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jueves, noviembre 21, 2013

Ética, tattoos y saldos | Dramaturgia de Patricia Pardo y Chon González

En el “Ciclo de Teatro Iberoamericano”[1] que se presentó en El Desguace, durante el mes de octubre, fueron tres las obras que participaron del evento artístico: El Almirante de Daniel Kersner (Argentina), Lechuga verde de José A. España (Venezuela) y Ética, tattoos y saldos de Patricia Pardo y Chon González (España). Ésta última es una reflexión “a partir del trabajo escultórico del artista Curro Canavese sobre la cabeza y de los estudios sobre ética y creación del filósofo J. A. Marina”[2]. Una propuesta atrayente, a mitad de camino entre obra de teatro y performance. Patricia Pardo[3], con gran dominio de su cuerpo y con elementos del clown, en la primera parte del espectáculo, le pone el rostro a una “cabeza” que está servida en su correspondiente bandeja sobre la mesa, mientras el resto del “cuerpo” cómodamente sentado en una silla alimenta a “la cabeza” sin que ésta interrumpa su locuacidad filosófica. La gestualidad del rostro de Pardo y el humor que genera nos atrapa mientras reflexiona sobre la ética, la moral, los prejuicios, la creación,…. La segunda parte es más desconcertante todavía, pues su monólogo tiene algo de autobiográfico, algo de didáctico y algo de performance. Es interesante pensar por qué la directora y actriz lleva al límite la exposición física de ella misma en escena realizándole in situ un pequeño tatuaje. Mientras tanto desarrolla el tema del oxímoron, figura retórica que hemos naturalizado sin advertir que son dos opuestos que se complementan de manera perfecta. Su invitación al público a participar escribiendo el oxímoron que pudiera surgir a partir de tres palabras - amor, soledad, infidelidad - tiene una devolución acertada. El mundo del tattoo es cautivador para muchos pues tiene una energía interna que avanza siempre sobre el cuerpo y, a su vez, detiene el tiempo en un momento preciso. Quizá porque es una práctica ancestral utilizada por diferentes culturas y en muchos rituales, el espacio escénico tiene una atmósfera difícil de definir. Posiblemente, por eso, primero presenciamos el ritual público del teatro y luego el ritual privado del tattoo. En éste último, podemos observar cómo Patricia Pardo puede soportar el dolor, sólo como un medio y ante el placer posterior de ver las líneas suaves y en movimiento de un tatuaje más. En esta puesta, en particular, podríamos pensar que el cuerpo escindido cartesiano, quizá planteado al inicio, se ha transformado al finalizar en su contrario, pues ese mismo cuerpo ha adquirido un volumen especial en un instante eterno difícil de borrar. Con profesionalismo la actriz construye dos corporalidades opuestas en el evento artístico para generar una tercera opción en construcción. Un cuerpo atravesado por dos instancias creativas: por un arte efímero y en comunidad como es la representación teatral y por un arte duradero e íntimo como es el tattoo.




Ética, tattoos y saldos por la Compañía Patricia Pardo. Actuación: Patricia Pardo Dramaturgia: Patricia Pardo y Chon González. Prensa: Tehagolaprensa. Teatro El Desguace.













[1] Nos resulta productivo para esta obra, en especial, el concepto de Morin: “El cine es la unidad dialéctica de lo real y lo irreal” (MORIN,  Edgar, 2001. El cine o el hombre imaginario. Barcelona: Paidós: 151).



[2]  Según la gacetilla de prensa


[3] Patricia Pardo (Valencia, 1975): Directora escénica, dramaturga y profesora de escritura dramática en el postgrado “Teatre en l’Educació” de la Universitat de València, es también directora artística y clown de la compañía patrícia pardo & cia, donde la expresión clown y circense convencional y el lenguaje teatral contemporáneo, coexisten. Y donde la dramaturgia y el texto intervienen de manera definitiva. Como autora teatral destacamos: Valèntia (2012), Fer-li l’amor al despropòsit (2012), Séneca ha muerto (2012), Ètica, tattoos i saldos (2011), Retaule de l’abandó (2011), Comissura (2011), Zero Responsables (2010), Confesiones de 7 mujeres pecando solas (2010), T’espere baix (2008), Augusta (2007), Avignon (2007), Construyendo a Verónica (2006), Concilia (2005), A Pedazos (2004), Estem tan bronzejats que fem una mica de fàstic (2003), Boston (2001), Dies d’ensalada (2001), Amors impossibles (2001), Circosi (2000), Un de sol (1999), Cotxes (1999), Espinacs (1999), …i perdona per les faltes d’ortografia (1998). Ha publicado los siguientes ensayos:
La mirada de la clown, La religió del cos (Teatre, religió i societat), ¿Quién es quién?, ¿tiene ojos azules? (Teatro e identidad). Como guionista para televisión e internet es coautora de: Archibald in València, LHC laserie, Babaclub, ACT, Autoindefinits, Maniàtics, Evolució…







lunes, diciembre 24, 2012

Baja Costura de Soledad Galarce




Dos temáticas profundas trabaja la puesta que se lleva adelante en el espacio del teatro – almacén El Desguace, la del trabajo esclavo, hoy como ayer una realidad que vive de la necesidad del inmigrante, y la cuestión de género, ya que habitualmente son mujeres las que sufren esta situación denigrante, que las apremia y las sofoca desde el deseo de cuidar con su trabajo a la familia y comprobar con horror que es su familia la que se ve comprometida en el abandono a partir del supuesto trabajo liberador. Dos actrices en un espacio dividido entre un salón VIP donde todo es glamour y su contraste un taller clandestino clausurado donde todo es desolación: -telas tiradas en el piso, restos de comida, olores que desafían el buen gusto de Delfina y Catalina, un inodoro, un colchón, elementos que dan cuenta del uso múltiple y estremecedor del habitat, además de una mesa cubierta de trozos de tela, y por fin las dos máquinas de coser ocultas que les permitirán pensar en el desafío de cumplir ellas con el pedido- ;  son llevadas por el texto a transitar desde el lugar del explotador o su cómplice, a ocupar los cuerpos de aquellas que en el pasado a partir de la costura fueron víctimas del poder. New York, año 19111; Buenos Aires año 2006, y una realidad que cambia de actores sociales pero no de la profundidad del crimen. Del estereotipo de dos integrantes de clase media alta, que se sienten depositarias de la verdad, del ser nacional, y de una historia de trabajo aunque no les pertenezca, a la figura de las trabajadores textiles que viven una situación de trabajo a destajo perseguidas por jefes y funcionarios públicos, Soledad Galarce y Moyra Agrelo, transitan esa transformación en escena, en un tiempo que se expande hacia atrás y hacia delante apoyado por las imágenes que se suceden en una pantalla que va apuntalando con su simbología, y con su denuncia después, un relato que requiere ser narrado. La excesiva maquieta del comienzo de los dos personajes juega en contra de la fluidez del desarrollo, aunque plantea la tajante dicotomía de las dos caras de la industria de la moda. Ambas actriz construyen a sus personajes a partir de su gestualidad corporal y modificando pequeños elementos de su vestuario, con sus diferentes tonos y con una energía particular, interior, que se transmite al espectador en una clara denuncia. En esta cadena que se inicia con las consumidoras y generadoras del sistema perverso e insaciable a su último eslabón, de sometimiento y marginalidad. La puesta en escena acierta en la teatralización del “submundo”, poco conocido, de un taller de alta costura, donde no hay horarios ni feriados, si se puede se come algo y si no se sigue, y donde la presión constante es ejercida con un simple llamado. Baja Costura se presentó en el marco del ciclo 2012, “El teatro y la Transformación Social”[2], con un comienzo a toda música y, luego, fue cambiando su ritmo escénico para concluir con la proyección de algunos testimonios: el debate quedó instalado.
 
 



Baja costura de Soledad Galarce. Elenco: Soledad Galarce y Moyra Agrelo. Asistente de dirección: Belén Paiz. Coreografía: Andrea Pacheco. Vestuario: Melania Lenoir. Escenografía: Victoria Papurello. Música: Mora González Lobo / María Onis. Video: María Onis. Animación: Paco Muñiz. Diseño de Luces: Yamil Chapa. Diseño gráfico: Sofía Galarce. Fotos: Belén Paiz. Maquillaje: Juan Gasparini. Producción: Maxi Bartfeld /Tríptico producciones artísticas. Prensa: Tehagolaprensa. Dirección: Mariano Caligaris. Teatro El Desguace.











1 Como consecuencia de la decisión adoptada en Copenhague el año anterior, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se celebró por primera vez el 19 de marzo en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de un millón de personas, que exigieron para las mujeres el derecho de voto y el de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral. En el incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York, el 25 de marzo de 1911 murieron 146 mujeres y 71 resultaron heridas. Este suceso tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos, y en las celebraciones posteriores del Día Internacional de la Mujer se hizo referencia a las condiciones laborales que condujeron al desastre. 

[2] “Este ciclo privilegia aquellos proyectos que por su forma y contenido expresan, de manera artística y creativa, interrogantes y reflexiones más que certezas u opiniones cerradas.” Su Comité de Selección y  Asesoramiento está integrado por: Cecilia Rossetto, Patricia Zangaro, Ingrid Pelicori y Manuel Callau. Por El Desguace: Rubén González  y Daniel Kersner.






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