jueves, febrero 09, 2012

Un poco me molesta…pero un poco no de y por Pablo Picotto | Unipersonal



 

Como un mago Pablo Picotto [1] saca sus personajes no de una galera sino de un enorme lavarropas que se encuentra en el medio del escenario, que además cuando comienza la puesta avanza hacia proscenio. De allí, desde ese elemento tan significativo para hablar de los enjuagues familiares, el rey de los electrodomésticos para cualquier ama de casa, uno a uno van surgiendo los integrantes típicos de una familia de clase media de hoy: un niño de cuatro años, un adolescente rastafari, una joven con ambiciones de yuppie, el padre ferretero, la madre columna vertebral de todos, y el abuelo italiano con un pasado fascista, que como se debe en los saltos generacionales se lleva mejor con sus nietos, que con sus hijos. El humor entre irónico, tierno y desenfadado no da tregua al espectador que no consigue no empatizar con alguno de los personajes o alguna de las situaciones. Pablo Picotto tiene talento, mucho talento para construir un mundo a partir de pequeños elementos que logran identificar a cada uno de los personajes, pero para hacerlos vivos y creíbles sin ellos también; hacia el final sin ningún tipo de artilugio sólo su voz y su postura corporal nos hace verlos a todos en escena como si en vez de uno fueran seis los actores en ese espacio de la Sala Julio Cortázar. Quién pueda pensar que todo pasa por reírnos de los otros y de nosotros mismos ante situaciones absurdas de la vida cotidiana, se equivoca; la puesta se atreve a desacralizar desde el humor reflexivo: la familia, el trabajo, las costumbres, las relaciones familiares y vecinales, los ritos tradicionales, los prejuicios de la edad, y hasta la mismísima historia sagrada con Dios incluido; y nos ofrece además una nueva tabla de la ley con siete mandamientos, aggiornada a los tiempos que corren. La dirección artística de Ricardo Rodríguez Miro, junto a la dirección general de Carlos Belloso, logran con el actor el trío perfecto, ya que la puesta armoniza con una estructura sincronizada, que nos devela el muy buen entendimiento de todos. Nos divertimos mucho nosotros, afirma Pablo, se nota en el escenario, agregamos nosotras, porque esa pasión con la que se desarrolla la puesta, se traslada en abiertas carcajadas y espontáneos aplausos de la platea. Con ductilidad el actor en su primer unipersonal logra que los simples elementos, no por eso menos importantes, adquieran un espesor teatral poco habitual. Desde el antiguo lavarropas donde salen los “trapitos al sol”, tanto los limpios como los sucios, y que además se convierte, por ejemplo, en la nave espacial que abre y cierra el espectáculo; hasta una gorra, unos antejos, unas rastras,…., mínimos detalles que hacen a la vida diaria de una familia común. Cada escena o mejor dicho cada personaje, tiene su singularidad y está construido de manera diferente, con algunos rasgos realistas y muchos elementos paródicos. Así, la rapidez de Pablo en la transformación corporal, en la voz y en la mirada logra el ritmo sostenido del espectáculo. En la anteúltima escena, como hemos comentado más arriba, el actor sin artificios se desplaza alrededor del viejo lavarropas, hacia un lado y hacia el otro, como imitando los movimientos del electrodoméstico al lavar y luego al centrifugar. Porque al girar rápidamente y con una fuerza centrífuga permite gracias a su tambor interno agujereado que la ropa quede casi libre de agua. Un poco me molesta…pero un poco no con esta misma fuerza une a dos generaciones, al nieto con su abuelo, pero en especial deja demostrado que sobre el escenario el cuerpo del actor es el principio constructivo por excelencia del texto espectáculo. Por lo tanto, la expresividad corporal funciona como principal soporte y permite una relación directa entre el actor y el espectador. Es un claro ejemplo de lo que afirma Karina Mauro [2] que sucede en la actualidad:



…en muchas obras, los personajes no son susceptibles de que se les atribuya una existencia más allá de su materialidad en la escena. El personaje pasa a ser un rol o un cuerpo que realiza una serie de itinerarios (verbales o corporales) que no puede relacionarse con una persona real de la extraescena. Por eso no se le puede adjudicar ni carácter, ni sentido [3] .


La comedia es un género que no siempre es respetado ni considerado con el mismo valor que el drama y la tragedia, (salvo por el público que lo recibe agradecido cuando tiene la factura de éste) a pesar de que en realidad es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar, sobre todo en estos tiempos que son el paraíso de lo efímero y de la distopía. Por eso, es más relevante la labor que sostiene en el escenario Pablo Picotto, encarnando en su sola figura toda la estructura de una comedia de costumbres, de punzante e irónico humor.





Un poco me molesta…pero un poco no. Unipersonal de Pablo Picotto. Dirección artística: Ricardo Rodríguez Miro. Dirección General: Carlos Belloso. Producción: Germán García. Sala Julio Cortázar. Paseo La Plaza. 

















1
Pablo Picotto nació en 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, desde muy temprana edad comenzó a vincularse con el cine y las actividades referidas al escenario, realizó alrededor de una docena de cortometrajes y comenzó en su adolescencia a vincularse a actividades escénicas, como las danzas folclóricas y el teatro. A los 18 llega a buenos aires a continuar su formación. Estudia teatro con Ricardo Rodríguez Miró (Discípulo de Carlos Gandolfo), Marcelo Struppini, EMAD, C.C.G.San Martín, Miguel Guerberof, etc. Como actor representó unas treinta obras en distintos teatros de la ciudad y el país. Trabajó en distintos roles, desde la producción hasta la actuación para cuatro largometrajes e incursionó en breves presentaciones televisivas en Todos por 2 $ (Canal 7), Los Osos (Canal 13) y otras. Ha trabajado con directores y actores de la talla de Néstor Montalbano (Soy tu aventura, Pájaros Volando, Todo por 2 $), Lito Cruz, Carlos Belloso, Diego Alonso y demás artistas de primer nivel. Como dramaturgo es autor de "Marlon Brando todo", show para café concert. Co- autor de "Criticonas 2" y de "Zubiría- Vergara" junto a Federico Simonetti. Actualmente realiza las obras "El mundo ha vivido equivocado" de Roberto Fontanarrosa, "Club de Humoristas Medianoche" "Criticonas" y "Criticonas 2" en la sala Terraza del paseo La Plaza. Además se desempeña desde hace 5 años como docente de teatro de su propia escuela. Dirige sus muestras y futuros proyectos. Tiene 31 años. (Alternativa Teatral)

2 Doctora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, con el tema de investigación “Técnicas de Actuación en Buenos Aires”. Docente de la Asignatura Psicología del Arte de la Carrera de Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad y en otros cursos y talleres públicos y privados. Ha sido becaria doctoral UBACyT e investigadora del Instituto de Arte Argentino y Latinoamericano “Luis Ordaz” de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Crítica de la página web Alternativa Teatral y de la Revista Teatro XXI, entre otros medios. Actriz y cantante (se ha formado con Ricardo Bartís, Marcelo Savignone, Raúl Serrano, Augusto Fernández y Pepe Bove, y ha participado como actriz en la obra Bacantes, simulacros de lo mismo y en Push up 1-3. (Revista Afuera. Estudios de Crítica Cultural)






El micrófono no se mancha. Stan-Up a la gorra



El stand-up es un género estadounidense que comienza a desarrollarse a mediados del siglo XX; donde un actor frente a su público expone desde el humor parte de sus experiencias de vida, con grandes rasgos de ironía. No necesita un marco escenográfico, ni despliegue de vestuario, porque no se apoya en lo visual sino en el discurso. En el Espacio Cultural de la Plaza, muchos son los actores dedicados al género, que va desde mediados de los noventa creciendo en el campo teatral de Buenos Aires, adquiriendo con el tiempo, cada vez más, nuestras propias características. Con la estructura norteamericana pero con las adaptaciones a nuestros usos y gestualidad; en un escenario despojado, (un micrófono y un haz de luz blanca) el anfitrión, Tato Broda, hace su entrada como una persona común, que sugiere al público que no se intimide por ningún motivo, ni hasta por el uso del censurado uso del teléfono celular y la cámara de fotos; elementos prohibidos en cualquier espectáculo teatral; y con discurso fluido introduce al espectador en el show que va a tratar temas que suelen preocupar sobre todo a una franja de público, entre 20 y 40 años de la sociedad, pero que el humor conseguirá que además de una reflexión nos arranque una franca sonrisa a todos. Con una simple introducción irá presentando a los actores invitados que van rotando semana a semana. Un género donde la subjetividad expuesta es el eje fundamental de su desarrollo; como así también, la velocidad y la precisión son dos requisitos indispensables para que el espectáculo mantenga el ritmo adecuado de un show pura comicidad, en un espacio relajado que posibilita el disfrute del espectador; con quien el monologuista busca desde el doble sentido la empatía. En Terraza Teatro Bar, reducto cultural, el comediante o aquél que incursiona en este género actúa solo en el íntimo escenario  sin representar a ningún personaje, sino únicamente a su propia cotidianidad. El espectáculo se apoya en la rutina de cada uno de los cómicos que ellos mismo escriben. Así Tato nos cuenta que no le gusta llamarse Raúl porque es nombre de tachero y no de joven de 25 años, quien prefería de niño ver Volver o las novelas de Migré antes que al Pato Donald, mientras nos presenta a cada uno de los integrantes del grupo. Luego Facu nos comenta que es un joven de 21 años y quisiera que sus “viejos” fueran como el seguro del auto (que estén sólo cuando se los necesita) y no como la AFIP (que quiere saber cada vez más) y que además se está quedando pelado. A continuación el invitado de esa noche y la última participación está a cargo de Estefi, una joven que vive en zona norte, en Boulogne, quien tiene un sentimiento contradictorio con su GPS porque marca “zona peligrosa” cuando ya está en el garaje de su casa y el único peligro cercano es su mamá. Durante el espectáculo los cuatro protagonistas disfrutaron de hacer stand-up y eso es lo que produce en el espectador un momento de relax y distensión. El eje unificador es el humor en las cosas simples, de todos los días, con técnica  y creatividad cada uno de los cómicos le puso su marca personal a El micrófono no se mancha.






El micrófono no se mancha. Stand Up a la gorra. Actores: Tato Broda[1], Facu Kreser, Estefi Morante, Cómicos invitados. Paseo La Plaza. Terraza Teatro Bar.





[1] Raúl “Tato” Broda: Creativo publicitario de profesión, ingresó en el mundo del humor de la mano del guionista Víctor Wolf. Más adelante se perfeccionó en la técnica de stand up con Carlos Balmaceda, uno de los máximos exponentes del género. Finalmente, ingresó en la escuela de Marcelo Katz, donde se formó en la técnica de clown. Recorre los escenarios haciendo stand up comedy desde 2010. http://www.ciudademergente.gob.ar/home11/web/es/biographies/show/v/artist/94.html






Aburrimiento Chair de Juan Gómez



El Espectador está tranquilo porque sabe que la comedia no se va a fijar en él, ¡Pero qué hermoso sería que de pronto lo llamaran de las tablas y le hicieran hablar, y el sol de la escena quemara su pálido rostro de emboscado! Espectador 1- La única ley del teatro es el juicio del Espectador.
(Lorca, la comedia sin título)


Como espectadoras, más de una vez, sentimos que la silla del teatro se convierte en un lugar inhóspito, pequeño, del que parece que no podemos salir sin provocar el desconcierto. ¿Qué hacer cuándo lo que sucede en el escenario no nos atrapa? Desde el artista, ese ser humano sentado en la platea es y será siempre la mayor de las incógnitas ¿Cómo captar la atención de ese ser plural e inconstante que es el espectador? Porque la reacción del público, la manera que va a decodificar aquello que se sucede en imágenes, sonidos, movimiento y color en el escenario, es el mayor de los interrogantes para todo realizador. Algunos niegan su importancia, y afirman con desparpajo que el público no les interesa y que ellos son artistas que buscan en el teatro mismo todas las respuestas. Escriben, actúan, dirigen y producen pensando sólo en la problemática teatral. Pero el espectador sigue estando ahí, y como en el circo romano el Emperador aún puede ejercer el poder de bajar el pulgar. Un texto es una promesa,  pero el público ya está allí cuando ese texto deja de ser lo posible para convertirse en lo real, en una hora o más. Eso lo sabía Federico García Lorca cuando escribió su obra El Público (1930), o también cuando discutía con él en Comedia sin título (1936, inconclusa). ¿Cuál es la función del teatro? ¿Qué responsabilidad le cabe al espectador de desentrañar en el ritual del teatro, eso que se escapa a una lectura de primera mirada? Las actrices de Aburrimiento Chair juegan desde el soporte textual de Juan Gómez1, a una sesión de hipnosis de una supuesta integrante de esa masa indefinida, con la convicción de ejercer la seducción desde una a todos. Bucear en la metateatralidad, desde ella, es un doble juego en abismo; que produce una sobreteatralidad que la puesta lleva con soltura y dinamismo, provocando no el aburrimiento sino un interrogante a saber, dónde nos va a llevar el periplo que recorre una espectadora y las consecuencias que el teatro aún desde el bostezo produce en quién se atreve a la magia del escenario. Porque si algo queda claro en la puesta, es que el teatro produce aunque sea en la singularidad de uno, un cambio, una metamorfosis en la platea. No hará la revolución colectiva pero si la propia, porque eso que sucede en el escenario no nos deja indiferente aunque nos aburra. Al comienzo de la obra se nos aclara que lo que vamos a ver no es teatro, sino una simulación, un experimento. El “conejillo de Indias” (Carolina Setton) entra en un trance hipnótico y más de un espectador se sentirá identificado con ese estado de aburrimiento y la posterior frustración, sobre todo cuando el costo de la entrada fue excesivo. Ese recorrido imaginario continúa por un bar, la peluquería, el psicólogo y alguna iglesia. En determinados momentos el escenario se desdobla y asistimos a una representación  virtual, y ante la consigna de no girar nuestra cabeza esas sombras en el espacio real representado producen que nuestra imaginación complete lo que ocurre a nuestras espaldas. Así el espacio escénico se dilata, se expande, e invade el cómodo lugar del espectador anónimo.  El protagonista es el espectador y como objeto de estudio planteado es saturado por distintas perspectivas, es colocado en el centro sin previo aviso, como en la arena de un circo y al que sólo le queda reírse de sí mismo. Con humor y profesionalismo las cuatro actrices nos llevan por este flashforward teatral, este salto ficcional pero no sólo del personaje, sino de todos aquellos que estamos involucrados de diferentes maneras al campo teatral. Aburrimiento Chair ubica al espectador en un lugar importante en la concreción del hecho teatral. Hay un cierto quiebre espectatorial porque hay una propuesta de responsabilidad compartida, tanto desde el espacio escénico, como desde el espacio del público. El aburrimiento faltó a la cita.
 




Aburrimiento Chair  de Juan Gómez. Intérpretes: Carolina Setton2, Iride Mockert3, María Marta Guitart4, Carolina Suárez5. Dirección: Juan Gómez. Producción: Casual Teatre. Música: Juan de la Fuente. Imagen y diseño: Juan Cañamero. En el Camarín de las Musas. Aburrimiento Chair cuenta con apoyo del CCEBA.






1 Juan Gómez, actor, dramaturgo y director español; Aburrimiento Chair es su tercera pieza, tras haber trabajado como intérprete con directores como Carlos Fernández, Adolfo Simón, Laila Ripoll, Calixto Bieito, Mario Gas o La Fura dels Baus; luego, decidió emprender su propio camino como director y dramaturgo y explorar en sus creaciones ideas del ‘yo’, de la sociedad que nos rodea y de los procesos de búsqueda vital. El primer resultado de su búsqueda como creador fue Trans, una pieza en la que explora el sentido de la existencia. Tras presentarse en la escena alternativa madrileña vio la luz su ‘segundo trabajo Nidea, en el que explora el proceso de creación de una idea y los conflictos a los que se enfrenta durante el mismo y en la que persevera en una idea lanzada por Pasolini: “¿Por qué realizar una obra cuando es más bello soñarla?”. Los propios integrantes de Casual Teatre parten del convencimiento de que “una idea es una imagen que existe o se forma en la mente”, mientras que Nidea hace referencia “al estado previo a la aparición de la idea. Nidea es el limbo desde donde empieza todo. ¿Cuales son los conflictos a los que nos enfrentamos en un proceso de creación?, ¿cómo superarlos? ¿cuándo hace su aparición la idea?, ¿cómo se transforma en concepto, en acción, en experiencia? Todo esto es Nidea. Una hoja en blanco en la que se dibuja un recorrido hasta la idea. De Nidea a la idea”. (Artez, Revista de artes escénicas, noviembre /2010)


2 Carolina Setton como actriz interpretó diversos personajes en el programa televisivo Magazine For Fai, dirigido por Mex Urtizberea, Nora Moseinco, Alberto Muñoz y Lucrecia Martel (1996 – 1998). En cine participó en la película Filmatrón, dirigida por Pablo Parés y por la cual ganó el premio a mejor actriz en el festival de cine de Tandil 2007.


3 Iride Mockert en teatro trabajó junto con Hugo Midón y Carlos Gianni en La Familia Fernández, interpretando a la Tía Greta (1999 – 2000), en Sentate a Compartir, dirigida por Héctor Malamud con música de Ignacio Gómez (2006), en El Mate y que Siga la Ronda, dirigida por Javier Zain con música de Carlos Gianni (2008), y participó como reemplazo en espectáculos del grupo de rock Papando Moscas. Como payasa trabajó en De Paso (2010) espectáculo dirigido por Raquel Sokolowics , La trompeta Hipnótika (2011) de Pablo Galak dirigida por Alberto López Castell.

4 María Marta Guitart en teatro trabajó en Marathon, dirigida por Villanueva Cosse (Teatro Cervantes, 2010); Marat Sade dirigida por Villanueva Cosse (Teatro San Martín, 2010); en "Adela está cazando patos" dirigida por Maruja Bustamante en el Teatro del Abasto Social CLub, Hacer Sapito, dirigida por Maruja Bustamante (2010, Teatro Abasto Social Club); Yepeto, dirigida por Julio Baccaro (Ciclo Teatrísimo); Este amor es una fiesta, dirigida por Mariela Asencio (C.C.Rojas, 2008), Alguien de algún modo, dirigida por Ciro Zorzoli (Portón de Sánchez, 2007); Salmuera, danza-teatro (seleccionada para el Festival Internacional de Blumenao-Brasil, 2007).


5 Carolina Suárez en el año 1997 comenzó con su tarea de llevar el teatro y la poesía de Federico García Lorca a recorrer la ciudad de Buenos Aires, actuando en los colectivos. Participó junto con Inés Saavedra en la dramaturgia de Divagaciones, sobre la obra poética de Silvina Ocampo. En el año 2007 protagonizó la obra teatral Tumbada blanca en blanco, dirigida por  Roxana Randon, con éxito de público y críticas. En el 2008, participó como actriz en el ciclo El decálogo, en el Centro Cultural Rojas, dirigida nuevamente por Inés Saavedra. Actualmente; además de reestrenar Federico tuvo un sueño, trabaja en un nuevo proyecto teatral junto a la escritora y dramaturga Carina Maguregui, y realiza funciones del recital de poesía española Entre sueños y fraguas, de forma itinerante. Como actriz trabajó en La última rebelión, Las horas muertas, Los Rinaldi, herencia de humor; Proyecto Alaska, entre otros.





>| Video de la puesta en España

viernes, febrero 03, 2012

Slipstick por Martin Kent




El escenario del Margarita Xirgu, recibe la llegada del actor /transformista Martín Kent, quien lleva más de 25 años fuera del país, realizando su trabajo donde la parodia como procedimiento, el despliegue del muy buen uso de los efectos especiales, y un manejo excelente del cuerpo, son los elementos que sobresalen en lo visto en Slipstick. Los cuadros que se suceden están enmarcados por la sugerencia de un camarín donde un espejo con luces permite al actor convertir su cara en la máscara que irá a través del vestuario convirtiéndolo en los personajes que el público reconoce fácilmente a pesar de ser llevados al límite de lo grotesco; para luego cerrar en ese mismo ámbito sugerido, con el momento de la pérdida de esa máscara de maquillaje, de ese slipstick y volver a ser él mismo ante el espectador. Películas como Titanic, El mago de Oz, El exorcista, King Kong, aparecen en sus temas representativos desde lo musical, y desde una escenografía diseñada con algunos elementos significativos: la proa de un barco, la cama, Dorothy, o el impresionante gorila. La presencia de los siempre recordados Freddy Mercury y Elvis Prestley, Tina Turner, establecen su presencia también desde el cuerpo y la voz del actor. Los gags se suceden con un humor cargado de ironía, a veces bastante oscuro, donde no se desdeña lo escatológico. El género slapstick1 tiene más desarrollo en los escenarios europeos que en los nuestros, y tuvo cultores destacados como Los tres chiflados y Benny Hill. El actor le imprime al género su impronta personal, así el recorrido por la galería de los diferentes personajes es vertiginoso, con imaginación y cuidando los detalles, cada personaje en un punto de partida y de llegada en la estructura laberíntica del espectáculo. Quizá la respuesta del espectador sería más unánime si la mayor parte de los monólogos fueran en castellano y no en otro idioma. Ya desde el título de la obra Slipstick, como aglutinador sémico, da cuenta de la singular mixtura: una simbiosis entre dos términos, slapstick y lipstick (lápiz labial), inventada por Kent’s. Esta mixtura tiene como principal componente los elementos del music hall, pero también del circo y del expresionismo. Son 25 personajes que desfilan antes nosotros, sin contar con el espectador circunstancial que se convierte en un personaje invitado al ser “investido” por un enorme profiláctico. La novedad, la gran atracción es el gigantesco King Kong ingresando por detrás del público. A través de la expresión corporal y gestual, de la exageración hasta en lo más mímico, el transformista logra darle un plus, “una vuelta de tuerca” como él mismo lo define, al “original”, al mito o a la leyenda siempre vigente en el imaginario espectatorial.  
 

 


Slipstick de y por Martin Kent. Vestuario y Producción: Martin Kent. Iluminación: Sala Margarita Xirgu. Teatro Margarita Xirgu. 
















1
Slapstick (traducido del inglés: «bufonada») es un tipo de comedia que implica exageración de la violencia física (por ejemplo, un personaje golpeado en la cara con una sartén o que se estampa a toda velocidad contra una pared). Este estilo es muy común en los tipos de entretenimiento en los cuales se da por hecho que el público entiende (y cabe decir que espera) la naturaleza hiperbólica de tal violencia en la que se exceden los límites del sentido común, permitiendo así una risa no cruel. El estilo se deriva de la Commedia dell'arte que empleaba gran cantidad de abusos físicos y caídas. El nombre deriva de battacio, un objeto parecido a un leño formado por dos listones de madera que al golpear producían un ruido como de una fuerte azotaina, aunque en realidad al golpeado le llegaba poca fuerza del objeto en cuestión (llamado en inglés slap stick, de donde se deriva el nombre), lo cual permitía a los actores golpearse el uno al otro continuamente provocando un gran efecto pero muy poco daño real. Esto puede ser considerado como una forma rudimentaria de efectos especiales. Aunque el nombre actual derive de un objeto aparecido en el Renacimiento, historiadores del teatro sostienen que el slapstick ha estado presente en casi todos los géneros cómicos desde el rejuvenecimiento del teatro en los dramas litúrgicos de la Iglesia en la Edad Media (Algunos también afirman que hay casos en el teatro griego y romano) Golpear al diablo en una escena, por ejemplo, era un recurso cómico habitual en muchas obras religiosas serias. Shakespeare también incorporó muchas escenas de persecución y golpes en sus comedias. Buena parte de la forma actual de este tipo de comedias se fue construyendo en las comedias étnicas del vodevil americano de los siglos XIX y principios del XX. El estilo fue extensamente explorado en las películas cómicas mudas en blanco y negro dirigidas por Mack Sennett y Hal Roach y representadas por actores tan notables como Buster Keaton, Charlie Chaplin, Laurel y Hardy (El gordo y el flaco) o Los tres chiflados. El slapstick es también muy común en los dibujos animados tales como Tom y Jerry o Looney Tunes. (Wikipendia)












Simplemente un hombre de teatro: Juan Carlos Gené


Yo soy yo,  porque recuerdo. Sin memoria, mi yo se disolvería en el caos.
Y un país también será tal en la medida de su memoria.
Y por supuesto, también en la medida en que, de ese ayer,
pueda desentrañar el hoy y orientarse hacia el mañana.

( Gené, 1993, Acerca de la manía de recordar)

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Juan Carlos Gené,  fue actor de teatro, de cine y televisión, dramaturgo, director, maestro de actores, director del San Martín, de Canal 7, del Celcit, declarado Ciudadano Ilustre por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2002; todos predicados de una figura que le dedicó la vida a una pasión, el teatro, y que en ese recorrido fue dejándonos toda la experiencia recorrida en libros, artículos, conferencias, textos y puestas dramáticas, con gran  generosidad. Integrante del clan Stivel, autor de los libros de uno de los programas más recordados de la época Cosa Juzgada1, allá por fines de los sesenta, junto a Martha Mercader, actor de la reconocida Tute cabrero (1968), la película que luego Roberto Cossa convertiría en obra teatral, siempre en actividad creando y recreando una realidad no siempre sencilla de narrar. Autor de piezas inolvidables como Golpes a mi puerta (1985), su trabajo sobre Bodas de sangre (2010) de Federico García Lorca, o su última dirección de Hamlet (2011). Desde El herrero y el diablo (1955), Se acabó la diversión (1967/68), El Inglés (1974), su vida de dramaturgo junto a la de actor y director se desarrollaba en la convulsionada Argentina de golpes de Estado y gobiernos democráticos que se sucedían unos a otros. Un país que amo y con el que se comprometió profundamente y al que le dedicó todo su talento, pero que tuvo que abandonar. Como él mismo afirmaba: “Mi vida está seccionada en tres períodos: antes, durante y después del exilio”. Venezuela es el país que le abrió los brazos, luego de su partida en 1976 y le permitió continuar con su labor, desde la docencia y la creación teatral. El Grupo actoral 80 que fundó en Caracas en 1983, y sus tres piezas teatrales la ya mencionada Golpes a mi puerta, Memorial de un cordero asesinado y Ritorno a Corallina dan cuenta de su experiencia latinoamericana, que va desde 1977/1993;  textos que hablan de situaciones y personajes con los cuales todos podemos identificarnos, lamentablemente, ya que nos une como países un mismo dolor. A su regreso definitivo al país, escribe Memorias bajo la mesa (1993/94) que dedicara al actor y amigo, Pepe Soriano; es el retorno a una problemática singularizada, argentina, envuelta en una tradición teatral que nos pertenece, junto al drama de todo latinoamericano, la desaparición y la muerte, la desmemoria, o la memoria selectiva para poder seguir viviendo, y el miedo, ese miedo que atenaza a los personajes, la amenaza siempre latente que no se sabe cómo y cuando puede aparecer; al igual que en Ulf (1986/88). Se hará cargo de la Presidencia de la Asociación Argentina de Actores. Los noventa también lo encuentran como director del Teatro General San Martín, (1994) y dirigiendo a Verónica Oddó, su mujer, en Un guapo del 900 (1997) de Samuel Eichelbaum, como antes a los integrantes del grupo El Clú del Claún, en El rey Arturo. El Celcit fue durante estos últimos años el centro donde llevaba adelante su tarea docente, y el espacio donde algunos de sus textos encontraban carnadura. El sueño y la vigilia (1992 /2000); tal vez la pieza más autorreferencial, y Todo  verde y un árbol lila (2007) dramaturgia basada en las cartas de una niña judía, son hitos importantes de esta última etapa, junto a su actuación en Copenhague (2003/2005) de Michael Frayn en el San Martín. Fue un maestro para todos: para los actores que tuvieron la suerte de formarse bajo su mirada atenta, para los que nos dedicamos al teatro desde el lugar de la mirada distanciada, para las nuevas generaciones que lo recordarán en sus obras que fueron su razón y su vida.  Un fuerte aplauso una vez más para un artista que lo mereció siempre.



 1 Cosa juzgada nació en 1969 en Canal 11 y sigue siendo un ejemplo de TV comprometida. Junto a Norma Aleandro, Federico Luppi, Marilina Ross, Emilio Alfaro, Carlos Carella y Bárbara Mujica, su director creó un grupo de trabajo conocido por esa época como el Clan Stivel. Escrito por Juan Carlos Gené y Martha Mercader, Cosa juzgada proponía una mirada cruda sobre la sociedad. En el verano del 72, Stivel hizo una versión teatral y poco después Canal 11 levantó el programa. Habíamos llegado a un punto en que nos expresábamos muy libremente y eso puede haber influido, sospechó David Stivel entonces. (Clarín.com, 2000/3/29, Inolvidable)


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