jueves, julio 21, 2011

Proclama por el arte y la cultura viva


 

La Asociación Civil TRAMA - integrada por músicos, productores, salas, artistas visuales y agentes de prensa unidos para trabajar en la defensa y mejora de la música en vivo- y el colectivo MECA -movimiento de espacios de arte y cultura cuya unión vela por la existencia de la figura de “Centro Cultural y Social”- convocan a trabajadores de la cultura a intervenir el espacio público porteño para despertar la conciencia sobre la política cultural en la Ciudad de Buenos Aires.


¿Cuándo?: este sábado 23 de julio, desde las 16 hs.
Puntos de encuentro: Parque Patricios, Parque Rivadavia, Plaza Almagro, Parque Lezama, Barrancas de Belgrano y Plaza Flores.


Buenos Aires merece un gobierno a la altura de su historia e impulso vanguardista, ser tratada con amor y dedicación, volver a verse repleta de posibilidades y sabiduría. La salud no es un negocio, la educación no es un gasto, la vivienda no es un lujo ni la cultura sólo un espectáculo.

¿Cómo haremos para subvertir el sentido de la vida y generar los discursos que revitalicen el pensamiento? Los trabajadores de la cultura nos preguntamos: ¿Es posible un arte transformador en el nuevo siglo? ¿Lograrán la música, las artes visuales, la literatura, el teatro y la poesía decodificar sus cuestionamientos a lo establecido en una reinvención del espacio público?

Resignifiquemos la “canción de protesta” en “canción de propuesta”. Arte es todo lo que moviliza y agita. Arte es lo que cuestiona radicalmente este modo de vida y dice: hagamos algo para cambiarlo. Arte es acción.

Imaginamos una ciudad que resignifique su propio territorio y ofrezca un proyecto cultural polifónico, inclusivo y popular, sostenido en un verdadero proceso de descentralización. Que actualice las leyes e instituciones que obstruyen el espíritu inquieto del arte en la ciudad. Que abra la frontera, y se nutra de identidades, símbolos barriales, comunales, migratorios, históricos y por venir. Que garantice la multiplicidad de espacios culturales, en vez de clausurarlos. Una política cultural que integre lenguajes, cuerpos, sabores, sonidos, edades, géneros y oficios.

Que rompa con la lógica mercantilista donde el arte es un producto sólo al alcance de quienes pueden consumirlo.

Por eso estamos actuando y cantando, despertando con música viva la conciencia pública al momento de decidir quién será el conductor de los próximos años. Solo si nos unimos, participamos y alzamos la voz, podremos construir la ciudad que esperamos.


Convocan:

MECA - Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (www.movimientomeca.​com.ar)
TRAMA - Trabajadores Artistas por la Música en Acción (www.tramamusica.org)




martes, julio 19, 2011

Desde el alma



En Desde el alma, la ficción  recupera el testimonio oral en la forma de relato de vida. Son tres mujeres que voluntariamente seleccionan qué es lo que quieren contar, no cualquier cosa. Un fragmento de vida que es pura ficción, no obstante juegan con el deseo de convalidad el pasado y ponerlo a consideración de ese testigo silencioso que es el espectador.
         En El nombre, los interlocutores somos nosotros, los espectadores. Curiosamente no es una historia cualquiera, es la historia de un nombre, el de María a quien las patronas que tuvo la llamaron con nombres distintos, aquellos que les resultaban cómodos a ellas: Ernestina, Lucrecia, Eleonora, Florencia, sin importarles lo que ella sentía. María cuenta su vida y es una forma de recuperar su identidad: la escuchamos y ella sabe que se la atribuimos sin titubeos, es ella, no podría ser otra. Siempre le cambiaron el nombre pero no le cambiarán “esa” última afirmación que nos tuvo de testigos.
            Los otros dos unipersonales tienen un interlocutor que no somos nosotros. En Luisa, es su madre, en El silencio de las tortugas, el esposo muerto.
Alejandra Copa desarrolla una intensa estrategia corporal y fónica con la que va armando sus tres personajes y al mismo tiempo, en cada una de las historias construye otros, fundamentales para la narración, como es el caso del novio de Luisa. Al trabajo con la voz, que es clave, se agrega un excelente trabajo con la mueca y la gestualidad. Esas mujeres cuentan, ruegan, se desangran en su dolor como en el caso de El nombre y Luisa. O bien, como la protagonista de El silencio de las tortugas,  quien se burla de su vida pasada al tiempo que descubre que al igual que las tortugas se pueda gemir de dolor pero también de felicidad y siente que el amor actual la reivindica ante la humillación anterior. Si en El nombre nos sentimos un personaje más, silencioso pero sin posibilidad de escabullirse, en las otras dos piezas jugamos de personaje-testigo, en la dinámica de los dos textos somos testigos de un discurso que no está dirigido a nosotros pero nuestro rol va más allá del compromiso propio del espectador, el discurso nos compromete visceralmente. En los tres casos, lo que vemos opera un efecto especular, lo que esas mujeres cuentan en algún punto nos toca y creo que aún más, en los momentos en que la situaciones dolorosamente ridículas disparan la risa. No es casual que se ironice sobre los fragmentos más dolorosos, de alguna manera, la risa nos libera y nos protege ante el sufrimiento. En algunos pasajes la ironía es textual en otros, productos del trabajo actoral.  
            Como escenografía, un banco y gran espejo. La mujer narra sentada en el banco, frente al espejo o girando por detrás de él se operan los cambios necesarios para cada personaje. La música, la del vals Desde el alma (Homero Manzi y Rosita Melo) que parece dar respuesta al recupero de tanto dolor: “Alma, si tanto te han herido /  por qué te niegas al olvido …”






Desde el alma. Unipersonal integrado por tres monólogos: El nombre de Griselda Gambaro. Luisa de Daniel Veronese. El silencio de las tortugas de Lucía Laragione. Teatro “La Mueca”. Actriz: Alejandra Copa. Dirección: Santiago Doria. Asistente de Dirección: Fernando Cerviño. Diseño de Sonido: Luis Ramos. Diseño de Luces: Abel Fumagalli. Vestuario y Ambientación: Romina Mengarelli. Arreglos musicales: Gabriel Goldman. Fotografía: Gustavo Gorrini. Maquillaje: Cecilia Amankay Sepúlveda. Arte: Pablo Bologna. Asuntos Legales: Carlos Agua & Asociados. Coordinación Ejecutiva: Eitan Sobol. Prensa & Comunicaciones: Silvina Pizarro.




http://www.lamueca.com.ar/




viernes, julio 15, 2011

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Felicitaciones!!!!!!!!!!!!!!!!!!

El resto del equipo de Luna Teatral
felicita a la nueva Licenciada en Artes Combinadas
Azucena Ester Joffe
.

¡¡¡Grande Azucena!!!


Gacetilla de Prensa: “Niñas Mal”




Actúan
Natalia Miranda y Guillermina Schauman
Espacio Ángeles Miranda y Sofía Goldaraz
Vestuario Magda Banach
Asistencia de Vestuario Manuela Guerrero
Iluminación Matías Sendón
Fotografía y Gráfica Lucia Miranda
Movimiento Maria Clara Maidana
Música Original Leonardo Edul
Asistencia de Dirección Sofía Ansaldo
Producción ejecutiva Ximena Hoffmann y Larisa Rivarola
Clínica de Obra Ricardo Monti
Autor Natalia Miranda
Dirección Leonardo Edul



lunes, julio 11, 2011

Osvaldo Pellettieri Gracias

Mi vida después de Lola Arias

Las tres de la tarde de un domingo de sol en el Abasto, un horario cada vez menos inusual para el teatro; un espacio, La carpintería, y una cita con un espectáculo diferente que trabaja con la construcción de la memoria, y la necesidad de quebrar el silencio para ordenar los fragmentos del pasado de nuestra historia más reciente. La Historia se puede narrar desde los hechos fechados, documentados, legitimados por la escritura y la Academia, pero la historia de un país no es sólo eso, sino es todos aquellos acontecimientos que narran las vidas de las personas, desde la construcción más íntima y personal, desde el dolor o la alegría más auténtica. La memoria de cada uno, conforma la memoria colectiva; la necesidad de esa memoria es la continuidad de un proceso y un proyecto de identidad que no olvide ninguno de sus momentos, que no trate de borrar a quienes constituyeron parte de los mismos, que no seleccione y destituya su existencia. La historia de los protagonistas de la década del setenta, es un presente continúo en la memoria de quienes son sus herederos directos, y un ritornelo necesario para toda una sociedad que quiera construir su historia sin agujeros negros, sin espacios vacíos, sin ausencias que no tengan explicación alguna. Lola Arias, toma el compromiso de restaurar desde el teatro la memoria desplazada por el discurso negador, que sólo sabe de fechas, números y estadísticas; que cree aún en la objetividad a raja tabla del relato histórico, sin dar cuenta de su construcción ficcional en sus dos variables, la selección y la interpretación. Para ello elige la mejor forma, pedirles a los actores reales, víctimas de los sucedidos, que cuenten, que narren la historia desde su propia mirada, apelando a los recuerdos tejidos en la memoria por los objetos que devienen siempre en algo más. Esta poética de teatro documental, que descansa en los materiales de la intimidad de sus actores, Arias la recrea de la experiencias teatrales de Viví Tellas, una de las directoras de teatro experimental más reconocidas de Argentina; “quien trabaja desde hace años rastreando elementos teatrales (la repetición, la presencia, la situación, la mirada de los otros, el texto) en vidas, situaciones o disciplinas exteriores al teatro. Emparentado con el género documental, el teatro de Tellas no descansa en la representación sino más bien en la presentación de “casos“”. Desde la ropa que llena el escenario, y que cae insistentemente en ese espacio con profundidad, los coches de Speratti, la última carta de un padre a su hija, la búsqueda a través de las fotos de una verdad que se niega y se escapa, una tortuga a la que se le consulta por el futuro ya que fue testigo fiel del pasado, filmaciones caseras, legajos de una hija que toma la valiente decisión de ayudar a su hermano a buscarse a sí mismo, un hijo que narra con humor la vida de su padre cura; quien decide desde un lugar otro cumplir con el amor a Dios; la directora conforma una puesta distinta donde sin embargo no está ausente la alegría, la posibilidad de superación, el humor para contar lo propio, junto a la bronca contenida que explota en una batería que nos lleva a actores y espectadores a un lugar de tensión muy alto. Seis personajes, seis historias, ajenas y cercanas, que vuelven desde el tiempo y nos son propias, porque somos el resultado de aquellas experiencias y aquellos sueños compartidos. Tres generaciones en escena, la ausente aquella que reconstruye el recuerdo, la presente, aquella que propone el ejercicio de la memoria, para mantener vivas las imágenes que se intenta borrar y para tejer las redes sociales que nos identifiquen, y la generación representada por Moreno, que puede darle sentido al todo a través de un padre que rescata para él la voz grabada de su abuelo, asesinado por la dictadura. Los materiales aportados por los mismos actores /personajes, son utilizados en su conjunción imagen /sonido, y las pantallas ponen la puesta en abismo, en una metateatralidad donde la mirada se involucra tridimensionalmente: Liza en un momento adopta el papel de “directora de cine”; mientras detalla el guión, Blas y Carla toman el lugar de su madre y su padre y se colocan frente a la cámara siguiendo sus instrucciones. Mientras tanto, podemos ser testigos de las secuencias ya que la imagen se proyecta, al mismo tiempo, sobre una pequeña pantalla que sostiene el personaje de Pablo. La música en vivo, la representación dentro de la representación de los hijos actuando como sus padres, utilizando sus ropas o sus objetos, la voz que vuelve desde un grabador, o desde las palabras encerradas en una muñeca, la verdad que puede ser dicha ante la ley luego de haberlo hecho en un escenario; (La Cámara Federal de la Capital usó como argumento la participación de Vanina Falco en el teatro para permitirle declarar contra su padre biológico, Luis Falco, en el juicio por apropiación de Cabandié) son elementos de esta pieza/ documento que logran una fuerza que atraviesa cuerpos y conciencias. Seis microhistorias diferentes, cuyos materiales son aportados por sus protagonistas, que están unidas por un pasado en común, el de una sociedad atravesada por la intolerancia, la violencia y el silencio, el de aquella década que algún día podremos mencionar sin el apremio de indagar en lo oculto que aún necesita ser develado. Seis relatos vivos, que conviven con la cotidianidad del momento de la enunciación, y se producen en una perfomance permanente en cada nueva puesta.







Mi vida después de Lola Arias Actúan: Blas Arrese Igor2, Liza Casullo3, Carla Crespo4, Vanina Falco5, Pablo Lugones6, Mariano Speratti7, Moreno Speratti da Cunha. Vestuario: Jazmín Berakha Escenografía: Ariel Vaccaro. Iluminación: Gonzalo Córdova. Video: Marcos Medici Música: Ulises Conti Asesoramiento histórico: Gonzalo Aguilar. Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin. Colaboración autoral: Blas Arrese Igor, Liza Casullo, Carla Crespo, Vanina Falco, Pablo Lugones, Mariano Speratti, Moreno Speratti da Cunha. Colaboración musical: Lola Arias, Liza Casullo Dramaturgista: Sofía Medici. Coreografía: Luciana Acuña Dirección: Lola Arias. Teatro La Carpintería.








Archivo Tellas. http://www.archivotellas.com.ar/
Filozof, Leandro, 2010. “En el nombre de los padres” en Revista Veintitrés, año 12, época II, número 626, 4 de julio, pág. 76/78.







http://lacarpinteriateatro.wordpress.com/2011/02/03/mi-vida-despues-de-lola-arias-viernes-20-30-hs/

http://lacarpinteriateatro.wordpress.com/


http://www.lorena-fernandez.com/index.php?/teatro/mi-vida-despues--lola-arias/











1 Lola Arias (Buenos Aires, 1976) Escritora, directora de teatro, performer y compositora de canciones. Fundó la Compañía Postnuclear, un colectivo interdisciplinario de artistas con el que desarrolla diversos proyectos de teatro, literatura, música y artes visuales. Además, junto con Ulises Conti, Andrés Ravioli y Juan Ravioli tiene un grupo con el que compone música para sus obras. En teatro escribió y dirigió: La escuálida familia, Estudios de la memoria amorosa, Poses para dormir y la trilogía: Strip tease, Sueño con revólver y El amor es un francotirador.En colaboración con el artista suizo Stefan Kaegi, desarrolla proyectos de teatro documental como Chácara Paraíso (una instalación biográfica con policías brasileños) o Airport kids (un proyecto sobre niños internacionales en suiza). Publicó: Las impúdicas en el paraíso (poesía, Tsé-Tsé), La escuálida familia (teatro, Libros del Rojas), Mi nombre cuando yo ya no exista (teatro, Ed. Cierto Pez, Chile), la trilogía Strip tease, Sueño con revólver y El amor es un francotirador (teatro, Ed. Entropía) y relatos en revistas. Sus textos fueron traducidos al inglés, francés y alemán, y representados en varios festivales internacionales: Steirischer Herbst Festival, Kunsten Festival des Arts, Spielart, Stuke Festival. Mi vida Después fue estrenada en el Teatro Sarmiento en marzo del 2009, Lola Arias trabaja con la poética inaugurada por Viví Tellas, teatro documental, precursora de este género en la Argentina y de un Ciclo llamado Biodrama, producto del cual surgió esta obra. La directora y dramaturga del proyecto, Lola Arias, ya desde trabajos anteriores muestra su interés por explorar las fronteras entre la ficción y lo real, cuestionando también las categorías de personaje y abriendo la mirada hacia lo performático. Para ello utiliza distintos recursos tanto sonoros como visuales que colman la escena de imágenes muy potentes y diversas que se mantienen de principio a fin.


2 Blas Arrese Igor, 1975. Su padre fue cura hasta que conoció a su madre y tuvo seis hijos varones. Recuerda el autoritarismo y la disciplina del seminario donde cursaba, donde estaba prohibido pertenecer a partido político alguno.

3 Liza Casullo, 1981. Hija del escritor y ensayista fallecido Nicolás Casullo y de la periodista Ana Amado, cuya foto junto a César Masseti aparece como fondo de su relato en la puesta. Sus padres se exiliaron en 1974 después de ser amenazados por la Triple A. Regresaron al país en 1983.

4 Carla Crespo, 1976. El padre era sargento del Ejército Revolucionario del Pueblo. Lo hirieron en Monte Chingolo y fue fusilado tres días después. En la puesta, Carla escenifica los posibles finales de su padre, ya que la información que se le daba no siempre era fidegnina.

5 Vanina Falco, 1974. Pasó de ser la hija preferida de su padre, policía que oficiaba de visitador médico, a irse de su casa a los 21 años con un ojo morado, porque su padre no aceptó que era lesbiana. A partir de las sospechas y de investigar junto a su hermano Mariano, descubrieron que el padre no vendía medicamentos como decía, sino que era policía de inteligencia. El hermano en realidad se llamaba Juan Cabandié, había nacido en el centro clandestino de detención de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), y era hijo de desaparecidos.

6 Pablo Lugones, 1983. De los Lugones invisibles, en su árbol genealógico figuran sin embargo, Francisco y Leopoldo Lugones, además de generales, terratenientes, poetas y policías. Sus padres eran banqueros, el banco fue intervenido en 1976 por los militares.

7 Mariano Speratti, 1972. Sus padres militaron en la Juventud Peronista. El padre tenía un taller de autos. En los autos escondía armas. Tres años después del nacimiento de Mariano, fue secuestrado en un operativo de las Fuerzas Armadas. Sigue desaparecido. Moreno es su nieto.
 










Related Posts with Thumbnails