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sábado, noviembre 03, 2012

Zubiría y Vergara de Pablo Picotto y Federico Simonetti


¿Quiénes son Zubiría y Vergara además de dos personajes mediáticos? ¿Cuáles son las verdades que “construyen” los medios de comunicación? ¿Dónde quedan las certezas después de ser testigos de cómo se producen, reproducen, inventan, tergiversan los discursos de la televisión? Todo aquello que sospechamos los mal pensados televidentes cotidianos, o por lo menos algunos de ellos, queda desde el humor ácido de Picotto y Simonetti al descubierto. Nos reímos de lo que la puesta nos propone o tal vez de nuestra supuesta ingenuidad cuando somos espectadores de una suma de relatos diarios donde la realidad es la puesta en abismo de sí misma. Una historia de infidelidad, o no tanto, una relación basada en la necesidad de esconder una elección de vida distinta, se vuelve una espiral de sucesos que reproduce todos y cada uno de los tics a los que la pantalla chica y sus seudos programas de información nos tiene acostumbrados. Al borde siempre de lo bizarro, pero deteniéndose en el límite, (aunque algunos momentos podrían atravesarlo) los actores, tanto la pareja central de la historia como aquellos que van constituyendo el universo televisivo, hacen de ese acontecimiento mínimo con que inician el discurso una catarata, una precipitación de gags, que nos muestra el revés de la trama, lo que habitualmente se nos oculta. Como aquel Alberto Olmedo de los años de No toque botón (1981)1 que corría a los camarógrafos y ponía sus debilidades y las de todos en evidencia, la pieza busca desde lo grotesco dar cuenta de las miserias que ocultan las caras visibles de la información. No es casual entonces que su imagen aparezca en los primeros videos de la pantalla, junto con propagandas viejas,  locus que luego se inundará con los noteros de la calle; homenaje merecido a una comicidad que inauguró un estilo desenfadado y polémico, que como dijo Osvaldo Soriano: “Sin el gran Payaso, este país de incautos, melancólicos y rufianes se queda a solas con sus pálidas. Cada uno de nosotros es un personaje de Olmedo que, quizá sin saberlo, se ríe de sí mismo”. Tanto Walter Velázquez desde la dirección como los actores con su impronta y su pregnancia logran desactivar el ordenado aparato discursivo que se pretende auténtico, y como el viejo capocómico nos muestran el sentido tras la semántica de la apariencia a partir de una parodia que descubre las capas de verdad y mentira de la comunicación. Los personajes de Zubiría y Vergara, recuerdan a otros dúos que se hicieran famosos en espacios consagrados, cómplices del poder de turno, y asociados a intereses de compañías internacionales, que los auspiciaban y auspician a cambio de un discurso que los favorezca. Al ingresar a la Sala nos incorporamos al mundo mediático de Canal 6 y, en particular, al set de Z & V, espacio ficcional que los personajes expanden con sus desplazamientos por distintos recovecos, y desde el cual se nos invita a participar aplaudiendo a más de una presentación. El espectador también ocupa el lugar de la cámara, dispositivo que captura imágenes que no son nada azarosas, focalizando su atención y siendo testigos mudos de todo lo que ocurre fuera de cámara. En esta competencia desleal con otra emisora y con los conflictos internos por cuestiones privadas ambos actores con profesionalismo construyen a su personaje - Zubiría y Vergara - desde el complejo lugar donde la información y la ficción se contaminan de manera arbitraria. Los distintos elementos del espacio escénico nos remiten a diferentes noticieros actuales, como en un puzzle multimedia, un constructo para dar cuenta de que siempre hubo, hay y habrá una intencionalidad por parte del emisor y que está naturalizada de tal forma que como receptores aceptamos, en general,  como “verdades”. Un diario televisivo llevado adelante por Picotto, Simonetti y Velázquez – artistas de amplia trayectoria humorística: clown, stand up,…- que crean el clima necesario, en una combinación imágenes visuales y auditivas, para dar cuenta de la complejidad, que no es sólo técnica, del medio de comunicación de masas que más interpela directamente al receptor / espectador: la televisión.
 



Zubiría y Vergara de Pablo Picotto y Federico Simonetti. Elenco: Pablo Picotto, Federico Simonetti, Ricardo Rodríguez Miró, Daniel Niborski, Germán García. Asistencia de dirección: Jimena López. Música Original: Julián Urman. Escenografía: Ariel Vaccaro. Diseño de luces: Ricardo Sica. Vestuario: Alfiler de Gancho: Soledad Galarce. Videos: José Goldemberg , Martín Coto. Fotografías: Laura Raggio. Prensa: Tehagolaprensa. Diseño Gráfico: Martín Acosta – capear! Producción Ejecutiva: Andrea Feiguin. Actores en videos: Carlos Belloso, Jimena López, Nancy Gay, María Cottet, Julián La Bruna, Emilio González Moreira, Pablo Marín, Belén Pedernera, Silvia Barcán, Lucía Barengo y Vinchu Rivera. Dirección: Walter Velázquez. Teatro Anfitrión.








Hermida, Luis María; Satas, Valeria, 1999. TV Manía. Programas inolvidables de la televisión argentina. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.







1 El ciclo que era uno de los éxitos de canal 11 con libretos de Hugo Sofovich, luego pasó a canal 9 con muchos de los personajes que Alberto Olmedo había desarrollado ese primer año: El Manosanta, Chiquito Reyes, y el contrapunto entre Borges y Álvarez junto a Javier Portales, entre otros. El programa prosiguió hasta 1987.



viernes, julio 13, 2012

2012 Stand Up del fin del mundo de y por Tato Broda y Mariano De María


Una historia mínima pero posible en este ajetreado 2012 que nos toca transitar; dos amigos ante la inminencia y la incredulidad del Fin del mundo hacen una apuesta, loca por donde se la mire tanto si acierta uno como el otro. Los mayas y sus pronósticos son el marco para el relato que luego dejará lugar a otras temáticas más cotidianas y exactas. Con la estructura de sketchs y comedia, al que se le incluye dos momentos de stand- up, cada uno a cargo de los  actores/ personajes, la puesta transita el humor para dar cuenta de una realidad que abarca desde el horror de que la profecía se cumpla, hasta el fastidio de los inconvenientes cotidianos de la ciudad, el transporte, la comida, las fobias, el amor, la amistad. En esa dicotomía se construye el show, entre lo macro y lo micro, la Historia con mayúscula que nos involucra como humanidad que puede desaparecer como especie, y las pequeñeces que hacen de este mundo desear la hecatombe.  Libros de pronósticos, Horangel,  el calendario de una civilización perdida, pero que deja un inquietante mensaje con fecha de arribo, y el enigmático planteo de Nostradamus  que acierta porque es tan ambiguo que cualquier explicación le cae como el sayo al que se lo ponga, conforman el universo de creencias de Mariano De María, que nos hace reír a partir de sus debilidades y de sus miedos. Un mate y la realidad como ariete son las herramientas que usa Tato Broda para darle textura a su personaje, y desde allí hacernos su desopilante discurso que nos remite a nuestras propias carencias y fobias. Como Don Quijote y Sancho Panza, los dos personajes salen al mundo, léase escenario, a batirse con gigantes el primero, y a recordarle que son molinos de viento, el segundo. La creencia y el cinismo se cruzan en este comienzo de siglo que amenaza con el ser el último, pero desde la risa provocada por el ingenuidad de lo posible, y la acidez de lo comprobable. El Stand Up como género tiene cada vez más desarrollo en el sistema teatral de Buenos Aires, y  en  su centro de expresión y difusión, el Paseo La Plaza, circunstancia que les permite a los actores en el diálogo intenso con el espectador, exorcizar los fantasmas cotidianos a través de reírse en el entre – todos. Tanto Tato[1] como Mariano[2] y Pablo[3] (en la Dirección) tienen una trayectoria dentro del género y han participado del 5to. Festival Ciudad Emergente, que se llevó a cabo del 06 a 10 de junio inclusive, en el Centro Cultural Recoleta. La obra tiene un ritmo constante con las entradas y las salidas de ambos personajes, con los momentos de breves relatos de vida en voz alta y con el humor dan cuenta de aquellas situaciones cotidianas naturalizadas en las cuales ya no reparamos. Muy pocos elementos en el reducido espacio escénico de la Sala; no es necesario más cuando es el actor quien le da espesor al signo teatral en un mismo acto de construcción y de agotamiento al estar despojado de todo artificio escénico, quedando más expuesto frente a la atención espectatorial; pero a pesar del desafío los actores logran exorcizar los fantasmas de la mirada del otro sobre el cuerpo en escena, captar la atención y la respuesta rápida del público.  En el siglo que comienza con un halo de incertidumbre y la falta de fe en los discursos de la modernidad, sólo el humor parece ser el antídoto para el miedo al futuro, con calendario maya o sin él.







2012 Stand Up del fin del mundo de y por Tato Broda y Mariano De María.
Dirección: Pablo Picotto. Sala Julio Cortázar, Paseo La Plaza.














[1] Creativo publicitario de profesión, ingresó en el mundo del humor de la mano del guionista Víctor Wolf. Más adelante se perfeccionó en la técnica de stand up con Carlos Balmaceda, uno de los máximos exponentes del género. Finalmente, ingresó en la escuela de Marcelo Katz, donde se formó en la técnica de clown. Recorre los escenarios haciendo stand up comedy desde 2010. Actualmente forma parte del show El micrófono no se mancha


[2]  Escritor y humorista, nacido en Buenos Aires. Tiene 24 años y comenzó a hacer humor stand up en 2009. Desde entonces, se presenta regularmente en varios teatros de la ciudad de Buenos Aires y alrededores. Además, cursa la carrera de periodismo, tiene dos novelas de ficción publicadas y en 2009 tuvo su propio programa de radio, donde escribía y realizaba radioteatros en vivo


[3] Nació en 9 de Julio, provincia de Buenos Aires. Estudió teatro con Ricardo Rodríguez Miró (discípulo de Carlos Gandolfo), Marcelo Struppini, EMAD, Centro Cultural San Martín, Miguel Guerberof, etc. Trabajó en distintos roles, desde la producción hasta la actuación para cuatro largometrajes e incursionó en breves presentaciones televisivas. Como dramaturgo es autor de Marlon Brando todo, show para café concert. Es coautor de Criticonas 2 y de Zubiría-Vergara junto a Federico Simonetti, además de trabajar en el guión de varios cortometrajes. Actualmente trabaja en su unipersonal y en la dirección de una obra teatral con dramaturgia propia basada en textos de Chéjov y Lorca




jueves, febrero 09, 2012

Un poco me molesta…pero un poco no de y por Pablo Picotto | Unipersonal



 

Como un mago Pablo Picotto [1] saca sus personajes no de una galera sino de un enorme lavarropas que se encuentra en el medio del escenario, que además cuando comienza la puesta avanza hacia proscenio. De allí, desde ese elemento tan significativo para hablar de los enjuagues familiares, el rey de los electrodomésticos para cualquier ama de casa, uno a uno van surgiendo los integrantes típicos de una familia de clase media de hoy: un niño de cuatro años, un adolescente rastafari, una joven con ambiciones de yuppie, el padre ferretero, la madre columna vertebral de todos, y el abuelo italiano con un pasado fascista, que como se debe en los saltos generacionales se lleva mejor con sus nietos, que con sus hijos. El humor entre irónico, tierno y desenfadado no da tregua al espectador que no consigue no empatizar con alguno de los personajes o alguna de las situaciones. Pablo Picotto tiene talento, mucho talento para construir un mundo a partir de pequeños elementos que logran identificar a cada uno de los personajes, pero para hacerlos vivos y creíbles sin ellos también; hacia el final sin ningún tipo de artilugio sólo su voz y su postura corporal nos hace verlos a todos en escena como si en vez de uno fueran seis los actores en ese espacio de la Sala Julio Cortázar. Quién pueda pensar que todo pasa por reírnos de los otros y de nosotros mismos ante situaciones absurdas de la vida cotidiana, se equivoca; la puesta se atreve a desacralizar desde el humor reflexivo: la familia, el trabajo, las costumbres, las relaciones familiares y vecinales, los ritos tradicionales, los prejuicios de la edad, y hasta la mismísima historia sagrada con Dios incluido; y nos ofrece además una nueva tabla de la ley con siete mandamientos, aggiornada a los tiempos que corren. La dirección artística de Ricardo Rodríguez Miro, junto a la dirección general de Carlos Belloso, logran con el actor el trío perfecto, ya que la puesta armoniza con una estructura sincronizada, que nos devela el muy buen entendimiento de todos. Nos divertimos mucho nosotros, afirma Pablo, se nota en el escenario, agregamos nosotras, porque esa pasión con la que se desarrolla la puesta, se traslada en abiertas carcajadas y espontáneos aplausos de la platea. Con ductilidad el actor en su primer unipersonal logra que los simples elementos, no por eso menos importantes, adquieran un espesor teatral poco habitual. Desde el antiguo lavarropas donde salen los “trapitos al sol”, tanto los limpios como los sucios, y que además se convierte, por ejemplo, en la nave espacial que abre y cierra el espectáculo; hasta una gorra, unos antejos, unas rastras,…., mínimos detalles que hacen a la vida diaria de una familia común. Cada escena o mejor dicho cada personaje, tiene su singularidad y está construido de manera diferente, con algunos rasgos realistas y muchos elementos paródicos. Así, la rapidez de Pablo en la transformación corporal, en la voz y en la mirada logra el ritmo sostenido del espectáculo. En la anteúltima escena, como hemos comentado más arriba, el actor sin artificios se desplaza alrededor del viejo lavarropas, hacia un lado y hacia el otro, como imitando los movimientos del electrodoméstico al lavar y luego al centrifugar. Porque al girar rápidamente y con una fuerza centrífuga permite gracias a su tambor interno agujereado que la ropa quede casi libre de agua. Un poco me molesta…pero un poco no con esta misma fuerza une a dos generaciones, al nieto con su abuelo, pero en especial deja demostrado que sobre el escenario el cuerpo del actor es el principio constructivo por excelencia del texto espectáculo. Por lo tanto, la expresividad corporal funciona como principal soporte y permite una relación directa entre el actor y el espectador. Es un claro ejemplo de lo que afirma Karina Mauro [2] que sucede en la actualidad:



…en muchas obras, los personajes no son susceptibles de que se les atribuya una existencia más allá de su materialidad en la escena. El personaje pasa a ser un rol o un cuerpo que realiza una serie de itinerarios (verbales o corporales) que no puede relacionarse con una persona real de la extraescena. Por eso no se le puede adjudicar ni carácter, ni sentido [3] .


La comedia es un género que no siempre es respetado ni considerado con el mismo valor que el drama y la tragedia, (salvo por el público que lo recibe agradecido cuando tiene la factura de éste) a pesar de que en realidad es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar, sobre todo en estos tiempos que son el paraíso de lo efímero y de la distopía. Por eso, es más relevante la labor que sostiene en el escenario Pablo Picotto, encarnando en su sola figura toda la estructura de una comedia de costumbres, de punzante e irónico humor.





Un poco me molesta…pero un poco no. Unipersonal de Pablo Picotto. Dirección artística: Ricardo Rodríguez Miro. Dirección General: Carlos Belloso. Producción: Germán García. Sala Julio Cortázar. Paseo La Plaza. 

















1
Pablo Picotto nació en 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, desde muy temprana edad comenzó a vincularse con el cine y las actividades referidas al escenario, realizó alrededor de una docena de cortometrajes y comenzó en su adolescencia a vincularse a actividades escénicas, como las danzas folclóricas y el teatro. A los 18 llega a buenos aires a continuar su formación. Estudia teatro con Ricardo Rodríguez Miró (Discípulo de Carlos Gandolfo), Marcelo Struppini, EMAD, C.C.G.San Martín, Miguel Guerberof, etc. Como actor representó unas treinta obras en distintos teatros de la ciudad y el país. Trabajó en distintos roles, desde la producción hasta la actuación para cuatro largometrajes e incursionó en breves presentaciones televisivas en Todos por 2 $ (Canal 7), Los Osos (Canal 13) y otras. Ha trabajado con directores y actores de la talla de Néstor Montalbano (Soy tu aventura, Pájaros Volando, Todo por 2 $), Lito Cruz, Carlos Belloso, Diego Alonso y demás artistas de primer nivel. Como dramaturgo es autor de "Marlon Brando todo", show para café concert. Co- autor de "Criticonas 2" y de "Zubiría- Vergara" junto a Federico Simonetti. Actualmente realiza las obras "El mundo ha vivido equivocado" de Roberto Fontanarrosa, "Club de Humoristas Medianoche" "Criticonas" y "Criticonas 2" en la sala Terraza del paseo La Plaza. Además se desempeña desde hace 5 años como docente de teatro de su propia escuela. Dirige sus muestras y futuros proyectos. Tiene 31 años. (Alternativa Teatral)

2 Doctora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, con el tema de investigación “Técnicas de Actuación en Buenos Aires”. Docente de la Asignatura Psicología del Arte de la Carrera de Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad y en otros cursos y talleres públicos y privados. Ha sido becaria doctoral UBACyT e investigadora del Instituto de Arte Argentino y Latinoamericano “Luis Ordaz” de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Crítica de la página web Alternativa Teatral y de la Revista Teatro XXI, entre otros medios. Actriz y cantante (se ha formado con Ricardo Bartís, Marcelo Savignone, Raúl Serrano, Augusto Fernández y Pepe Bove, y ha participado como actriz en la obra Bacantes, simulacros de lo mismo y en Push up 1-3. (Revista Afuera. Estudios de Crítica Cultural)






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