lunes, abril 11, 2011

Residuos (1990/2011) de Juan Freund1

El futuro es un grito desesperado

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz


En La mueca2, nueva sala teatral, se repone este año Residuos, una textualidad cuya temática roza la idea de un futuro apocalíptico, en un mundo que cada vez más se apoya en el desconocimiento de muchos, sobre la experimentación de unos pocos; pero sobre todo en los peligros de la ambición que desborda en una sociedad consumista, que deposita en el dinero, toda esperanza de felicidad. La estructura de la pieza que recuerda a Brecht, pero bajo la mirada de Osvaldo Dragún, si bien logra crear el clima de agobio y claustrofobia que se requiere, sobre todo por las muy buenas actuaciones, es por momentos, textualmente innecesariamente explícito. El personaje que introduce la historia, (personaje narrador en el universo brechtiano), pone luego en palabras aquello que las situaciones y los actores han desarrollado desde el diálogo y la gestualidad. La temática, pone en evidencia de manera cruda y realista, el patetismo de seres que llevados al límite del deseo, entre el miedo de perder la protección que un trabajo seguro y un dinero más que suficiente les puede proporcionar, pierden la perspectiva  del valor de la vida. Temática descarnada que desde su programa de mano se hace presente como hilo conductor El grito (1893) de Edgard Munch, donde la figura andrógina simbolizaría la angustia y la desesperación del hombre moderno ante lo inevitable. Figura que está gritando en un camino con cerca, rara coincidencia, o no, con la foto de Nic Ut (1972) de la niña Kim Phuc corriendo y gritando por un camino durante la guerra de Vietman. En el espacio real representado una familia contemporánea pone en escena una de las caras de la moneda: un extraño trabajo que requiere 24 horas de atención; en el espacio virtual representado la otra cara: la destrucción del hombre por el hombre mismo. El logro del hecho espectáculo es poder transmitir al espectador el sin sentido y la angustia de que la idea de un repositorio de residuos nucleares no es ficción, sino que es una amenaza o, mejor dicho, una aterradora realidad. Desde una perspectiva actual y didáctica los personajes no podrán revertir el final inesperado sólo para ellos. Las dicotomías naturaleza/ ciencia, hombre /divinidad; son el centro de una textualidad que pone en escena como aquellos conceptos que deberían ser sólo herramientas para el progreso humano en su esencialidad, no en su materialidad; se van convirtiendo cada vez más en una única finalidad ajena al hombre, al que convierte en su afán de dominio en una herramienta descartable. La naturaleza cada tanto se encarga de darle la razón al autor, cuando desde el centro de su propia furia, nos hace comprender como el intento de sobornarla, maquillando las verdaderas intenciones que nos mueven, nunca alcanza para doblegar su fuerza y su verdad.





Residuos de Juan Freund. Elenco: Héctor Sinder, Cristina Fernández, Isabel Caban, Alejandro Robles, Carlos Damato y Ezequiel Herbas. Escenografía y vestuario: Silvia Spina. Asistencia de dirección: Nahir Bessarez. Fotografías: Gianni Mestichelli. Puesta de luces: Juan Freund. Dirección: Elba Degrossi. La Mueca (2011)



 






1 Juan Freund fue actor desde los veinte a los cuarenta años, actuaba en francés, en la Alianza Francesa. Luego comenzó a escribir cuentos, dramaturgia  y a dirigir. La primer pieza fue “Los consultores del imperio “. En 1973 presentó su obra, “Al fondo a la izquierda”, en el concurso de teatro Municipal y ganó el primer premio, cuya puesta se dio en el teatro San Martín. Después escribió “Residuos”, a quien el autor definió como una: “especie de grotesco, sobre el negocio de los residuos nucleares en Argentina”. El texto tiene hoy cada vez más vigencia, dados los últimos acontecimientos de la amenaza radioactiva, con los retos que impone los movimientos de la naturaleza, además de los negociados con la venta de tierras a manos extranjeras en el país, y la problemática de la escasez del agua, y la contaminación de territorios por los residuos de papeleras y otras industrias que con indolencia y la suma de fabulosas ganancias llevan a la humanidad a un destino incierto. En el año 83, realizó con su mujer Elba Degrossi, directora actual de Residuos, un espectáculo, un collage sobre textos de Boris Bian; una terrible critica al sistema militar, clerical, al capitalismo, como él mismo afirmaba en una entrevista: “si la hubiésemos dado en el 82, hubiésemos tenido éxito, así y todo nos fue muy bien, contamos con el auspicio de la embajada de Francia, hicimos gira por toda la Argentina, 60 funciones en el teatro Espacio y teatro Del Este.”

2 El teatro La Mueca, está ubicado en el corazón de Palermo (Av. Córdoba y Godoy Cruz), en el medio de un importante complejo edilicio. La sala cuenta con 70 butacas, 60 tachos de luz, y posibilidad de trabajar en 2 planos. 







Patas a la obra: historia con moraleja





Susana Llahí


En una tarde de calor insoportable, posiblemente una de las más tórridas de lo que va de la temporada, tuve el placer de presenciar esta interesante pieza en la siempre acogedora sala de Liberarte.
Celena la encargada del zoológico, Gieco el león y Dumas el gato, emprenden la difícil y riesgosa tarea de descubrir quién contamina el agua del lugar que causa descompostura y enfermedad en los animales.
Con títeres de guante de alrededor de cincuenta cm. de alto (una estilización del referente muy vistosa y con bonitos detalles), con una escenografía realista de mucho colorido y muy bien diseñada, con voces agradables que dan el tono justo de los personajes, el grupo que dirige Walter Velázquez recrea una historia simple, de chistes rápidos, accesibles a la comprensión de los chicos consiguiendo de éstos una alegre y espontánea adhesión.
    La historia tiene un objetivo aleccionador pero éste surge espontáneamente, en forma natural, de una historia construida con recursos inteligentes y bien combinados.
    Todos los elementos de la puesta colaboran en forma integrada para la calidad del espectáculo. Un comentario especial para la gracia y ductilidad de la encargada del zoológico, personaje a cargo de Mariana Barrandeguy, y para la música original de Octavio Stampallia.






Patas a la obra. Texto y dirección de Walter Velázquez. Teatro Liberarte. Avda. Corrientes 1555. Domingos a las 15:00 horas.
Actriz: Mariana Barrandeguy. Titiriteros: Maricel Santin. Facundo Dipaola y Mariana Barrandeguy. Escenografía: José Ponce Aragón. Vestuario: Sonia Williams. Iluminación: Ricardo Sicca. Música: Octavio Stampallia. Fotografía: Clara Muschietti. Video: Agustín Demichelis. Títeres: Viviana Chaplin.




Escuche a Mariana Barrandeguy

http://content1c.omroep.nl/d28ef6cfc08fea68be1bb64e151e103f/4da3011b/rnw/smac/cms/es_mariana_1_20110228_44_1kHz.mp3

http://content1b.omroep.nl/e16500db4c29e4c777d42608e48b3156/4da3014b/rnw/smac/cms/es_mariana_2_20110228_44_1kHz.mp3

http://content1d.omroep.nl/4b9f75481ebaa606f00818f55d1034d5/4da3017c/rnw/smac/cms/es_mariana_echt_20110301_44_1kHz.mp3








sábado, abril 02, 2011

Glew



La historia sin fin; o el revés de la trama


Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

La puesta que se presenta en el teatro El Tadrón, trabaja con un concepto caro al teatro de los noventa; la relatividad de la verdad unívoca, la dificultad de saber que es cierto o la duda que se plantea de si aquello que consideramos verídico no sea sólo la construcción de una realidad que deriva del uso del lenguaje. Con la fragmentación de las secuencias, y la complejidad de una trama que se potencia a sí misma cada vez que uno de los personajes aparece, texto y actuaciones son funcionales para un juego escénico que propone un núcleo de conflicto para luego derivarlo en otro mucho más interesante: a la hora de un hecho artístico, quienes son los verdaderos hacedores de la producción escénica; el dramaturgo, el director, los actores, el productor, o la conjunción de todos los elementos1. Por otra parte, la obra también se interroga sobre que lugar, en la conclusión de la puesta, tiene el espectador. Glew se propone entonces no sólo desestabilizar la verdad escénica, sino además todos los elementos que hicieron posible que ese concepto sobreviviera. La búsqueda de verosimilitud e ilusión de realidad que la poética realista busca aún hoy día, desde el texto y la puesta, se rompe en pedazos en la teatralización de un grupo de actores que demuestran que el teatro es un juego al mostrar los hilos y las capas que lo conforman. Una puesta en abismo que va derribando con gestos y palabras toda certeza posible. En el espacio escénico realista –un dormitorio de encuentros fugaces- los dos protagonistas –un hombre y una mujer- presentan al comienzo la historia sencilla de un triángulo amoroso. Pero a cada giro inesperado de la fábula el hecho espectáculo se asemeja a la matrioska o muñeca rusa en sentido inverso y manteniendo su fascinación: cada muñeca guarda una sorpresa. Glew comienza por la más pequeña pero no menos importante: por el presente de la representación –el actor, el espacio escénico y el público. Así los diferentes personajes que se van incorporando al espacio lúdico, en tanto creado por la gestualidad de los actores y sus desplazamientos, nos introducen en un mundo ficcional que no tiene una lógica temporal, sino que se asemaja más a una estructura en desorden. Este desafío de la complejidad del texto dramántico es resulto en la escenificación con mucho humor y profesionalismo, e incluso cierta ironía. Esta puesta en escena del trabajo teatral, este desdoblamiento da cuenta del proceso preparatorio y de sus agentes, por lo tanto se convierte en cierto modo en una experiencia no sólo lúdica, sino también autoreflexiva.






Glew de Marcelo Bilezker. Elenco: Yasmín Gutiérrez, Daniel Higa, Guido Silvestein, León Perazzone, Soledad Perchante y Daniel Napolitano. Escenografía y Vestuario: Lorena Segovia. Asistencia de dirección: Euge Demarco. Fotografía: Natalia Fried. Prensa: Laura Castillo. Gráfica: Mariana Rovito. Colaboración especial: “El arte de fluir” Puesta en Escena e Iluminación: Lili Blanca Kohon. Dramaturgia, Dirección General y Producción: Marcelo Bilezker. Tadron Teatro (2011)






Bertol, Rody, 2009. Inversión, fracaso, y sentido. En algunos modos de la puesta en escena. Rosario: Centro experimental Rosario Imagina.




1 Como afirma Bertol en su texto: En sus fantasías los adultos ya no jugamos con soldaditos de plástico, sino con personajes nítidos en la crueldad y la sexualidad. Entonces la escena fantaseada, no es ni realista, ni absurda, sino ante todo una caricatura, un reflejo breve e intensamente dramático, que sin embargo reincide siempre, imperceptiblemente, en una trama infantil. (2009, 13) La verdad no es lo contrario de la ficción y viceversa, porque la ficción es inverificable, es otra dimensión que mezcla lo empírico y lo imaginario. (…) Una ficción entonces es la creación, una interpretación del mundo a la manera de quien lo crea y es una evocación de lo real. El mundo de la ficción entrelaza férreamente lo imaginario y lo existente. (2009,15)


Lo máximo de lo mínimo, experiencia de los Titiribióticos


Cuando el teatro acompaña con la risa y propone la esperanza…

Susana Llahí


Lo máximo de lo mínimo es un proyecto del Centro de Investigación y Producción del Teatro de Títeres a cargo de Omar Álvarez, organizado desde la Comedia de la Provincia de Buenos Aires. La iniciativa surgió del Centro Cultural Espacios y su estructura está basada en un trabajo de investigación de cuatro meses en el que ocho titiriteros profesionales, egresados de la Universidad de San Martín o de la Escuela de Titiriteros del Teatro San Martín, todos del conurbano bonaerense, indagaron sobre los puntos en común entre el proceso creativo del artista y el proceso de recuperación de la salud de niños en estado de internación prolongada.
En el cuarto piso del Hospital “Eva Perón” de San Martín esperaba el grupo de tití teros: entusiasmo, simpatía y deseos de dar felicidad. En una habitación (dedicada a los médicos), se fueron transformando en personajes de ficción: zapatones, narices, sacos holgados, polleras de tul, sombreros estrafalarios, todo lo necesario como para generar el primer contraste en el recorrido de presentación donde los ojitos de los enfermos y de sus acompañantes aprisionarían la fantasía inicial. En círculo y tomándose apretadamente de las manos pude participar del rito que precede a toda presentación de los titiribióticos (maravillosa experiencia personal). Luego, la jornada artística en grupo, los jóvenes recorrieron las habitaciones de la sala de pediatría  mostrando lo que son y contando lo que deseaban hacer.
En un segundo paso los titiriteros se separaron, de allí en más la actividad  fue individual o de a dos y en cada habitación se desarrolló una pequeña historia con comienzo, nudo y fin: la del terrible dragón que llega al pueblo y se enfrentaba con un niño que lejos de temerle le pedía que lo ayudara a rescatar a la princesa. Historia de final feliz al que el titiritero (simpatiquísimo peruano él) daba vida con un excelente manejo de los muñecos y tonos de voz. Su público estaba compuesto por dos enfermos: un niño de doce años, otro de cinco y la mamá de uno de ellos, los tres disfrutaron enormemente. En otra sala, el personaje era un pequeño muñequito de papel que hacía música, percusión… al ratito de comenzar, de los tres espectadores, el de gesto huraño tomó uno de los pequeños envases que como por casualidad había dejado a mano el titiritero y comenzó a hacer música golpeando la cajita con su dedito, se organizó así un entretenido contrapunto que terminó con risas (alguna muy suave pero que por un instante logró iluminar una carita). En el otro extremo de la habitación, dos titiriteros armaban una historia donde todos participaban alentando y sugiriendo a la maga como corregir sus errores para que la experiencia se resolviera con felicidad y la alegría del niño cuando por su soplido salió un conejo de la galera. En otra habitación se desarrollaba la historia de Clara que a medida que salía de la caja comenzaba a caminar por un largo camino de venda que sostenía un pequeño espectador, bailaba sobre ella y volvía para encontrarse con el pájaro jeringa y subirse sobre él con deseos de volar, aunque no contaba con que el pájaro la desviaría hasta dejarla en la nube de algodón  Pero Clara regresaba contenta alentada por los chicos (aquí la platea tenía cuatro niños y sus acompañantes) porque mirando desde el aire descubrió los colores en la tierra y que el color de la noche era el color de los sueños. A partir de ese momento Clarita pinta, y dicen… que cuando Clarita pinta descubre un nuevo color. La titiritera enseñó a los pequeños espectadores cómo hacer una pequeña muñequita igualita a Clara. Yo también salí feliz con mi original creación. En otro espacio se organizaba  la historia de un circo en miniatura: bailarina en la cuerda floja, los hermanos Karamazov en el trapecio y en la rueda mágica y finalmente el hombre de los zancos. .
El piso cambió su ritmo, los rostros de los adultos se distendieron, la sonrisa acompañaba los saludos, el encuentro con los titiribióticos desacralizaba el entorno, los artistas podían acceder a los niños vestidos así y haciendo eso, entretener y divertir, suavemente, sin estridencias, respetando, compartiendo la tristeza y la esperanza, precisamente para que la tristeza fuera menos triste y la esperanza más intensa. La tarea no es fácil, no es sólo cuestión de oficio, exige una gran templanza y un apostar a la vida aunque sepamos que roza con la muerte. Los Titiribióticos lo hacen muy bien y agregan el plus de calidad humana cuando conversan con las madres y padres que están esperando los informes de terapia intensiva.
En todos los casos el pequeño escenario se apoyaba en un taburete alto o en el mismo changuito en el que los artistas trasladaban sus cosas, todo prolijamente decorado, impecable en sus detalles. Y por supuesto, los elementos que se utilizaban eran los de uso hospitalario: jeringas, algodón, tubitos, vendas, blisteres. Los chicos pudieron ubicar estos elementos en otro escenario, cumpliendo otro rol no vinculado con el sufrimiento y eso, de alguna manera, hace que el niño se “amigue” con los objetos naturalmente antipáticos. Historias simples y atrapantes al mismo tiempo, muñecos pequeñitos de papel o títeres de guante, música suave que acompaña agradablemente la historia que se desarrolla, titiriteros que al mismo tiempo son personajes salidos de un cuento maravilloso o payasos o clown. No pude abarcar todo pero lo observado sirvió para presenciar, una vez más, la calidad del trabajo de los hermanos Álvarez, en este caso Omar y de la gente que conforma su equipo. El trabajo tiene un objetivo claro: mirar a la enfermedad. al igual que a la obra de arte: como un camino que se emprende para que  tenga una resolución feliz  Por supuesto, la esperanza como pilar y en esto están los titiribióticos, en trabajar ese elemento con los niños y su familia.






Titiriteros: Gladys Garnica. Gastón Guerra. Eduardo Páez. Antonio Quispe. Claudia Soler. Equipo Coordinador: Omar Álvarez. Yanina Grossi. Roxana Bernaule. Asistente operativo: Silvia Biscione. Asistencia plástica: Claudio Álvarez.






viernes, abril 01, 2011

Sólo lo frágil de Paula Ransenberg1 y Luciana Dulitzky2




El íntimo mundo de la soledad, o quien habla sólo espera hablarle a Dios un día


Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz


En el espacio de Timbre 4 se presenta el reestreno de un unipersonal3 que produce en su desarrollo una sinfonía de sensaciones desde lo visual, y lo auditivo. Como género el unipersonal exige del actor o de la actriz, una pregnancia que provoqué el deseo de continuidad en el espectador, el ansia por el devenir de una historia que aunque fragmentada ofrezca un recorrido semántico a reconstruir como un puzzle. Este es el caso de, Sólo lo frágil, donde el texto y la imagen forman una simbiosis de encaje perfecto a través de la gestualidad de la actriz, que despliega todas las herramientas que posee, al servicio de una puesta imaginativa. Las tonalidades de la voz, el juego con las miradas, el trabajo con la corporalidad, desde la quietud enferma del primer cuadro hasta el desparpajo del personaje que se atreve a la interlocución con aquél que suponemos tiene por fin todas las respuestas, y en su propia casa. La utilización de los objetos y su funcionalidad  abarcan no sólo la identificación sino la construcción, a la vista del espectador, del personaje, como en el caso de la geisha, y ponen en abismo la idea de artificio, concepto último y necesario a la hora del hecho teatral. La actriz y el personaje se funden ante la mirada sorprendida e intensa de un público que espera la sorpresa de aquello que se construye a medida que avanza el relato. La excelente actuación nos obliga a realizar desde la butaca una percepción diferenciada, la del texto que remite a la historia que desea ser contada, y la de la imagen que produce ese devenir que va develando otra narración que debe ser constituida en la interrelación de ambas. La personificación de los objetos, (los frasquitos de enfermería que representan a los soldados o la muñeca que parece tener vida propia) se enfrenta a la cosificación del personaje – persona que cuenta como su vida se ha convertido en algo que no puede controlar, y que termina siendo un objeto de los deseos o las necesidades de los otros; para finalmente poner esa otredad en el destinatario mayor, Dios, que maneja a sus criaturas con hilos invisibles, el gran titiritero que elige quien entra en su reino y quien no. Así, en una lengua que no resulta un muro para entender el significado de las acciones, el último cuadro cierra con un personaje que reúne en su dolor, el de todos, y lo expresa sin tapujos4:


(…) la gente tiene problemas ¿sabes eso? No, tú no sabes nada ni siquiera sé si me estás oyendo en este momento ¿me estás oyendo? La gente tiene problemas y ellos acuden a mí en medio de la noche porque están enfermos y no encuentran un maldito trabajo y se sienten solos. Si, señor sabelotodo, yo me siento sola también y te extraño ¿me extrañas? ¡decí algo¡ los hombres hablan poco, si quieres darte una vuelta y tomar un poco de escocés de la botella conmigo estaré en el lugar de siempre, a la vuelta de la esquina ¡que tengan un buen día¡, (a la virgen), ¡adiós, hermanita¡

La puesta entonces abre y cierra con figuras masculinas que desde lo terrenal,  el militar que está preso en su propio cuerpo y lo divino, Dios que está encerrado entre los muros de una iglesia, distribuyen roles que deben ser cumplidos por aquellos que desconocen hasta su propia voz. Por otra parte, entre la geisha del cuadro anterior y la prostituta que cierra con su alegato a la divinidad, y denuncia la ausencia de un padre protector, que se haga cargo de sus criaturas, se extiende un mundo diferente pero de idénticas finalidades; dar cuenta de la necesidad de atender y escuchar al otro, aliviarlo de la pesada carga de la soledad, sin poder dejar en ninguna parte la propia mochila. Cinco breves historias, cinco actos, cinco personajes disímiles que con ductilidad la actriz les da cuerpo en un espacio escénico muy reducido y con escasos elementos,  focalizado por la iluminación en el ángulo izquierdo de la sala. Esta transformación no detiene el ritmo de la obra, en tanto el ritmo propio del texto dramático como el ritmo que introduce el texto espectáculo, al contrario, lo refuerza y le confiere sentido. Tampoco este espacio limitado es claustrofóbico, sino que parece adquirir a lo largo de la obra un “volumen virtual”, y a modo de una espiral se aleja su centro escénico envolviendo al público. Así junto a los otros  sistemas significantes –la gestualidad, el vestuario y la música- se organiza sin subordinación un todo homogéneo. Si “detrás de cada historia sólo queda lo frágil” detrás del hecho espectáculo hay una sólida propuesta teatral. 




Sólo lo frágil de Paula Ransenberg y Luciana Dulitzky. Actuación: Paula Ransenberg. Luces y escenografía: Federico Ransenberg. Diseño sonoro: Emiliano Alvarez. Adaptación técnica de muñeca: Román Lamas. Diseño gráfico: Andrea Carbonatto. Acuarela: Perla Álvarez. Asistencia de dirección: Carolina Fisscher. Dirección: Luciana Dulitzky.


http://www.timbre4.com


Moreno, Marcelo Alejandro, 2009. Reseña sobre el texto de Laura Fobbio, El monólogo dramático: interpelación e interpretación. Córdoba/ Argentina: Comunicarte; en la Revista de Estudios Literarios: Especulo de la Universidad Complutense de Madrid.




1 Paula Ransernberg es actriz y docente de teatro formada en la escuela de Alejandra Boero y posteriormente con Verónica Oddó y Juan Carlos Gené. Paralelamente realizó estudios de danza, clown y acrobacia Y TEATRO FÍSICO. En el año 2003 se recibió en el IUNA de profesora Nacional de Teatro. Sus trabajos como actriz en teatro incluyen: "Lisístrata", dirección Claudio Tolcachir, "Yvonne, princesa de Borgoña" y "Vendaval" junto a la compañía "En Zona roja" dirigida por Uriel Guastavino; "Fedra, la pasión desbocada" dir: Alejandro Ullua; "Las hojas más tiernas de los árboles" dir: Marcelo Nacci "Moscú";" Williams y hermanos S.A" dir: J.C.Gené; "Marat, Sade" Dir: Villanueva Cosse TMGSM. "Winter Source". Dir: Steve Cook. Nueva York ."El Dibuk". Dir: Jakobo Kauffman TMGSM. "Un viaje de un largo día hacia la noche". Dir: Villanueva cosse. TMGSM. "Solo lo frágil". Dir: Luciana Dulitzky.

2 La actriz Luciana Dulitzky (El dibuk de Jacobo Kauffman y La verdad fugaz dirigida por Guillermo Hermida, entre otras) hace pie en su primer trabajo en la dirección con gran criterio estético.

3 Unipersonal como diálogo travestido, concepto formulado por Beatriz Trastoy (1998), diálogo encubierto, capaz de poner en situación de comunicación al personaje con el público, otros personajes (presentes o ausentes en escena; “reales” o “virtuales”), estableciendo la autosuficiencia mediante la interpelación e interacción. Ello se produce cuando el monólogo instaura la posibilidad de que el texto proponga más de una figura textual o que el personaje configure otro interlocutor. La funcionalidad escénica, aún desde la virtualidad que se opera desde la lectura, asimismo contribuye a definir la autonomía del monólogo con respecto al diálogo. El monologante está frente al lector /espectador y éste no puede mirar hacia otro lado aunque se incomode, porque el parlamento del personaje lo alcanza, lo incluye y refiere a su mundo.

4 De todas maneras, la producción entrega junto con el programa la traducción al castellano del último tramo de la puesta que se expresa en inglés, para facilitar la comprensión de ese cuadro, que según mi apreciación, cierra la semántica de toda la obra.














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