1874. Ya que en el cuento se confunde la entrada de Moreira con un malón de compadritos, lejana de este modo su figura al héroe romántico que construye Gutiérrez.

2 Griseta de 1924  con letra de José González Castillo y música de Enrique Delfino trabaja con la figura de la francesita venida  al país con triste final: Francesita/ que trajiste,  pizpireta, / sentimental y coqueta / la poesía del quartier / ¿Quién diría/ que tu poema de griseta / sólo una estrofa tendría:/la silenciosa agonía/ de Margarita Gauthier? Otro tango que también trabaja en el mismo registro es: Madame Ivonne de 1933, letra y música de Eduardo Ferreyra y Enrique Cadícamo.: Mamuasel Ivonne era una pebeta/  que en el barrio posta de viejo Montmartre, /con su pinta brava de alegre griseta/
animó la fiesta de Les Quatre Arts. /Era la papusa del barrio latino/ que supo a los puntos del verso inspirar. /Pero fue que un día llego un argentino / y a la francesita la hizo suspirar.

3 En la gacetilla de mano se puede leer a partir de que técnicas y procedimientos el grupo llega a elaborar la calidad de su trabajo: “Cuerpos manipulados por otros cuerpos, a la manera de un trabajo con objetos o títeres, donde el centro de gravedad y tensión se ubica siempre entre dos actores o más, provocando una lógica del accionar que se corre de la individualidad. Desde un punto de vista técnico, correrse de la individualidad performática es construir un equilibrio que se organiza cuando el peso de un cuerpo está distribuido entre el propio centro y uno o varios apoyos (…) El trabajo sobre este dispositivo de actuación de manipulación se fue desarrollando y transformando desde el inicio, a partir de unas tímidas pruebas con el mismo en mis clases del año 2006, hasta este presente como materia formal para las obras, las posibilidades y definiciones técnicas que posee, y que voy descubriendo gracias al trabajo de mis actores son muy variadas, y por lo tanto, están en continúa evolución.”






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